Columnistas

Construcción mediática del enemigo

La construcción del enemigo por parte de los medios también se extiende a la forma de informar.

La Razón (Edición Impresa) / Yuri Tórrez *

01:21 / 10 de enero de 2017

Construir el enemigo fue uno de los últimos libros del extinto escritor italiano Umberto Eco. Esa publicación contiene varios ensayos filosóficos y probablemente el más importante sea aquel que lleva el mismo título que el del libro.

En ese ensayo, Eco se sumerge en lo más recóndito (en los recovecos) del alma humana apelando a diferentes vertientes filosóficas; desde las bíblicas, pasando por Cicerón y/o Agustín, hasta las elucubraciones orwellianas, entre otras, para sostener una tesis insoslayable: el ser humano tiene un impulso innato de buscar chivos expiatorios; aquel que sirve de receptor de todos los males: casi un monstruo. O como diría el recientemente fallecido escritor argentino Ricardo Piglia: “Un Cristo, anotó el chico de El Mundo, el chivo expiatorio, el idiota que sufre el dolor de todos” (Plata quemada).

Eco escribe: “Tener un enemigo es importante no solo para definir nuestra identidad, sino también para procurarnos un obstáculo (...) Por tanto, el enemigo no existe, es preciso construirlo”.

La construcción del enemigo en el campo de la política es insoslayable. Mucho más si se vive en un sistema signado por el totalitarismo y el autoritarismo.

Por ejemplo, un juicio de lesa humanidad que terminó el año pasado en Bahía Blanca reunió pruebas sobre el rol del diario La Nueva Provincia durante la última dictadura argentina. Según el periódico argentino Página 12, el Tribunal Oral dictó una sentencia contra La Nueva Provincia con el argumento de que difundió “propaganda negra” y operaba bajo los ejes discursivos trazados por el “manual de guerra de baja intensidad” colaborando en la legitimación discursiva y la construcción del “enemigo”.

Ese diario abasteció las “operaciones psicológicas” que necesitaban las Fuerzas Armadas para legitimar socialmente su accionar criminal. La investigación lo califica como un “valioso auxiliar de la conducción militar”; es decir que su labor no fue periodística ni tampoco lícita, y pasa a formar parte del plano delictivo en cooperación con el Ejército y la Armada en tareas psicológicas contra la población. Ahí hay un concepto que hay que revisar: el de “la acción psicológica”.

La construcción del enemigo por parte de los medios no solo se da en el ámbito político, también se extiende a la forma de informar (o representar) la vida cotidiana. Especialmente aquellos referidos a noticias policiales relacionadas con la violencia de las pandillas juveniles o casos de violación. La propensión al sensacionalismo impulsa a muchos medios a buscar culpables en determinados hechos criminales. Se comete un linchamiento mediático sin percatarse de que los sospechosos tienen el derecho a un debido juicio. Como diría Javier Marías: “En los medios casi nunca se rectifica ni se repara un daño, jamás hay pesar por el perjuicio infligido a alguien deliberadamente o involuntariamente”.

Por otra parte, a través de este mecanismo sensacionalista los medios están sembrando miedo en la sociedad, por ejemplo, con aquellas noticias asociadas a las pandillas juveniles. Más allá de buscar las razones de este fenómeno social, buscan lo “espectacular”, lo que vende. Para este propósito muchas veces acuden a una representación perversa sobre los jóvenes, asociándolos con un peligro inminente. Se construye mediáticamente al enemigo de la sociedad.

Por lo tanto, se descuida de hecho que estos medios tampoco saben muy bien todo lo que hacen, y por ahí suceden otras cosas más de las canónicamente reconocidas.

* es sociólogo.

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