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Guido Loayza : ‘Trabajé mucho por el fútbol y también recibí del fútbol mucho’

Se retira a sus cuarteles de forma definitiva un bolivarista de cepa. Su corazón celeste lo llevó a incorporarse al club de sus amores como dirigente en 1982.

Loayza, dirigente de Bolívar por casi 40 años. Foto: Archivo-La Razón

Loayza, dirigente de Bolívar por casi 40 años. Foto: Archivo-La Razón

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Asturizaga / La Paz

12:28 / 27 de enero de 2020

Guido Loayza le dice adiós al fútbol. Dirigente por casi 40 años, está a punto de “colgar” los cachos. Es considerado uno de los mejores dirigentes en la historia del fútbol boliviano, en especial por su mejor época, la de los años 90, cuando entre 1992 y 1994 fue presidente de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) y bajo su mando la selección nacional se clasificó por única vez a un Mundial por mérito propio, el de Estados Unidos 1994, un éxito irrepetible hasta hoy en el que descansa su mayor logro y su máximo orgullo.

Se retira a sus cuarteles de forma definitiva un bolivarista de cepa. Su corazón celeste lo llevó a incorporarse al club de sus amores como dirigente en 1982. Desde entonces, como parte de una camada formada por el inolvidable Mario Mercado Vaca Guzmán —de quien fue amigo y estrecho colaborador— fue haciendo una carrera que, tras varios saltos, lo llevó a ser presidente del club en los últimos 10 años.

Loayza está carreteando los últimos días como dirigente. A fin de mes, la Academia tendrá elecciones de directorio, ya sin él, porque no será más candidato, y luego de ello le tocará entregar el bastón de mando a su sucesor y ponerle fin sin vuelta a esta más de media vida que le ha dedicado al fútbol.

Quizás no se va como él hubiera querido: si lo mejor que vivió fue con la selección y con Bolívar también tuvo sus logros deportivos, con títulos y más títulos, este decenio final le ha dejado un sabor amargo, porque de haber salvado al club de una cuasi de-saparición cuando le tocó regresar, no ha podido ir más allá, así que deja un punto débil, el no haber fortalecido la infraestructura ni haber hecho realidad el sueño de todos los celestes y en particular el suyo, un estadio nuevo que está lejano…

— A los dirigentes también les llega la hora de decir adiós al fútbol. ¿Cómo vive este momento, Guido?

— Sí y en mi caso creo que es un retiro tardío. Debí haberme retirado antes, en realidad sucedió eso en 1995 para dedicarme exclusivamente a mi profesión. No pensaba en volver al fútbol, trabajaba en una empresa en Argentina, pero volví coincidiendo con la época en que la situación en la que se encontraba Bolívar era crítica en lo institucional, económico y deportivo, así que me pidieron que me hiciera cargo y que ayudara a arreglar el problema.

—¿Qué hizo entonces?

—Después de la primera reunión con Mauro Cuéllar (el expresidente, en cuya gestión el club vivió una fuerte crisis) vi que no había una solución, así que les dije (a los dirigentes que se lo pidieron) que no podía hacer nada excepto ir a visitar a un amigo y tratar de convencerle para que ayude en el salvataje del Bolívar y que se avenga a este proyecto. Me costó, pero finalmente Marcelo Claure aceptó, aunque me puso dos condiciones: la primera fue que en dos meses teníamos que tomar el mando del club y retirar al presidente Cuéllar; y, la segunda, que yo me hiciera cargo. Era complicado, pero lo hicimos con asambleas y movilizaciones, fue una campaña proselitista fantástica y logramos ganar con el gran aporte del ingeniero Javier Zuleta y de Mario Lara, quienes cumplían con los requisitos para ser candidatos y fueron los hombres de la transición.

—¿Usted no cumplía los requisitos para ser presidente?

