Fútbol

‘Chocolatín’, el chiquito que hacía chilenas en cemento

El recordado Chocolatín, el más grande futbolista que dio los Yungas y que formó parte de la selección que se clasificó al Mundial de Estados Unidos de 1994, partió a la eternidad cuando tenía 31 años.

Ramiro Castillo con la casaca de The Strongest. Foto: Archivo Jamil Chávez

Ramiro Castillo con la casaca de The Strongest. Foto: Archivo Jamil Chávez

La Razón Digital / Jorge Asturizaga / La Paz

10:52 / 18 de octubre de 2017

La mañana del sábado 18 de octubre de 1997 el país se conmovió con la infausta noticia del fallecimiento de Ramiro Castillo Salinas (Coripata, 27 de marzo de 1966). El recordado Chocolatín, el más grande futbolista que dio los Yungas y que formó parte del grupo que se clasificó al Mundial de Estados Unidos de 1994, había tomado la drástica decisión de partir a la eternidad. Tenía 31 años.

El dolor por la muerte de José Manuel, su segundo hijo, quien sufrió un cuadro de hepatitis tres meses antes, le afectó y no logró sobrellevar.El fútbol y la sociedad boliviana lloraron la partida del talentoso volante que paseó su fútbol en su querido The Strongest en dos ciclos, luego en clubes de Argentina y Chile y a su regreso en Bolívar.

Han pasado 20 años, pero Castillo aún vive en el recuerdo de sus seres queridos, de la gente que lo vio jugar y de las nuevas generaciones anoticiadas de las historias del más famoso futbolista yungueño.

  • Junto a sus compañeros de la selección que clasificó al Mundial de 1994. Foto: Libro Salto al Futuro

“Era chiquito, flaquito, gambeteaba a todos, incluso a los más grandes en los partidos de fútbol que se armaban en el atrio de la iglesia de Coripata. Hacía chilenas espectaculares sobre el cemento”, recuerda Eloy, su hermano mayor, quien jugó como arquero.

Pocos saben que el Chocolatín dejó su Coripata natal a los 15 años de edad y se vino a La Paz. “Allí las familias eran numerosas y los padres tenían pocos recursos, yo ya estaba en The Strongest, ganaba dinero, pero no era mucho y decidí traerlo porque realmente tenía buenas condiciones”.

Pero Ramiro no llegó directo al Tigre. Según su hermano Eloy, fue Gonzalo Balcárcel, entonces dirigente de The Strongest, quien les dio un lugar en su domicilio de la calle Pasoskanki de La Paz. “Nos atendió y cuidó de mi hermano, quien no dejó los estudios, pues ingresó a un colegio nocturno”.

Pucarani, 31 de Octubre, Mariscal Braun y Municipal, clubes de la Asociación de Fútbol de La Paz (AFLP), lo tuvieron en el inicio de su carrera. “Hans Soliz era técnico de Muni y creo que había problemas económicos, entonces nos dijo que se iba a ir del club, así que decidí llevarlo a The Strongest, yo fui el gancho”, recuerda el hermano mayor.

Era 1984. De entrada impresionó a Wilfredo Camacho, entonces DT del Tigre. “Debutó en un clásico amistoso y de volea le hizo un golazo a Bilbao, en esa época arquero de Bolívar. Desde ese día fue titular indiscutible, dueño de la camiseta número 10. Lo acompañé a la secretaría de la calle Colón y con don Rafael Mendoza firmó su primer contrato. Todos lo querían porque era joven y jugaba bien. Luis Iriondo (+) también lo ayudó mucho”.

Se destacó en el Tigre donde estuvo dos años y de allí dio el salto al fútbol de Argentina. En 1987 protagonizó el pase a Instituto de Córdoba, luego a Argentinos Juniors, River Plate, Rosario Central y Platense. Medios de Argentina elogiaban las actuaciones del “crack” boliviano.

Fue parte de la inolvidable selección en las eliminatorias de 1993, clasificada al Mundial de Estados Unidos 1994.

Volvió al Tigre en 1995, estuvo un año y se marchó al Everton de Chile. A su regreso en 1997 protagonizó el resonante pase a Bolívar. “Yo fui el artífice para su venida”, dice Javier Ortuño, dirigente de la Academia.

El dolor marcó al Chocolatín en la previa de la final de la Copa América de 1997. Luego de una notable actuación frente a México en semifinales fue confirmado como titular para enfrentar a Brasil el domingo 29 de junio, pero en el calentamiento le avisaron que José Manuel, de siete años, estaba en terapia intensiva, luego el pequeño falleció. Y el 18 de octubre, Chocolatín dejó de luto a todo el fútbol boliviano.

Su hijo reside en EEUU y su hija, en La Paz

Ramiro Castillo Crespo (arriba a la izquierda con su madre), el hijo mayor del “Chocolatín”, tiene 30 años y reside en Pensilvania, Estados Unidos, allí se estableció desde septiembre de 2016 luego de contraer nupcias con Elisabeth, ciudadana norteamericana.

