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Agua, sí; Dakar, también es posible

Dakar o no, la muestra son los días festivos que la competencia ofreció en el país

La Razón Digital / Rubén Atahuichi *

01:27 / 10 de enero de 2017

Después del Carnaval de Oruro, el paso del Rally Dakar por Bolivia creo que es uno de los eventos más grandes en el país debido al movimiento económico y social que genera. Corriéndose aún la cuarta versión, la carrera más “dura” del planeta —migrada de Europa y África en 2009— tiene en el país mucho arraigo, aunque también detractores.

Particularmente este año, debido a su llegada a La Paz (que solo resultó ser punto de enlace y descanso), las críticas contra la competencia fueron visibilizadas mejor en las redes sociales y los medios de información, impulsadas en su mayoría por activistas políticos en Facebook y Twitter a título de “colectivos ciudadanos”.

“Dakar, no; agua, sí”. La consigna-hashtag contagió a decenas de bolivianos en las redes sociales, cifra que, sin embargo, distó mucho de otros connacionales que se volcaron a las carreteras, las calles y las ciudades del país por las que cruzaron los corredores llegados de varios continentes.

No hubo una recepción tan apoteósica al Dakar en el mundo como en Bolivia. En otras partes salen a las vías y caminos a ver a los pilotos y sus poderosas máquinas; en Bolivia, a recibirlos, a aplaudirlos, a auxiliarlos, a verlos y tomarse fotografías con ellos. Todo, con sentimiento.

Con todo el derecho a protestar, quienes cuestionan la carrera tienen sus razones. Algunos —militantemente— reniegan porque la carrera pueda eventualmente dañar el medioambiente (la emisión de carbono por los motores o la destrucción de hábitat animal); otros, contra la inversión estatal en la franquicia (dicen que debería usarse ese dinero, $us 4 millones, en políticas para la provisión de agua carente en La Paz), y muchos, más politizados, simplemente por su objeción al gobierno de Evo Morales y todo lo que haga, como la promoción de la prueba.

Comprensible posición ciudadana y política, que no da derecho a nadie de tildarla de “antipaceña”, por ejemplo. Sin embargo, hay otras razones para considerarlas, aunque implique un sacrilegio decirlas, ante tanta ausencia de tolerancia.

El Dakar, capitalista o no, promueve al país como destino turístico (hasta el alcalde Luis Revilla lo entendió así); genera ingresos por ese rubro (el año pasado fueron recaudados más de $us 100 millones) y mueve la economía de otros sectores.

Solo al ver lo que se vende y compra en sus rutas ya es ganancia, por lo menos para segmentos menos favorecidos: comideras, heladeros, transportistas, artesanos o comerciantes.

Todo, más allá del espectáculo que implica el rally para otras miles de familias —el circo que llamaron muchos detractores y medios de información— que también tienen derecho a disfrutar de eventos de ese nivel.

Dakar o no, la muestra son los días festivos que la competencia ofreció en el país; con todo lo que movió, de formas material y emotiva.

Seguramente el debate continuará sobre si es correcto o no promover ese rally en el país. Morales ya aseguró que en 2018 vuelve la competencia y la ASO (Amaury Sport Organisation) se declaró satisfecha por la organización del evento en Bolivia.

Si bien al Gobierno hay que cobrarle su ineptitud en la gestión del agua en La Paz, no es sensato valerse de la crisis para descalificar el Dakar, por las repercusiones favorables citadas adelante. No se ha demostrado fehacientemente el perjuicio de su paso, y si lo hay, habrá que considerarlo. Si hay que evitarlo, mejor. Agua, sí; Dakar, también es posible.

* es periodista.

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