Columnistas

La Bolivia del siglo XVIII

La Razón (Edición Impresa) / Natalia Calderón Angeleri

06:57 / 26 de diciembre de 2017

En el siglo XVIII un economista llamado Thomas Robert Malthus expuso una teoría en la que afirma que si la población humana continuara creciendo, la producción de alimentos no podrá mantenerse al ritmo de la demanda, ya que se necesitaría más tierras cultivables, que es un recurso fijo y, por lo tanto, no habrá suficiente comida para todos. El resultado, advirtió, sería una terrible hambruna que mataría a muchas personas. En términos ecológicos, Malthus argumentaba que la población humana estaba en riesgo de superar su capacidad de carga (la cantidad de individuos que pueden ser respaldados por un hábitat específico).

Ester Boserup (1910-1999), economista danesa especialista en desarrollo de la agricultura, argumentó que la amenaza de la inanición y el desafío de alimentar cada vez más bocas motiva a las personas a mejorar sus métodos de cultivo e inventar nuevas tecnologías para producir más alimentos.

En efecto, la innovación tecnológica ha logrado resolver problemas ambientales serios, como en su momento fue la creación del automóvil para responder a los problemas que el caballo, como medio de transporte, significaba en el siglo XIX, debido a la cantidad de externalidades negativas que producía, incluyendo las emisiones contaminantes del estiércol que ponían en peligro el medio ambiente y la salud de los habitantes de grandes ciudades.

Pero en Bolivia seguimos pensando que la expansión de la frontera agrícola o la revisión de los límites de las reservas forestales van a impulsar el crecimiento de nuestro sector agropecuario. El tema de tierras y derechos de propiedad son elementos importantes de cualquier estrategia para impulsar el sector, pero necesariamente deben ir acompañados con medidas complementarias que consideren las cuestiones ambientales y el desarrollo integral y sustentable del país.

Aparte de la introducción de transgénicos, no se están tratando adecuadamente las innovaciones tecnológicas necesarias para mejorar la productividad de este sector, uno de los más bajos de Latinoamérica. Urge poner en la agenda la necesidad de fortalecer las entidades dedicadas a la investigación agropecuaria y a la articulación de los distintos dispositivos científico-técnicos dedicados a la innovación de los sistemas productivos agrícolas para mejorar el sistema de producción y productividad.

A medida que los ambientalistas, científicos y políticos modernos debaten el futuro del clima y los recursos del mundo, debemos esperar que Boserup tenga razón, al creer que los seres humanos somos capaces de un ingenio notable frente a un problema. Debemos ser capaces de garantizar la subsistencia en el planeta.

* es directora ejecutiva de la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN).

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