— Estaba volviendo de Argentina, no tenía nada. Luego ellos se juntaron al proyecto, ganamos las elecciones y ya pudimos traer a Claure. Así empecé y volví al fútbol hasta hoy. Debí haberme ido mucho antes, pero no me arrepiento, pues he trabajado mucho para el fútbol, como también recibí del fútbol mucho. He tenido la suerte de que las alegrías fueron mayores que las penas que son lógicas en cualquier actividad.

—¿En 2009 pensaba en un ciclo de 10 años?

—No. Pensaba estar por un corto tiempo, máximo una gestión y después dejar, pero se fueron dando las cosas y a veces la gente hace difícil que uno lo deje, hasta se acostumbra. Y ahora ocurrirá que voy a dejar el club y Bolívar tendrá que acostumbrarse a vivir sin los Loayza, porque casualmente y por razones de trabajo mi hijo Álvaro también se retira. Siempre estaremos ligados al club, pero el Bolívar tendrá que buscar un nuevo camino.

— ¿Cuál fue su mayor logro?

— Creo que el gran logro fue seguir con el legado de Mario Mercado, él no solo conseguía campeonatos o hacía infraestructura, él construía y así formó una pléyade de dirigentes, como que me siento un discípulo de él. Creo que el mejor homenaje que pude hacerle es haber tomado sus enseñanzas y haberlas transmitido en Bolívar, pues son cosas de las que él se sentiría muy orgulloso.

— ¿Considera que le va a dejar la vara muy alta a toda la dirigencia del fútbol boliviano?

— Pienso que he sido un bendecido con la suerte. El fútbol es el juego con más azar, donde nosotros hemos podido hacer las cosas bien, con dedicación de mucho tiempo y esfuerzo, pensando mucho en los detalles y consolidando equipos de trabajo. Buscamos jóvenes dirigentes y dirigentes consolidados que se dedicaron desinteresadamente y sin recibir ningún sueldo. Esta no es una labor de un francotirador, de uno solo, es labor de equipo y en esa medida las cosas han funcionado. Ese equipo de dirigentes ha sabido elegir técnicos, traer jugadores, elegir a sus colaboradores en las distintas áreas; entonces, la gran responsabilidad de éxitos y fracasos pasan por el dirigente.

Mercado trataba siempre de conseguir a los mejores en su empresa y en el club, así que el trabajo pesado lo hacían los dirigentes. En mi caso, siempre tuve buenos equipos, con gente que pasó como anónima y que sabía mucho de fútbol, pero que también aprendió mucho más de fútbol en el camino. De esa manera, nosotros somos sucesores de una tradición, de una mística, de una escuela que quiero que se mantenga, que ser dirigente de Bolívar tenga características especiales. En la época de Mario se decía que lo mejor del club era su dirigencia, me gustaría que así sea siempre, que no cualquiera entre a manejar el club, porque para ser dirigente hay que ser muy bolivarista, enfermo de Bolívar, saber y querer al fútbol, conocer sus capacidades profesionales y los valores de una institución deportiva.

—¿Qué le dice ‘Claure, presidente’?

—Confío mucho, me siento feliz de haberlo invitado para que venga al fútbol boliviano, ahora todos lo conocen en el país. Es una cosa linda que se haga cargo del plantel más grande y laureado de Bolivia y deje su impronta. Ojalá que la gente quede feliz con Claure porque hizo el estadio, obtuvo el título 30 que Loayza no pudo, o sea que los bolivaristas lleguemos al centenario con 35 campeonatos y con estadio. Ojalá que se quede los diez años que le quedan con BAISA SRL. Después de eso me aterra pensar porque el fútbol tiene cosas y al club hay que cuidarlo mucho. En nueve años (de la gestión de Cuéllar) se quedó en nada el patrimonio de Mario Mercado.

—Pero usted estuvo 10 años y más allá de salvar al club, como dice, éste no avanzó en infraestructura, incluso retrocedió. ¿No le parece que eso queda pendiente?

—La infraestructura puede ser. Hemos trabajado mucho para hacer el proyecto del estadio de Tembladerani. Soy un fanático de hacer estadio ahí, trabajamos mucho y sabemos que La Paz es una ciudad muy difícil. Tembladerani es uno de los mejores lugares para hacer un estadio, hicimos un proyecto como necesita el Bolívar, de 35.000 personas, un escenario para no salir nunca, jugar ahí todos los partidos locales e internacionales.

