Columnistas

Caravana de migrantes

La respuesta del líder norteamericano  ha sido torpe y amenazadora.

La Razón (Edición Impresa) / Lourdes Montero

00:40 / 22 de octubre de 2018

Con un nudo en la garganta y la impotencia punzante en el pecho hemos visto toda la semana anterior las imágenes de una increíble caravana de migrantes centroamericanos que buscan —con desesperación— llegar a México y Estados Unidos. En un documento compartido en redes sociales expresan: “Exigimos que respeten nuestros derechos como refugiados y nuestro derecho al trabajo digno para mantener a nuestras familias; que nos abran las fronteras porque somos tan ciudadanos como las personas de los países donde estamos y/o a los que viajamos”. La dignidad y el desconsuelo son los únicos documentos que portan.

Se trata de una marcha anual (y en Bolivia sabemos el valor político de las marchas) organizada por el grupo de activistas “Pueblo sin Fronteras”, con el fin de visibilizar la crisis de violencia y corrupción en Honduras, El Salvador y Guatemala. Este es el quinto año que se organiza la caminata, sin embargo, nunca había llegado a ser tan masiva y tan visible.

Así, con mucha fuerza simbólica, el 13 de octubre, alrededor de un millar de hondureños, entre hombres, mujeres y niños, comenzaron una caravana que salió desde San Pedro Sula, en el norte de Honduras, con la idea de cruzar las fronteras, aduciendo razones de seguridad y la búsqueda de mejores condiciones de vida. Hoy se habla de cerca de 2.000 personas que retan con sus cuerpos y sus esperanzas las políticas antimigratorias de Donald Trump.

La respuesta del líder norteamericano ha sido torpe y amenazadora. Una serie de tuits del Presidente estadounidense ha convertido esta caravana en el punto de conflicto más reciente en las políticas migratorias de Estados Unidos. “Las caravanas vienen en camino” y “se están volviendo más peligrosas”, tuiteó Trump el 1 de abril. Culpó a los demócratas por las políticas fronterizas débiles, instó a México a mejorar su vigilancia fronteriza y a Honduras a frenar a los migrantes amenazando con suspender la ayuda financiera estadounidense. “México tiene el poder absoluto de evitar que estas grandes ‘caravanas’ de personas ingresen a su país”, publicó. Por último, este jueves amenazó con cerrar la frontera con México y enviar a la guardia nacional a custodiarla si el gobierno saliente de Enrique Peña Nieto no logra cerrar el paso a los inmigrantes ilegales.

Para muchos analistas, Trump no está “enojado” como podríamos pensar frente a sus iracundas palabras. Tan solo está usando políticamente a su favor la caravana para volver a despertar el miedo antimigratorio de su base votante. Con unas elecciones de medio término cercanas donde se renovará gran parte del Congreso y los gobiernos de los estados, los republicanos están tratando de cambiar la conversación de los votantes, centrada actualmente en temas como el seguro médico o los niveles de desempleo. Su intención es virar la atención social hacia un campo donde se sienten más cómodos: el miedo que genera la inmigración ilegal. Esta elección próxima será determinante, puesto que podría cambiar la estructura actual del legislativo, dominado por el gobernante Partido Republicano.

Así, lejos de que este drama humano vivido por miles de migrantes centroamericanos convoque a soluciones estructurales articulada entre los gobiernos, el problema tan solo provocará titulares de prensa por unas semanas. Por parte de Peña Nieto no parece haber un interés en este problema, más allá de resistir las presiones de Estados Unidos. Por parte del colérico Trump, solo hay interés en radicalizar las políticas punitivas del Gobierno de Estados Unidos. La comunidad internacional es la gran ausente de este conflicto y nadie parece estar interesado en resolver los problemas que hacen que los centroamericanos huyan de sus países en busca de asilo.

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