Columnistas

Depredación de los bosques tropicales

Los bosques tropicales se están encogiendo en general, con pérdidas que superan a las ganancias.

La Razón (Edición Impresa) / Brad Plumer

23:49 / 06 de julio de 2018

En Brasil, los incendios forestales iniciados por campesinos y ganaderos para despejar terrenos destinados a la agricultura se salieron de control el año pasado, y arrasaron más de 1,2 millones de hectáreas de árboles debido a una severa sequía que se apoderaba de la región. Esas pérdidas socavaron los esfuerzos recientes por parte del país suramericano para proteger sus selvas tropicales. En Colombia, un acuerdo de paz emblemático entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) abrió el camino para una fiebre de minería, explotación forestal y cultivos agrícolas, con lo que la deforestación repuntó en la región amazónica del país el año pasado. En el Caribe, los huracanes Irma y María acabaron con casi un tercio de los bosques en República Dominicana y un amplio tramo de árboles en Puerto Rico el verano pasado.

En total, los bosques tropicales del mundo perdieron casi 15,7 millones de hectáreas de árboles el año pasado, un área casi del tamaño de Bangladesh, de acuerdo con un informe elaborado por Global Forest Watch, con base en datos satelitales de la Universidad de Maryland. A raíz de éstos y otros factores, 2017 fue el segundo peor año en pérdidas de árboles tropicales en el registro satelital, justo por debajo de las pérdidas en 2016.

El nuevo informe fue presentado a finales de junio justo cuando los ministros de países con áreas forestales se reunían en Oslo (Noruega), para discutir iniciativas que protejan los bosques tropicales del mundo, que albergan casi la mitad de todas las especies del planeta y desempeñan un papel clave en la regulación del clima en la Tierra. Andreas Dahl-Jorgensen, director adjunto de la Iniciativa Internacional para el Cambio Climático y los Bosques del Gobierno noruego, asegura que estas nuevas cifras “muestran una situación alarmante para las selvas tropicales del mundo”. Y que de seguir esta tendencia, “simplemente no cumpliremos con las metas climáticas que acordamos en París sin una reducción drástica de la deforestación tropical y la restauración de los bosques en todo el mundo”.

Los árboles, sobre todo los que se encuentran en los trópicos exuberantes, extraen dióxido de carbono del aire mientras crecen y almacenan ese carbono en su madera y el suelo. Cuando los humanos derriban o queman árboles, el carbono se libera en la atmósfera, lo cual calienta el planeta. Según algunos cálculos, la deforestación representa más del 10% de las emisiones de dióxido de carbono cada año.

Sin embargo, averiguar precisamente dónde están desapareciendo los bosques siempre ha sido un desafío. Durante décadas, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha dependido de evaluaciones a nivel del suelo realizadas por ciertos países para hacer un seguimiento a la deforestación. Pero no todos los países tropicales tienen la capacidad para monitorear sus bosques, y sus mediciones pueden estar llenas de inconsistencias.

En 2013, científicos en la Universidad de Maryland develaron un nuevo enfoque. Utilizando datos satelitales que hace poco empezaron a ofrecerse de forma gratuita, han monitoreado los cambios en las zonas de dosel arbóreo por todo el mundo. Este método tiene sus límites: se necesita más trabajo para distinguir entre árboles que se cosechan intencionalmente en plantaciones y los que se están cortando en bosques naturales más viejos. Esto último es una preocupación mucho más grande para la pérdida de hábitats y el cambio climático. “Tanto las evaluaciones a nivel del suelo como los datos satelitales son importantes”, dijo Matthew C. Hansen, científico que dirige la iniciativa de monitoreo en la Universidad de Maryland. “Pero lo que pueden hacer los satélites es identificar las alteraciones mucho más rápidamente. Podemos identificar dónde se ha creado una vía forestal en un bosque y después enviar una alerta”, asegura.