Pero hicimos otras cosas, pues recibimos un club quebrado, estaba muerto y ahora que se arregló se preguntan cuándo van a tener estadio u oficinas. Las oficinas las vamos a tener el próximo mes.

—¿En el edificio Mario Mercado?

—Claro, son los bienes del Bolívar y los tendremos en ese tiempo. El estadio lo vamos a hacer, pero hay que tomar un poco de aire, lo ideal sería que esté para el centenario. Claro que cuando tengamos dirán ‘qué fue del centro de alto rendimiento y dónde está la sede’.

 —Es que el hincha reclama…

 —No es el hincha, es otra gente, pero está bien, siempre hay que soñar: uno tiene su departamento y sueña con algo más grande o tiene deseos de cambiar el auto, entones siempre hay sueños que hay que ir cumpliéndolos. El Bolívar es un ente que se va haciendo mes a mes, año a año, ese es el gran mensaje

—¿Usted ganó dinero como dirigente?

— Una entidad deportiva es diferente a cualquier empresa, Acá uno entra y se rompe para no ganar plata, entra para dar alegrías a miles de personas, especialmente a los niños que se alegran por un éxito. Uno tiene que ver si una persona tiene esas características para ser dirigente, uno no puede llegar para llevarse plata. Antes el comentario era que la decena de dirigentes que llegaban a un club era para poner su capacidad y esfuerzo sin esperar recompensa, el fútbol no te daba nada, todo era un asunto emocional. Ahora el fútbol se volvió un gran negocio, hoy todos ganan con el fútbol y hay gente que lo ve como un negocio; sin embargo, para nosotros no es así.

—¿El Bolívar no es negocio?

—No es un negocio, se puede generar dinero y eso hay que precautelar, esa enseñanza de Mario Mercado hay que tratar de mantener. Pero desde que a comienzo de 1982 empecé con la labor de dirigente ¿cuántos sueldos he recibido?, ninguno, nunca he recibido un peso del fútbol. Dejé la FBF cuando podía quedarme a cumplir un lustro prodigioso de jugar tras las eliminatorias la Copa América de 1995 y la que organizó Bolivia en 1997 y pude cerrar un ciclo exitoso, pero no lo hice.

—¿Por qué no se quedó?

—Porque no he sacado jamás un peso del fútbol. ‘¿De qué vivo?’, me pregunté. Había descuidado mi profesión y empresa dos años. La gente me decía ‘quédate’. Si me daban 10.000 dólares por mes me quedaba, además había 10 millones de dólares en la caja, con ese equipo mejorándolo, haciendo cambios graduales y trabajando, podíamos haber avanzado más; pero no seguí porque no vivo del fútbol, en tantísimos años no recibí un sueldo de dirigente, jamás.

—¿Qué se lleva de su experiencia como dirigente?

—Grandes alegrías y títulos. Jamás me voy a olvidar la clasificación de Bolivia al Mundial, logramos generar un movimiento cívico más grande de la historia del país. Todos los bolivianos sin distinción de edad, género o aficiones políticas de regiones y de tantas cosas que nos dividen se quedaron afuera, todos estuvimos detrás de un sueño. Fue lo mismo en Charaña y en Guayaramerín, fue una cosa inolvidable. Lo del 89, el 93,    el 97, fue un rosario de éxitos que hubiera puesto a Bolivia en otro nivel si seguía.

—¿Qué pasó entonces después de la clasificación y el Mundial del 94?

—Ese éxito se convirtió en un fuego de artificio, en un hecho aislado que lo recordamos cada tanto y nos acordamos de Etcheverry, Sánchez, Borja y Soria, de Azkargorta, de Loayza. Eso debió repetirse y mejorar y no lo hicimos porque se perdió el fuego que hay que tener para el éxito. El gran secreto, lo más importante para ganar es saber cuáles son las razones no futbolísticas del éxito futbolístico. No pensar en sistemas tácticos, el triunfo no está ahí, uno debe ver y estudiar los factores, la forma de pensar de los dirigentes, jugadores y entrenadores. El éxito no está en cómo pararse en la cancha, sino en cómo se piensa, ahí está el secreto de esto.

