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Dejarse llevar...

El rol de la mujer es la base para construir otro imaginario que enaltezca no el sufrimiento, sino la vida plena

La Razón (Edición Impresa) / Edgar Arandia Quiroga

00:00 / 26 de mayo de 2019

No era nuestra intención escribir sobre un tema trillado, pero me dejé llevar por la nostalgia, y eso es irremediable. Pensaba contarles sobre las voces que pueblan los lugares públicos de la ciudad, especialmente las que inundan colectivos, teleféricos, restaurantes y cafeterías, y que en los últimos años se multiplicaron hasta en los rincones más insólitos. Comentar la opinión de unos jóvenes políticos que aseguran que la capital de la Republiqueta de Cocavia es Chimoré; y su primer gobernador, el mayor de la policía Kurt Brun. También sobre las homologaciones faciales del que ahora harán su medio de vida los artistas de la caricatura. Uno de ellos anunció que la concejala Cecilia Chacón, de Sol.bo, será la candidata a la Alcaldía por el movimiento Bolivia Dice No, liderado por Óscar Ortiz, pues ambos tienen el mismo “perfil político”; entre otras coletillas que colman y son la parte más tolerable de las campañas políticas, porque son gratis.

Pero hace unos días murió la madre de mi abogado Cara de palo, ducho en los tribunales, que tiene colgado su título de aprobación por excelencia de la carrera de Derecho de la UMSA. Estaba desolado porque el lunes es el Día de la Madre. Y eso me trajo a la memoria a la mía, que hace dos años que ya no está en este mundo. Entonces el remordimiento de que no la quise lo suficiente me abatió, porque tuvo que cargar las ideas de mi padre, quien siempre estuvo preso o perseguido por el gobierno del MNR. Fueron 12 años de ir y venir a los campos de concentración de Curahuara de Carangas, la cárcel de San Pedro o a la morgue para ver si su cadáver estaba allí. Pero no solo eso, luego le tocó peregrinar por mi hermano mayor y después por mí.

Su corazón se endureció, y en la cárcel del Departamento de Orden Político (DOP) durante la dictadura de Banzer, sonreía apenas, me alcanzaba coca y Mentisan para que me cure de las pateaduras. Nunca nos reprochó por nuestras ideas, que eran contrarias a las de nuestro padre. Y cuando estuve a punto de perder la vida en la Masacre de Todos Santos, no lloró. Miró con sus ojos tristes mis heridas, cogió los múltiples drenajes que estaban clavados en todo mi cuerpo y comentó: “Hay que dejar que la sangre mala fluya”. Entonces yo dije que parecía “un micrófono antiguo”. Mi madre sonrió y sus ojos se alegraron, porque sabía que no había perdido la capacidad para celebrar la vida. Era una mujer apasionada, de esas que aman solo una vez y aceptan el camino que tienen por delante, sin quejarse. Sobre ella caía todo el peso de mi familia, y nunca perdió la alegría. Ella organizaba las fiestas de cumpleaños y la fiesta del Tata Santiago. En sus últimos años unió a nuestra familia y decidió dejarse morir cuando se enteró de que nuestro padre había fallecido.

Como mi madre, muchas mujeres bolivianas han vivido etapas históricas oscurantistas y crueles. Por eso creo que en estos tiempos, la exagerada celebración comercial que hacemos por el Día de la Madre es una exaltación del machismo que lava su autoritarismo, ofreciéndole un montón de cosas superfluas y halagos innecesarios.

Recuerdo un encuentro entre Domitila Chungara y una periodista que le preguntó sobre el feminismo, Domitila le dijo: “En México, el año 1975 se realizó la conferencia de las Naciones Unidas Sobre la Mujer, pero se olvidaron de los varones. Creo que las mujeres trabajadoras tenemos que luchar al lado de nuestros esposos y compañeros, porque ambos somos explotados. Ése es mi feminismo, tal vez si fuera rica pensaría de otra manera”.

El Himno a la Madre es una de las cosas más abominables, ya que remacha la imagen de la mujer que necesariamente debe ser la que tiene que sufrir, y siguen cantándolo en las escuelas, y niños y niñas reproducen el mensaje: “En la madre el pesar se depura/ Abnegada soporta las cruces/ que por buena le carga el dolor...”. Estamos viviendo un momento histórico y el rol de la mujer, madre o no, es la base para construir otro imaginario que no enaltezca el sufrimiento, sino la vida plena.

Es artista y antropólogo.

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