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El arte de resistir

Cuento de hadas o mito nórdico, el arquero islandés atajó un penal de Lionel Messi

El islandés Alfred Finnbogason celebra el gol. La hinchada en Rusia (abajo) también se hace sentir.

El islandés Alfred Finnbogason celebra el gol. La hinchada en Rusia (abajo) también se hace sentir. Foto: AFP

La Razón (Edición Impresa) / Camila Urioste

07:10 / 18 de junio de 2018

La música de Islandia es como su geografía: épica, volcánica, a la vez caliente como la lava y fría como un glaciar, azotada por las olas del mar, extraña, tocada por las grandes sagas y los cuentos de hadas. Así como Bjork, la artista islandesa más conocida, la describe en sus propias palabras: volcanes ásperos cubiertos por un suave musgo.

El fútbol de Islandia se parece también a su geografía. Y su historia es como un cuento de hadas; un cuento en el que las hadas son tipos rubios de casi dos metros de estatura, algunos excineastas, otros exdentistas, provenientes de una isla en el Atlántico norte con una población de 348.580 habitantes, algo así como Sucre, que jamás antes había participado en un mundial. La bruja viene a ser un argentino al que todos le dicen ‘pulga’.

O… casi. 

La noche antes del partido del sábado 16, en que la selección de Islandia jugaba por primera vez un partido en el mundial enfrentándose nada menos que contra Argentina y a sus jugadores que valen varios millones, hubo una conferencia de prensa. Antes de cualquier pregunta, Heimir Hallgrimsson, director técnico de la selección de Islandia, dijo: “antes que nada quiero que sepan que sigo siendo dentista, y no dejaré de ser dentista”. Técnicamente, él ejerce la odontología solo de vez en cuando, para “relajarse”.  Sin embargo, era una respuesta honesta a la pregunta que nadie había hecho aún: ¿cómo planea Islandia enfrentarse, en su primer partido en una Copa Mundial, a Argentina, potencia del fútbol que ostenta el mejor futbolista sobre la tierra?  

Según Andri Snær Magnason, uno de los escritores más importantes de la pequeña nación/isla, la psicología de Islandia tiene como centro el deseo de ser reconocido. No el deseo de ser superior, necesariamente. No es una mentalidad vikinga de conquista. Solo quiere ser reconocido como igual a lo que hay afuera.

No obstante, a juzgar por el partido que jugó contra Argentina, Islandia llegó al mundial a conquistar.     

Cuento de hadas o mito nórdico. El arquero de la selección, Halldórsson, ese que le tapó el penal a la bruja de este cuento, era director de cine. Si esta historia fuera una película, la contaríamos así:

Panorámica de Islandia: geisers escupiendo al cielo su vapor, volcanes inquietos, placas tectónicas que se mueven, campos de lava y glaciales formando lentos ríos transparentes que desembocan en el mar. El mar, olas furiosas azotando la roca. La tundra destemplada.

Corte a:

Exterior día: una plaza en el centro de la ciudad de Reikiavik, la capital de Islandia. Centenares de personas reunidas para ver el partido en pantalla gigante. Hace frío y llueve. Es verano en Islandia. Las personas visten impermeables y paraguas y se pegan mucho unos contra otros para guardar el calor. El partido está por comenzar.

Desde que fue un territorio poblado en el siglo II hasta el siglo XX, en que se independizó y se fundó como república, Islandia fue uno de los países más pobres de Europa, subsistiendo de la caza y la pesca. En 2016 fue rankeado en la posición nueve de los países más desarrollados del mundo. Este cuento de hadas se trata también sobre la resistencia y la tenacidad.

Corte a:

Panorámica del estadio Spartak de Moscú. Día. El partido entre Argentina e Islandia. Messi intenta un tiro al arco, pero falla. Los jugadores de Islandia ordenados, resistiendo. Un minuto después, Agüero se libera de la marca y patea un gol. Argentina erupciona.

Corte a:

En la plaza central de Reikiavik, los centenares de fans se aprietan un poco más, en silencio. La lluvia cae copiosamente, pero los islandeses saben resistir. 

Se dice que, antes de cada partido, el director técnico de Islandia se reúne en un bar con sus fanáticos más leales y les revela su alineación y la táctica secreta que usará para enfrentar el partido. Se puede decir que es el único equipo de fútbol en un mundial que conoce a la mayoría de sus fanáticos más fieles en persona. Ser fan de Islandia es más que pertenecer a un club, es ser parte de un círculo de confianza.

Corte a:

Plaza. Llueve. Día. Primer plano de rostros empapados. Minuto 24. Gol de Alfred Finnbogason. No, no es el rayo de Thor, es una oportunidad que se abre gracias a la pobre defensa argentina. Ahora erupciona Islandia. Y así durante el resto del partido, cada vez que falla Messi, y sobre todo cuando falla ese infame penal, cada vez que Islandia logra la posesión de la pelota, y a medida que Islandia resiste la presión con esa energía casi contenida como la de un volcán, ordenada como los cristales de hielo que se forman sobre la tundra, los islandeses celebran como si fueran goles.   

Es verdad que los partidos se ganan con goles. Y, sin embargo, no es tan sencillo. Como en cualquier arte, como en la ciencia, todo es relativo. El partido termina empatado uno a uno, y empero el mismo resultado no causa el mismo efecto en las selecciones de Islandia y Argentina. Mucho menos en sus fans. No es matemática. Si lo fuera, entonces el mismo resultado causaría la misma reacción. Pero ese uno a uno significa para Argentina salir cabizbajos de la cancha mientras Islandia festeja como si hubiera ganado.

Y es que Islandia es una tierra difícil a una latitud apenas afuera del círculo ártico, una isla volcánica en la que sobrevivir ya es una hazaña.

Camila Urioste

es escritora.

Invitada por Marcas de La Razón durante el Mundial de Rusia 2018.

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