— Usted dijo que es un ‘enfermo de Bolívar’. ¿También es un enfermo del fútbol?

—Éramos tres hermanos, mi padre era militar, edecán de Gualberto Villarroel, no lo colgaron, pero fue desterrado y nosotros nos fuimos a vivir con los familiares, teníamos un tío joven (Antonio Mariaca) que nos tomó a su cargo, él era pintor y para que lo dejáramos tranquilo nos daba revistas deportivas con la condición de aprender las nóminas de los clubes y nos acostumbramos a hablar de fútbol. Dos de los hermanos elegimos a Bolívar y uno a The Strongest. Íbamos cada fin de semana al estadio y conocimos a Víctor Agustín Ugarte y otros famosos de la época, nos hicimos amigos de todos porque entrábamos a los vestuarios y sabíamos alineaciones porque vivíamos fútbol desde los picados en el barrio, el colegio y en las canchas. Al margen de esa pasión por el fútbol aprendimos a ser tolerantes y respetuosos de los equipos que elegimos ser hinchas. Mi abuelo y mi hermano y otros familiares eran de The Strongest.

—¿Que hará una vez que entregue el mando?

—Estaré en la tribuna, espero que me asignen un estacionamiento después de tantos años de actividad dirigencial. Uno tiene un gran rival que es la televisión, pero si no voy a la cancha no veo el fútbol. Me encanta ver a la gente que va siempre, hay personas que están en partidos de lleno completo y de amistosos en el mismo lugar, nunca fallan, esa gente me encanta. En cambio, lo que hace la televisión es mucho lío, ahí uno no ve el partido que quiere sino el que quiere el realizador, que en Bolivia (los realizadores) son malos.

—¿Irá a Tembladerani?

—Cómo no, los jugadores me pidieron. Juan Carlos Arce, en nombre del plantel, me solicitó que no deje de ir, me dijo que me necesitan y que es una costumbre que vaya.

—¿Se dedicará más a su familia?

—Siempre le presté atención a mi familia, pero le di más atención a mi profesión de ingeniero. La gente sabe más de mí por el fútbol, pero creo que hice cosas más importantes y mejores como ingeniero que como dirigente.

—Usted llevó a Bolivia a un Mundial, ¿no cuenta eso?

— Me ponen eso y tambaleo un poco, pero sostengo que hice más cosas como ingeniero porque de eso he vivido, en cambio del fútbol no he vivido.

—¿Se va en un buen momento? ¿Se va cansado?

—Estoy entero, pero me parece irresponsable quedarme cuando dije que me voy. Terminó mi gestión y ya está. Dentro de cuatro años seguiré como hoy, bien.

— ¿Qué le dijo Claure sobre su decisión?

—Él agradece, no sé si estaba seguro de que iba a cumplir mi decisión de irme. No sé si él sabría que yo no iba a ceder a los pedidos para que me quede. Me voy bien, tranquilo, además ese es mi estilo, hago una cosa y la dejo, se acabó.

—¿Fue así siempre su vida?

—Recuerdo que cuando dejé la Superintendencia de Telecomunicaciones, por ley no podía practicar mi profesión por dos años porque manejaba inversión privilegiada, me fui al exterior con otro desafío impresionante, agarré una empresa pequeña y la dejé como una fábrica que vendía mil millones.

—¿Qué quiere decir con eso?

— Que no muero de nostalgia, nunca me ha ocurrido eso. Dejé el colegio y a otra cosa, con la universidad pasó lo mismo, es que yo quemo las naves. Nunca me interesó la plata, tengo más de lo que necesito, no quiero tener yate ni avión propio, prefiero mis libros, escribir, tal vez lo pueda hacer ahora.

