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Y aCATARán que mientras haya vida es posible luchar

Es que el equipo que conduce Berizzo, con algo más de media hora por delante, ganaba dos a cero. Y no supo controlar el ritmo de juego para confirmar el éxito.

La Razón (Edición Impresa) / Óscar Dorado Vega

14:02 / 17 de junio de 2019

Partido interesante y entretenido. De hecho, hasta el cierre de esta columna, el de más goles en lo que va del campeonato. Con sensaciones distintas, eso sí. Un castigo a Paraguay. Un premio al campeón asiático y anfitrión de la próxima Copa del Mundo.

Es que el equipo que conduce Berizzo, con algo más de media hora por delante, ganaba dos a cero. Y no supo controlar el ritmo de juego para confirmar el éxito. O acaso subestimó el poder de reacción del adversario. Entre una y otra circunstancia, el resultado pasó a ser empate. Y si hubo un cuadro que sobre el final estuvo más cerca del triunfo fue Catar.

Ni siquiera le sirvió a la albirroja partir con un tanto de vestuario. Es que el comienzo del andamiaje escarlata ofreció un grado mayor de desasosiego y la mano de Pedro — zaguero central nacido en Portugal y conocido como Ró-Ró— dio lugar al indiscutible tiro penal que Óscar Cardozo convirtió de manera impecable.

La ventaja relajó incomprensiblemente a Paraguay. Es verdad, también, que Catar se despojó del miedo escénico y abrió —al margen de algunas ingenuidades—  la compuerta a su verdadera expresión de juego: mucho despliegue físico, velocidad, buena dosis de quite y dos o tres individualidades técnicamente dotadas. Además, por cierto, de actitud. Para no desechar ningún balón. Para remontar lo que daba la impresión de estar perdido.

La igualdad pudo llegar antes del cuarto de hora: Al Haydos no logró empalmar, por fracción de segundo, en la boca misma del arco. Cuasi insólito. Posteriormente, hubo un par de llegadas que el arquero Fernández conjuró. Consecuencia de las dificultades existentes en la zaga y también debido a que Domínguez, enfrente, desaprovechó una clara ocasión de ampliar.

El ingreso de Derlis González —sustituyó luego del entretiempo al amonestado Hernán Pérez— inyectó mayor volumen al ataque del hasta entonces vencedor. No solo porque con un estupendo derechazo estiró la diferencia (ya antes participó de una conquista anulada por el VAR a Cardozo) sino porque se animó a encarar con picardía en el carril derecho y demostró que está para ser titular.

Sin embargo, Paraguay incurrió nuevamente en la equivocación del periodo inicial. Se dejó estar en la creencia de un trabajo culminado antes de tiempo y exhibió, asimismo, serias falencias en obstruir pases entre líneas. Ahí a ras de piso, en asistencias punzantes, acusó una carencia mayúscula.

Catar es una selección de fútbol simple, pero —a la luz de lo que la televisión trajo desde el Maracaná— efectiva. Ni bien encuentra la oportunidad de recobrar la pelota hay receptores a disposición y transiciones correctamente operadas. Cuenta con un atributo valioso y no común: precisión en dinámica.

En la medianía de la fracción Alí Almoez despachó un disparo que rozó en Richard Ortiz y estableció (magnífica comba) el descuento. Minutos más tarde una notable asociación posibilitó que Boualem Khoukhi quedara cara a cara con el arquero, lo superó con un remate débil y Rodrigo Rojas, en el afán de rechazar, personificó el primer autogol copero.

El triunfo paraguayo se diluyó como agua entre las manos. En alta medida por deficiencias para aquietar el balón y distribuirlo adecuadamente. Los dirigidos por el español Sánchez se revelaron como un seleccionado que de relleno tiene poco.

Hay viejas lecciones que no por ello quedan despojadas de vigencia y este cotejo las revalidó.

El equilibrio numérico del desenlace tuvo, sin duda, sabores diferentes. Hubo razones para ello.

Es periodista.

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