A partir de las imágenes de satélite, los investigadores se dieron cuenta de que Colombia perdió 0,4 millones de hectáreas de bosque en 2017, un aumento sorprendente del 46% en comparación con 2016. Muchas de estas pérdidas tuvieron lugar en la zona amazónica colombiana en áreas que solían estar controladas por las FARC, grupo guerrillero que impuso fuertes controles a la tala de árboles y el desmonte de tierras, pero que dejó las armas el año pasado después de haber llegado a un acuerdo de paz histórico.

“Ya que las FARC han dejado de controlar la zona, grandes áreas se están abriendo de nuevo y se puede ver la premura con que la gente está tomando terrenos por distintas razones, como plantar cacao o realizar actividades ganaderas”, asegura Mikaela Weisse, analista de investigación de Global Forest Watch. Weisse explicó que el Gobierno colombiano anunció hace poco nuevas políticas para trabajar con comunidades indígenas con el fin de proteger los bosques, pero dijo que era demasiado pronto para declarar una victoria.

Los datos satelitales también proporcionaron una imagen más clara de los vastos bosques tropicales de Brasil, que desde hace tiempo han sido víctimas de una excesiva deforestación. A lo largo de la década pasada, el Gobierno brasileño logró reducir la tala ilegal, y empresas agricultoras occidentales como Cargill han prometido realizar actividades de cultivo más sustentables. No obstante, el análisis de Global Forest Watch mostró que Brasil perdió una cantidad récord de zonas forestales en 2016 y 2017, en parte debido a grandes incendios en el Amazonas. Son los campesinos y ganaderos quienes generalmente comienzan estos incendios para despejar la tierra, pero una sequía severa el año pasado provocó que se extendieran rápidamente, sobre todo en el sureste agostado.

Los satélites también detectaron un desmonte de tierras a gran escala que podría estar ocurriendo en zonas donde el cumplimiento de la ley es débil. “La gran preocupación es que comenzamos a ver una nueva norma en la que los incendios, la deforestación, las sequías y el cambio climático están interactuando para hacer que el Amazonas sea más inflamable”, dijo Weisse. Por otro lado, los datos satelitales también mostraron que la República Democrática del Congo el año pasado sufrió más pérdidas forestales que cualquier otro país, con excepción de Brasil, cercanas a las 1,4 millones de hectáreas, 6% más en comparación con el año previo; la tala de árboles a pequeña escala, la producción de carbón y la agricultura desempeñaron papeles clave.

Los investigadores también registraron progresos en Indonesia, donde la mano dura del Gobierno contra la deforestación podría estar dando las primeras señales de éxito. En las décadas pasadas, los agricultores de Indonesia drenaron y quemaron las turberas del país (capas gruesas de vegetación parcialmente descompuesta que contiene enormes cantidades de carbono) para producir cultivos como el aceite de palma. Pero en 2015, después de un periodo de sequía severo y la fuerte presencia del fenómeno de El Niño, el país tuvo la peor temporada de incendios en décadas, la cual cubrió el sureste de Asia con humos mortíferos. En 2016, el Gobierno impuso un nuevo moratorio en torno a la conversión de turberas, mientras Noruega prometió $us 50 millones para garantizar su cumplimiento. Las primeras señales son alentadoras: la pérdida forestal principal en las turberas protegidas de Indonesia disminuyó un 88% en 2017 para alcanzar su nivel más bajo en años. Aun así, dijeron los expertos, la verdadera prueba podría llegar cuando otro El Niño vuelva a golpear el territorio.

Sin embargo, ese tipo de historias positivas tienden a ser relativamente escasas, y los expertos dicen que se necesita mucho más para ralentizar el ritmo de la deforestación. Hasta la fecha, solo el 2% del financiamiento internacional destinado a las actividades para combatir el cambio climático se asignan a la conservación forestal, según Frances Seymour, ejecutiva del World Resources Institute. “Estamos intentando apagar el incendio de una casa utilizando una cucharita para té”, comentó.

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