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Regis supera la adversidad en el fútbol y en la vida

Cuenta que “como buen guerrero” no se vino a menos. Jugó en las candentes arenas del chaco paraguayo, como en la altitud y el frío del occidente boliviano.

El volante brasileño regis de Souza dedica un gol que marcó cuando jugaba en Ramiro Castillo. Foto: Archivo-La Razón

El volante brasileño regis de Souza dedica un gol que marcó cuando jugaba en Ramiro Castillo. Foto: Archivo-La Razón

La Razón (Edición Impresa) / Rafael Sempértegui / La Paz

17:05 / 19 de septiembre de 2019

Regis de Souza sintetiza la historia del futbolista de familia humilde: sufrió, lloró, pasó hambre, pero persistió y cumplió sus sueños. De niño y de joven tuvo momentos complicados, pese a ello nunca dejó de luchar.

Cuenta que “como buen guerrero” no se vino a menos. Jugó en las candentes arenas del chaco paraguayo, como en la altitud y el frío del occidente boliviano. Incluso llegó hasta Sudán, en África, donde encontró un ambiente bélico, y por ello mismo decidió volver a Bolivia, “un país pacífico, no como otros”.

De pequeño soñó con ser un futbolista profesional, con jugar en canchas de césped y estadios gigantes, que tuvieran mucho público en las tribunas. Se imaginó que le sacarían fotos, que firmaría autógrafos y le hicieran entrevistas. Lo que no pensó es que le costaría más de la cuenta.

“Cuando eres jugador de pueblo y sin representante o ni quién te apoye, buscar una oportunidad o abrirse campo es muy bravo; no te tratan bien, pasas odiseas y es como para dejarlo; pero yo seguí, y seguí hasta llegar a Bolivia, donde soy muy feliz”.

Antes, Regis pasó etapas complicadas en su Brasil natal, en Argentina y en Paraguay, donde cobraba poco, con demora, por eso decidió tomar nuevos rumbos y llegó a Bolivia en 2007, donde se quedó a radicar.

“Llegué a Santa Cruz para un amistoso con Oriente. En un minibús pequeño vinimos apretados como 15 jugadores, tres días en carretera, mal alimentados y con un empresario déspota. La Policía no nos dejó pasar la frontera y dormimos ahí mismo. Llegamos el domingo 4 por la mañana y ese mismo día era el partido a las 12.00 en la sede del club”.

En esa oportunidad, en la sede de Oriente no alcanzaban las camas y algunos durmieron en el piso. Igual, horas después empataron 3-3 en el amistoso, él marcó dos goles e hizo el pase gol. “Gracias a Dios ese día todo me salía, todo, jugadas, goles y el entrenador Néstor Clausen me vio y pidió que me quedara y así empezó mi historia en Bolivia. Pese a todos los sufrimientos, estoy agradecido con Dios porque me ayudó a nunca bajar los brazos. Yo no quiero volver a mi pueblo derrotado, fracasado, todo lo contrario”.

Cuenta que si bien entró a Bolivia por el oriente, en La Paz Fútbol Club cumplió sus sueños: jugó Copa Libertadores frente al Atlas mexicano y la Sudamericana ante el Olimpia paraguayo.

“Volver a Paraguay de tiempo y jugar esas copas para mí fue una gran emoción, porque ahí fue donde pasé hambre por falta de pago de salarios, en cambio entonces jugaba copas importantes. Ahí me di cuenta de que valía la pena todo el esfuerzo y los sacrificios marcados”.

Esa campaña en La Paz FC le permitió dar el salto a The Strongest, club con el que logró en 2011 el primero de tres títulos seguidos.

“Nunca me fijé en la comodidad, las condiciones, el lugar, lo único que siempre reclamo es el pago acordado, como cualquier jugador; después yo soy un hombre luchador, que busco mi sueño, como clarito dice Pablo Escobar: ‘Prohibido desistir’”.

Tras su etapa en los clubes de la División Profesional, De Souza se hizo un jugador cotizado en el Nacional B, desde clubes como Oruro Royal, Ramiro Castillo, Real América de Santa Cruz, Deportivo Kala, Sur Car, Always Ready, Unión Maestranza de Viacha y actualmente en el club potosino Stormers San Lorenzo, líder actual del Grupo C de la Copa Simón Bolívar.

“Sé que hay gente envidiosa que habla de conformismo, pero yo más bien soy un agradecido con Dios porque siempre me da la oportunidad de jugar, pese a algunas injusticias como cuando el mexicano David de la Torre no me tomó en cuenta en Always”.

Entre sus experiencias está haber ido a África, a Sudán, donde estuvo un semestre y se encontró con una realidad y ambiente radicalmente opuestos a Sudamérica. “Firmé contrato por cuatro años, pero me quedé seis meses, hasta el mismo presidente de mi club Al Jilal era un dictador, tenía orientación musulmana y pues todo era muy complicado”.

Es feliz por jugar en calor, humedad, altitud, nieve, frío. “Yo encantado con todas las variedades de la naturaleza en nuestro país. En Bolivia tengo mi familia de acá y trabajaré para ella de lo que se presente. Estudiaré para ser DT”.

La ilusión es ascender con San Lorenzo a la División Profesional y darle a Llallagua y Catavi un club de primera. “Se está construyendo un estadio para 20.000 personas y cancha no nos va a faltar. Es cuestión que nosotros ascendamos”.

Peregrinó por Brasil, Argentina y  Paraguay

Los inicios de Regis de Souza en el fútbol fueron duros: peregrinó por Brasil, Argentina y Paraguay, donde no le pagaban puntual, pero pudo más su necesidad de salir adelante y no volver a su pueblo sin nada.

Con 17 años pudo llegar a la primera de Gremio, donde se entrenó dos meses con el plantel profesional, como un juvenil más, pero como la competencia es todos los días, surgieron otros jóvenes futbolistas a quienes dieron más opciones, entonces tuvo que buscar nuevos rumbos.

“Salir del pueblo fue difícil, di pelea y luché mucho. En Brasil es complicado, hay miles de jugadores. Luego un empresario me llevó a Argentina, entrené en Banfield, el equipo que dirigía Julio César Falcioni, pero los técnicos daban prioridad a los mismos argentinos, además el libro de pases estaba cerrado”, recuerda.

Con ese panorama, y sin recursos, Regis debía esperar las ganas del promotor de pagar la alimentación y el hospedaje por estar en otro país, donde no conocía a absolutamente nadie.

Tomó un bus rumbo a Paraguay, llegó a Asunción en 2000, tuvo continuidad y debutó a nivel profesional en Cerró Corá, donde estuvo seis años. “Debuté ante 12 de Octubre de Itagüá. Al frente lo tuve a Salvador Cabañas, nunca lo olvido. Fue mi primer partido y luego vinieron cientos de partidos, aunque era un equipo humilde”, recuerda el volante.

De ese equipo humilde, donde no siempre podía cobrar, dio el salto a Bolivia, la otra parte de su historia.

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