—¿Volvería al fútbol?

—Si hay un proyecto nuevo por ahí lo agarro. Siempre tengo sueños, el día que no tenga eso quiere decir que me estoy envejeciendo.

  • Loayza (izq.) cuando era colaborador de Mario Mercado en una visita de Carlos Bilardo a Tembladerani. Foto: Archivo

‘Jamás nos vamos a traicionar’

Guido Loayza ha sido un dirigente polémico y contestatario en el último tiempo. Su mayor derrota fue no haber vuelto a la Federación Boliviana de Fútbol (FBF) como presidente. Han sido años en los que sus diferencias de criterio han sido muy marcadas con otros directivos, en especial con César Salinas, titular federativo y su entorno. En ese sentido, se va del deporte de sus amores con los sinsabores que le ha dejado la última época.

—¿Por qué hay tan fuertes diferencias con dirigentes de The Strongest? En otros tiempos celestes y atigrados eran como hermanos, si bien rivales de siempre…

—Con Jorge Pacheco hubo respeto y cordialidad, con Sergio Asbún mucho más, con Kurt Reintsch hicimos una amistad, no lo conocía, pero fue buena relación, almorzábamos antes de los clásicos porque queríamos seguir con la escuela que dejaron Mario Mercado y Rafael Mendoza, dos grandes amigos que en el momento del partido eran enemigos y luego volvían a ser socios. Uno encuentra excelentes personas en Bolívar y en The Strongest, como también habrá de los otros, pero en general hay que respetarse.

—¿Con Salinas se quebró esa relación?

—Creo que el señor Salinas llegó sin mucha experiencia, sin esa vida del clásico y alguien le influenció y le hizo ver que Bolívar y The Strongest somos enemigos y no debemos vernos e hicieron de eso una apología. Todos son testigos de que yo he estado con tres direcciones de The Strongest y nos hemos llevado siempre bien, sin que haya menoscabo del amor a nuestro club.

—¿Lo de Salinas se acrecentó con lo de la Federación?

—Creo que murió ahí la rivalidad, no hay problema. El momento en que gana uno se acabó. Pero nosotros sabemos por qué no hemos llegado y es que jamás nos vamos a traicionar, nunca haremos algo que esté reñido con lo que somos, lo que traemos o es nuestra forma de hacer deporte, eso nos trajo muchos problemas pero no vamos a traicionarnos. No-sotros llegamos con nuestros valores, no sin ellos.

—¿Qué tipo de oposición es Bolívar en la FBF?

—Bolívar siempre fue oposición constructiva. Desde que llegué a la presidencia de Bolívar siempre me tocó lo más difícil, fueron ocho años de oposición a Carlos Chávez (+) y el tiempo nos dio la razón a Claure y a mí, pero nos costó mucho. En el caso de la gestión de Salinas, nosotros dijimos que íbamos a hacer esto, presentamos un plan, un proyecto, pero los votantes decidieron la otra opción que es lo que le toca ahora al fútbol boliviano, eligieron otra opción y esa es su opción. En el asunto de Chávez veíamos con claridad lo que pasó y denunciamos y empezaron calumnias, la guerra sucia que la aceptamos y nuestra lucha fue infructuosa, que no iba a terminar en nada porque todo estaba tan cerrado, bien manejado desde la FIFA. No podía creer cuando el 27 de mayo de 2015 aparece el séptimo de caballería como en las viejas películas y se mete al hotel, fueron los americanos y suizos los que rompieron eso, no lo podían hacer otros porque el pueblo los mataba o tenías que ponerte de rodillas. A ellos no les importó eso y fueron en favor de la justicia y la gente se dio cuenta de que teníamos la razón y quedó claro con acusaciones, confesiones y pruebas de que millones de dólares se habían dividido dirigentes en detrimento del fútbol de sus países.

—¿En Bolivia también?

