Columnistas

Chile, ¿es posible una izquierda?

En Chile la lógica neoliberal se ha convertido ya en una lógica cultural.

La Razón (Edición Impresa) / Elvis Vargas Guerrero

00:13 / 20 de diciembre de 2017

La maravilla de Sudamérica”, así se conoce en Europa a Chile. El paraíso de los inversores. Ronald Reagan y Margaret Thatcher nombraron a ese país como el ejemplo donde el pensamiento del libre mercado se convirtió en una religión política. Curiosamente, y para que se escalden los liberales, fue Augusto Pinochet el mesías del neoliberalismo. Los economistas formados por Milton Friedman, los llamados Chicago Boys, fueron quienes implementaron las radicales reformas económicas que sucedieron al gobierno de Salvador Allende. Los ahora ancianos Chicago Boys aceptan sin escrúpulos que sin Pinochet hubiera sido imposible la implementación de esas reformas.

A finales de los 90 yo deambulé durante seis meses desde Arica hasta Punta Arenas, y compartí con el chileno común y corriente. Entonces pude percibir que la gente se sentía responsable de su propia suerte. Tal convicción ni siquiera se la puede encontrar en quienes han crecido con el sueño americano. Esto se debe a que la lógica neoliberal se ha vuelto ya una lógica cultural. Se trata de una sociedad súper individualista, en la que el consumismo es sagrado y la competencia, salvaje. Las reformas económicas fueron no solo ajustes financieros, sino también un proceso de adoctrinamiento.

Mi curiosidad era saber si la democracia que sucedió a la dictadura había cambiado el país. No, para nada, todo se mantuvo intacto. La izquierda que allí se denomina Socialdemocracia solo quiere hacer algunos retoques pero no un cambio de rumbo. El miedo que hay es a que las reformas sociales anulen la competencia y eso lleve a la debilidad del sistema, como en el caso de la educación y la salud; que la implementación de reglas anule la libertad de elección; que el Estado deje de garantizar  las reglas del mercado. En ese contexto, la izquierda es imposible e inviable.

Chile es uno de los países latinoamericanos de mayor crecimiento económico; y de manera clara, el paraíso de la desigualdad. Los ricos son muy pocos, pero acaparan la mayor parte de la riqueza. La política apunta a protegerlos porque ellos aseguran el bienestar. Se piensa que no es necesario proteger a los pobres porque de eso se encarga el mercado; que la pobreza iría disminuyendo con el tiempo. Curiosamente a finales de los años 90 la pobreza afectaba al 40% de la población y ahora solamente al 11%.

Chile tiene uno de los mayores porcentajes de suicidios de adultos y de niños, una muestra que el progreso económico no da felicidad. Cuando supe de las últimas elecciones, por mi experiencia en aquel viaje, no tuve la menor duda de que Sebastián Piñera iba a ser el ganador. Él proviene de una familia muy influyente, responsable de algunas de las reformas ya implementadas. Él es uno de los dos hombres más ricos del país trasandino. Piñera quiere rebajar los impuestos a las empresas para eliminar la pobreza hasta el 2025. Hace unos cuatro años leí críticas hacia el Gobierno boliviano de por qué no hacían lo que estaban haciendo en Chile. Entonces tuve un alivio de que Bolivia hubiera elegido otro rumbo; de que solidaridad e igualdad no se hubieran convertido en malas palabras.

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