Columnistas

Agricultura urbana

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

00:10 / 10 de octubre de 2017

Este tiempo convulsionado exige la transformación de nuestras prácticas urbanas. Sobrepoblación, cambio climático, violencia o tugurización son efectos de nuestras malas prácticas que han terminado por devastar nuestras ciudades. Hoy en día se persiguen nuevos paradigmas: resiliencia, autosuficiencia, sostenibilidad y sustentabilidad. Esos objetivos son los nuevos retos urbanos para este milenio; pero, en la lógica del desarrollismo urbano más canalla, contaminamos todo, amontonando automóviles y edificios sin clemencia.

Conscientes de ese panorama, grupos de activistas buscan nuevas prácticas urbanas con pequeñas acciones comunitarias cuyos enormes resultados no se miden en cifras macroeconómicas. Un ejemplo local se gesta en un sector abandonado y difícil de nuestra ciudad: el Huerto Orgánico Lak’a Uta. En el parque del mismo nombre, en la zona de Cotahuma, la Fundación Alternativas de María Teresa Nogales desarrolla hace tres años el primer huerto urbano de la ciudad de La Paz, un germen de agricultura urbana con la colaboración de jóvenes técnicos, pocos administradores y algunos acuerdos interinstitucionales. En plataformas existentes habilitaron 44 espacios de trabajo agrícola familiar para cultivar alimentos frescos de manera orgánica y comunitaria. Son pequeñas parcelas de 16 metros cuadrados donde los vecinos siembran tres categorías de cultivos: al aire libre, semicubierto o en invernaderos.

En esos pequeños espacios se producen una veintena de especies de hortalizas y hierbas aromáticas de acuerdo con la personalidad del grupo familiar. Son áreas que operan como espacios educativos (técnicas de siembra, producción de abono orgánico, manejo de plagas, etc.), y alegran ese agreste escarpado para reconciliarte con la atormentada ciudad que ves al fondo.

Reciclando cuanto material puedan conseguir, las familias comprometidas en este nuevo paradigma urbano trabajan los fines de semana para lograr múltiples objetivos: seguridad alimentaria, mejora dietética, compromiso de trabajo colectivo, cambios de hábitos y un largo etcétera. Llevan de sus parcelas a sus mesas zucchinis, tomates, zanahorias, acelgas y otros productos que nutren a familias de escasos recursos con alimentación orgánica y sana. Es decir: lo opuesto a la comida chatarra que está cebando a una raza que antes era pura fibra.

Ver a esas familias trabajando la tierra en un medio urbano es una experiencia alentadora. El Huerto Orgánico Lak’a Uta es una semilla de buenas prácticas urbanas, sociales y medioambientales, que reverdecen esta sociedad cementada hasta el cogote por su afán irreflexivo de “modernidad y progreso”.

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