—No podíamos renunciar a esa lucha como Bolívar, el club y la dirigencia que estuvo y la que viene y la que siga la va a tener porque nuestro presidente Mario Mercado murió, dio su vida, murió quemado por tratar de salvar el fútbol boliviano un día de fin de semana. Seríamos unos traidores a nuestra camiseta, a nuestra historia y honor si no continuamos en una lucha permanente para que el fútbol cambie. Estamos obligados a seguir y me voy tranquilo porque lo he hecho hasta el último día con respeto, argumentos y sin malas armas.

—¿No pudo conseguir ese acercamiento?

—Fuimos y aportamos, pero cuando hay posiciones cerradas no hay posibilidad de diálogo. No creo que sea Salinas, sino que hay gente que no quiere saber de diálogo.

  • Guido (izq.) y Azkargorta celebran el triunfo de 1993 contra Brasil. Foto: Libro Salto al futuro

Azkargorta, el amigo que fue

Xabier Azkargorta fue lo mejor que le pasó a Guido Loayza en el fútbol. Su decisión de traerlo como seleccionador nacional terminó en la gran clasificación de Bolivia al Mundial de Estados Unidos 1994. En esa época empezó una amistad que parecía inquebrantable, pero que se rompió cuando se volvieron a juntar, esta vez en Bolívar.

—¿Se peleó con Xabier Azkargorta?, él se declaró traicionado porque supuestamente los dos debían renunciar a Bolívar y usted no lo hizo

—Puede haber tenido alguna razón Xabier en eso, pero en el fondo, en lo profundo de la cuestión, yo lo traje a la selección boliviana y él sabe. Me dijeron que traje a un ilustre desconocido, sin embargo trabajamos bien. La prensa nos dio duro, salieron titulares con bronca. Yo dije ‘guarden saliva y tinta porque Azkargorta se queda hasta terminar su contrato’. Fue atroz por perder un partido amistoso. Fue así, nos fuimos a Ecuador, hicimos una gran Copa América y luego vino el éxito de las eliminatorias e hicimos una muy buena amistad. Luego del éxito los dos nos fuimos (de la Federación Boliviana de Fútbol).

—¿Qué pasó en Bolívar?

—Cuando llegué a Bolívar propuse que viniera Azkargorta y me dijeron que estaba loco, entonces al final me impuse, nos volvimos a juntar y trabajamos. Hicimos una gran gestión, ganamos el bicampeonato y las semifinales de la Copa Libertadores.

— Hasta que rompieron…

 —Quizás fue mi error, las cosas se dieron como se dan siempre en el fútbol, empieza y termina y cuando debían terminar yo debería haberle dicho: ‘bueno, Xabier, se acabó, ya no hay nada qué hacer y ya’. Se presentaron cantidad de cosas que me molestaron y no le dije así, le doré la píldora y eso posiblemente para Xabier fue un gran pecado, como vasco quizá prefería que le dijera las cosas más francas.

—¿Usted no pensaba en irse?

—Pensaba, había problemas, pero no me dejaron, estaba bastante cansado porque esto te cansa a veces, sobre todo por las condiciones que tenía. No estaba acostumbrado a compartir, soy bastante autoritario se hacen las cosas a mi estilo, a mi manera, discuto y estoy seguro que la voy a ganar, si veo que el otro tiene la razón se la doy, pero con discusión. Así trabajaba con Azkargorta, incluso con la elección de jugadores y me he peleado por algunos como Luis Cristaldo y lo mismo pasó con Jorge Habegger por Erwin Romero. Con Azkargorta hubo peleas y discusiones pero con buen ánimo de hacer las cosas bien

—¿Es ahora su amigo?

—Nos llevamos bien, tenemos muchas cosas en común pero ya no con el afecto que nos teníamos, igual nos encontramos y charlamos porque hay más cosas que nos unen que las que nos separan. Pero no se preocupen, el fútbol genera grandes afectos y desafectos, hubo grandes jugadores a los que uno tuvo que decir que se vayan, esa es la obligación de ser dirigente, no es todo lindo. Tiene cosas desagradables porque hay muchachos que quieres y respetas y un día tienes que separarte de ellos.

(27/10/2019)

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