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Día del Padre

Ser padre es un compromiso de toda la vida en el que se define al ser humano tal cual es.

La Razón (Edición Impresa) / Julio Ríos Calderón

02:05 / 21 de marzo de 2017

El Día del Padre es una fecha muy significativa en la que se honra la paternidad y la influencia de los padres en la vida de sus hijos. En Bolivia y en otros países de tradición católica este festejo se celebra el 19 de marzo, Día de San José, santo patrono de los carpinteros —según la Biblia, José, el esposo de la madre de Jesús (María), era carpintero—. En muchos otros países se celebra el tercer domingo de junio.

La idea de celebrar el Día del Padre surgió en 1910, y fue encabezada por Sonora Smart Dood, una estadounidense que intentó, a través de esta conmemoración, hacer que el papel de los padres en la sociedad fuese destacado, especialmente de aquellos que, como el suyo, William Jackson Smart, quien ejerció el rol de padre y madre a la vez. Por ello, Smart Dodd es conocida como la “Madre del Día del Padre”.

En 1898, cuando tenía 16 años la madre de Sonora madre murió, y su padre tuvo que hacerse cargo de ella y de sus cinco hermanos menores en una granja remota al este de Washington.

Actualmente, el 19 de marzo deberían celebrar a quienes cumplen  con su rol de padres, a los que han tratado y han enfrentado esta labor con amor e integridad. Esta festividad, que lleva ya más de un siglo en el calendario de la humanidad, es un día dichoso para aquellos que incluso sin haber engendrado han tomado bajo su ala la crianza y el cuidado de un pequeño.

Felicidades a los padres que están atentos a las necesidades de sus niños, que les dan su cariño y, más allá de lo económico, les ofrecen una vida espiritual estable y confortable. Ser padre es más que cinco letras, es un acto de honestidad en el que se define al ser humano tal cual es.

Ser padre es un compromiso de toda la vida. Asoma, en consecuencia, aquella frase profunda que reza con mucha precisión: “Padre se deja de ser cuando cerramos los ojos”.

Ser padre es una bendición, y aunque en ocasiones llega sin el acuse de recibo, es una compra no reembolsable. Papá se dice fácil, pero se cumple de forma difícil. Ninguno trajo un manual de instrucciones, pero aun así hay que tratar de levantar seres humanos buenos, proveerlos de cariño, valores morales y espirituales con los que se puedan defender en la vida.

Nuestros padres sembraron en un erial y cosecharon para sus hijos una familia. El erial que encuentran ahora queda sembrado. Hoy son uno de los que, en el crepúsculo, retornan a través del vasto campo adormecido.

Si con su siembra no nos sentimos más felices, ¿para qué habrán sembrado? Si no arrancaron siquiera una espina de nuestra carne, ¿para qué habrán vivido? Recojamos sus palabras aunque callen, no dejemos de escucharlos. Pronto serán una sombra que se mueve entre sombras, pero amándonos. En el Día del Padre tampoco podemos dejar afuera a las mujeres que engrosan las estadísticas de jefas del hogar, cuya cabeza debe estar siempre al cuidado de sus hijos, pues no poseen un compañero que las ayude en tan difícil labor, por tanto, esta celebración también es para ellas.

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