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Carta orgánica

Creo que merecen más incisos relativos a la catalogación del patrimonio natural y cultural del municipio

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez *

00:00 / 09 de mayo de 2017

Está circulando el proyecto de la Carta Orgánica Municipal de La Paz para el conocimiento y el aporte ciudadano. Por diferentes medios se solicita la participación ciudadana para la redacción final del documento, que es, sin duda alguna, fundamental para el futuro de nuestra ciudad y sociedad urbanas. Es algo así como el texto constitucional o Carta Magna, pero a escala urbana, y su promulgación será muy importante para la construcción de una institucionalidad sostenible a largo plazo.

Al respecto, debemos recordar los esfuerzos de las últimas gestiones ediles que lograron recuperar la institución municipal, que está en constante actualización y consolidación a pesar de su rasgo político partidista. En épocas de la democracia pactada nuestra alcaldía era un verdadero zafarrancho de latrocinio e ingobernabilidad.

En cuatro títulos (Identidad, Democracia y Gobierno, Mandato Ciudadano y Régimen Económico Financiero), con decenas de capítulos y artículos se despliega este proyecto preparado por la mayoría del Concejo Municipal y la participación, plausible por cierto, de un solo concejal de la oposición. Para opinar con propiedad se necesita ser docto en leyes y/o en políticas públicas, y cada frase o palabra debe ser sometida al escrutinio de esa visión especializada. Sin embargo, emitiré algunos pareceres.

En el título Identidad llama la atención los símbolos y el patrimonio simbólico proyectados. Creo que se extienden a demasiadas simbologías para cumplir con todos los imaginarios. Son una decena que van desde el escudo de armas hasta las apachetas; y como remate de un excesivo encariñamiento poblano, se declaran a la “cebritas” como patrimonio simbólico del municipio. Pienso que el número y algunos símbolos son una desproporción.

El artículo 57, relativo al patrimonio natural y cultural, es muy escueto. Es tan breve como la importancia que le damos a nuestro ajayu. Creo que merecen más incisos relativos a la catalogación, acciones, sanciones, etc.

Y termino con una perla. En el artículo 73 de impuestos municipales, junto con los tributos a las propiedades y vehículos, figura un impuesto al “consumo específico sobre la chicha de maíz” (sic). Si quieren recaudar en serio podrían declarar un impuesto (valioso para la salud pública) al consumo excesivo de bebidas alcohólicas. En el próximo Gran Poder se gastarán 40 millones de dólares (el costo de un hospital de segundo nivel) solo en tragos legales y en brebajes adulterados. Si le sumamos lo que se consume en todas las fiestas patronales y/o folklóricas, llegaríamos a un monto considerable. Pero en esta ciudad, ¿un impuesto a la chicha?

* es arquitecto.

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