María del Carmen Crespo, su madre, cuenta que Ramiro hijo jugaba bien al fútbol, pero tomó una decisión inteligente de estudiar porque sabía que no llegaría a tener la técnica de su padre.

“Me dijo que (ser futbolista) era una mochila muy pesada para cargar, no iba a ser parecido a su tío Iván ni mejor que su papá y la gente iba a esperar que fuera mejor, no iba a cargar ese peso”, cuenta la viuda del Chocolatín Castillo.

Se graduó como comunicador visual de la Universidad Católica de La Paz, en el país trabajó en varias empresas.

 “Ramiro y Elisabeth se conocieron en un trabajo que realizó mi hijo de una campaña de imagen corporativa, enamoraron cinco años, dos de ellos vivieron juntos en La Paz y el año pasado ella pidió regresar a Estados Unidos porque extrañaba sus cosas y se fueron juntos. En septiembre se casaron. Todavía no tienen hijos”, dice Crespo.

Ramiro hijo Tenía 10 años cuando murió su padre, pero su legado de solidaridad con los que tienen menos es una buena herencia que recibió de él.

Marjorie Castillo (arriba a la derecha con su madre) tiene 22 años y estudia en una universidad privada de La Paz. Conoció a su padre por los recuerdos que hay en casa y las cosas que le cuentan sus familiares.

“Trabaja en un restaurante de la zona Sur de La Paz, se independizó y está soltera. Gente que se entera de que es hija de Ramiro Castillo se acerca y le saluda y le comenta cómo era él de futbolista. En la universidad hizo un trabajo de la vida de su papá y defendió con éxito frente a un jurado. Se siente orgullosa del Ramiro persona porque el fútbol no le interesa mucho”, según su madre.

A María del Carmen Crespo le gusta el fútbol, pero se alejó de la actividad dirigencial que desempeñó en The Strongest desde que Sergio Asbún fue presidente. Renunció a poco de que César Salinas tomó el mando. También se desligó de la Asociación de Fútbol de La Paz (AFLP).

“Ramiro fue un padre diez puntos, siempre inculcó a los chicos la ayuda a los demás. Lo recordamos siempre”, afirma la viuda.

  • Ramiro Castillo Crespo, hijo del desaparecido futbolista junto a su madre (izq.) y Marjorie Castillo (der.). Fotos: Familia Castillo.

El apellido que no muere

Ramiro Castillo vive en la memoria del fútbol paceño, un club que lleva su nombre disputa el Nacional B Copa Simón Bolívar. La Alcaldía de la sede de gobierno le rindió homenaje póstumo bautizando una larga avenida que pasa por Villa El Carmen, Chuquiaguillo, hasta la tranca de Urujara, camino a los Yungas, además de una pequeña plaza en la zona de Llojeta. En Coripata, su pueblo natal, se le hizo justo homenaje con el estadio municipal.

Iván, el menor de los Castillo futbolistas, cuenta que Ramiro fundó su escuela en el Centro Don Bosco de Ciudad Satélite. “Creo que fue en 1992 o 1993, su idea era que 95% de los alumnos fueran de El Alto y 5% chicos de los Yungas. Los colores distintivos en el inicio fueron el blanco y el morado”.

Después de su paso por Gimnasia de Jujuy, Iván regresó al país en 2000 y se vinculó a la escuela de fútbol.

“Noté que había perdido su esencia, no respetaba las ideas de mi hermano y trabajé en procura de recuperar ello. Incluso tenía un estatuto de funcionamiento”, señala.

  • El coripataeño vestido de celeste y celebrando un gol para Bolívar. Foto: Archivo Jamil Chávez

Cuenta que cambió los colores a los actuales: anaranjado, negro y blanco. “Ramiro era un admirador del fútbol de Holanda de los últimos años de la década del 70 del siglo XX, ese bautizado como ‘la naranja mecánica’. Y el negro pusimos por el luto que siempre llevará la familia por su partida; además, el blanco por la pureza de los niños”.

Desde los Yungas llegaron varios chicos para terminar allí su formación: Leonel Morales, actual jugador de Bolívar y convocado para la doble fecha de las eliminatorias contra Brasil y Uruguay, estuvo en la escuela. También, Jenrry Alaca, Ariel Ballivián y José Manuel Espejo, quienes luego dieron el salto a clubes de la Liga.

El problema para seguir era la falta de canchas, las condiciones no siempre eran favorables, como que “de todo lugar nos sacaban, había que buscar espacios”, rememora Iván.

El escudo es parecido al del club argentino Gimnasia y Esgrima de Jujuy. “Lo adapté de donde yo jugué. Ahora creo que el anaranjado de los colores se mantiene”.

En los primeros años se abocó también a otras disciplinas como el voleibol y el baloncesto.

En octubre de 2011, Manuel Quispe, empresario alteño, le compró a María del Carmen Crespo la entidad y desde mayo del año siguiente comenzó una nueva etapa de lo que ahora es el Deportes Ramiro Castillo.

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