Columnistas

Democracia y alternancia

Ni el realismo mágico en la exuberante literatura latinoamericana podría imaginar situaciones tan aberrantes.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco

01:10 / 19 de octubre de 2019

La distorsión del ejercicio de la democracia en la conformación de los poderes públicos es frecuente en todas partes del mundo, debido a la tendencia perversa que se observa en ciertos mandatarios de forzar su reelección en el cargo mediante reformas de la Constitución que se acomoden a sus intereses. Algunas veces ese apetito de poder es tan grosero que se instaura la figura del mandato indefinido. O sea que únicamente la muerte los aleja del timonel supremo.

Se han dado casos en que aun en silla de ruedas, casi sin habla y exentos de movilidad alguna, seguían comandando mediante gestos, interpretados a cabalidad por sus áulicos (v.g. Abdelazis Bouteflika, en Argelia). Otros, cercanos a la centuria, tuvieron que ser empujados al llano, cuando pretendían legar la presidencia a sus esposas (v.g. Robert Mugabe, en Zimbabue). Ni el realismo mágico en la exuberante literatura latinoamericana podría imaginar situaciones tan aberrantes, no pergeñadas ni en Yo el Supremo, del paraguayo Augusto Roa Bastos, ni en El otoño del Patriarca, de Gabriel García Márquez.

Con esa preocupación en mente, realicé un trabajo de investigación de las características locales sobre el tema en 190 países del planeta, para sustentar mi tesis que pregona como principio la noción de que ningún sistema democrático debiera permitir más de una sola reelección consecutiva en el solio presidencial.

En mis reflexiones pude comprobar que mientras más permanece en el poder, el hombre providencial se hunde paulatinamente en una atmósfera de irrefrenable corrupción; flagelo que le impide dejar el puesto para evitar fastidiosas investigaciones posteriores (v.g. Perú, Ecuador, Argentina o Brasil). En esos casos se denuncia que cuantas más obras públicas se emprenden, las coimas y los sobreprecios son proporcionales. Y ello ocurre en África, Asia, en Medio Oriente, en América Latina y hasta en algunos Estados europeos. A esta miserable situación se suma la vocación por la concentración del poder, la sumisión de la Justicia, el férreo control del Tribunal Electoral, Ejército y Policía domesticados, medios de comunicación venales, parlamentarios amaestrados y la inefable represión de las protestas ciudadanas que siempre acarrea la tentación totalitaria.

Añádase a todo ello los vínculos inconfesables con el crimen organizado para completar el cuadro del modelo que azucaradamente se denomina populismo y que podría llegar, a través de elecciones amañadas, a una sanguinaria dictadura con apoyo popular. Ninguna medida más apropiada para evitar aquella odiosa corriente sería establecer la alternancia en esa elevada función estatal, como condición indispensable para la calificación de una sociedad democrática. El grito de la Revolución mexicana “sufragio libre, no reelección” parece cobrar inusitada vigencia, particularmente en los comicios africanos y latinoamericanos.

NdA. Mis editores Amazons/Books acaban de publicar y difundir en digital y en papel mi obra titulada No hay democracia sin alternancia, cuyo subtítulo “Cartografía de la política electoral en el mundo” describe su contenido. El libro está organizado como un almanaque didáctico, que registra para cada país el modelo de gobierno, la fecha de asunción al mando, la permanencia en la función presidencial y el día de su (aparente) finalización. Todos los datos están profusamente ilustrados con el retrato del elegido, su edad, profesión y alguna otra señal de interés.

* Doctor en Ciencias Políticas y miembro de la Academia de Ciencias de Ultramar de Francia

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