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Luz roja: el dramático promedio de gol del Sub-20

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

07:23 / 18 de febrero de 2019

Hazaña…? Sí, hazaña. Ecuador rompió todos los moldes y se coronó en Chile campeón Su- damericano Sub-20. Hazaña por el mérito: venció dos veces a Argentina, empató con Brasil, derrotó a otros dos fuertes como Colombia y Paraguay, y también a Perú y Venezuela. Proeza sobre todo por las características especiales de nuestro continente futbolístico, que reúne solo a 10 países y tres de ellos son los más grandes productores históricos de talentos que haya dado el mundo: Argentina, Brasil y Uruguay. Últimamente se ha agregado un cuarto muy prolífico: Colombia. Es imperativo recordar que, de este Sudamericano, cuyo nombre en verdad es Juventud de América, surgieron Romerito, Maradona, Valderrama, Chilavert, Francescoli, Romario, Higuita, Ronaldinho, Salas, Riquelme, Dani Alves, Messi, Falcao García, Arturo Vidal, Tévez, Cavani, Neymar, Quintero y decenas más. Además, dadas las características de nuestros torneos, no hay cómo salvarse de enfrentarlos, uno se topa con ellos en la fase de grupos o en la ronda final. Tal vez no hubiera sido justo que terminara primero Argentina y segundo Ecuador, cuando éste lo había superado en dos ocasiones. Pero esos vericuetos tiene el fútbol que contribuyen a hacerlo tan apasionante.

“Acá lo vemos como hazaña —dice Ricardo Vasconcellos, editor de Deportes de El Universo—. Si ganas un campeonato donde están Argentina, Brasil y Uruguay anda cerca de eso. Ecuador empezó en los torneos de selecciones de Conmebol hace 80 años; debutó en los sudamericanos juveniles en 1954 en Caracas, 65 años atrás, y recién gana algo. Título, medalla de oro, vuelta olímpica, el goleador, primero de grupo, al Mundial como monarca de Sudamérica y jugando bien al fútbol. ¡Es una maravilla…! Es un alegrón tremendo, todavía no lo asimilamos… Toda una vida siguiendo a tu selección y verla por primera vez levantar un trofeo… Es nuevo todo esto, y es muy lindo”, dice, con entusiasmo juvenil y sin esconder al hincha que desde los seis o siete años iba a la grada a ver a su Ecuador.

Hay que agregar otros ítems: el equipo que más ganó y el más goleador (14 tantos). Y en el once ideal conformado por el diario Marca, sobresalen varias camisetas amarillas, pero esta vez no son de Brasil, sino de Ecuador. Hay cuatro: el lateral izquierdo Diego Palacios, el volante José Cifuentes, de Universidad Católica, el mediapunta Alexander Alvarado, del Aucas, y el goleador barcelonista Leonardo Campana, posiblemente la figura estelar del torneo junto al zaguero Nehuén Pérez, surgido en Argentinos Juniors pero ya transferido al Atlético de Madrid. Tal vez faltó Rezabala en esa selección, un zurdo tipo Juan Fernando Quintero, con manejo, habilidad y osadía. La cereza del postre: en largos pasajes mostró un fútbol agradable, Ecuador, siempre con intención de jugar por abajo, tocando, gracias a ese cuarteto de mediocampo hacia delante conformado por Cifuentes, Rezabala, Campana y Alvarado. Mérito del DT argentino Jorge Célico de juntarlos e inculcarles la posesión, el toque. No les dijo “Prefiero jugar mal y ganar”; sino lo opuesto: “Si queremos ganar debemos jugar bien”. Es una fórmula tan exitosa como la de la Coca-Cola. Ecuador puede mirar el futuro con ilusión: a su evolución técnica le agrega un impresionante biotipo físico, más impactante aún que el de brasileños o colombianos, que ya es bastante decir.

Sudamérica cuelga por primera vez el cuadro de Ecuador en la galería de los vencedores. Siempre es saludable que haya un campeón nuevo: genera diversidad, se ensancha la base de calidad, se abre el abanico y todos asumen que se puede. Ecuador rompe un estigma propio y marca un punto de inflexión en el historial: de 29 torneos, 11 fueron de Brasil, 8 de Uruguay, 5 de Argentina y 3 de Colombia, 27 para solo cuatro selecciones.

Una maravilla la definición, con solo empatar en el último encuentro con Brasil, sorprendente colista, Argentina sumaba su sexta corona. No pudo. Brasil necesitaba ganar por tres goles para clasificar al Mundial; tampoco pudo. Y Ecuador se coronó mirándolo desde la tribuna. Muy sano, un golpe a los malpensados. Igual, es meritorio lo de Argentina, que designó a su entrenador recién el 14 de diciembre y llegó a Chile con unos pocos entrenamientos. Todo muy típico de la AFA. Pese a ello, el técnico Fernando Batista (hermano de Sergio, el campeón del mundo) le instaló la misma idea de Célico: jugar al ras, cuidar el balón, atacar tocando. Con algunos retoques, puede andar bien en el Mundial de Polonia ese equipo.

La gran decepción, como dos años antes en Ecuador, fue Brasil. Que en un certamen que otorga cuatro plazas mundialistas no logre ninguna en dos ediciones seguidas indica un problema en un país que ha sido el número uno del fútbol mundial, productor de decenas de cracks y que tiene 60 veces más población que Uruguay o 12 y media más que Ecuador.

“Hay un consenso entre los periodistas deportivos del país que esta es la peor selección Sub-20 de la historia de Brasil. Pésima. Pero es lo que tenemos de jugadores, una generación ruin”, dice Chico Maia, reconocido comunicador mineiro. Su colega carioca Jorge Luiz Rodrigues coincide en lo pobre de la representación, pero lo matiza: “Faltó Vinicius, no prestado por el Real Madrid. Tampoco vinieron Paulinho, del Bayer Leverkusen; Mateus, del Leipzig. Y Rodrygo, que es del Real Madrid aunque continúa militando en el Santos, es buen jugador, pero jugó muy mal”.

Igual no tenía sentido que Vinicius viniera a este Sub-20, una categoría promocional para aprender y adquirir roce internacional. Él ya está para brillar en la Champions.

“El fútbol de base en Brasil pide socorro”, tituló Giovane Martineli, cronista del diario Lance. “Los clubes tratan muy mal la formación de talentos. En 2018, la CBF anunció un superávit en el ejercicio del año anterior de 50 millones de reales (13.500.000 dólares) más otros 361 millones (97.500.000 dólares) en caja. Pero, ¿el papel de la entidad es dar ganancia o fomentar el deporte en el país?”, pregunta. “No hay trabajo en la base. En los clubes, la situación no es muy diferente. Si ya en los equipos grandes es preocupante, en los medios y pequeños es aún peor. ¿Cómo pedir un proyecto de desarrollo deportivo si el objetivo es financiero?”, finaliza Martineli. Y lo más inquietante: los pocos juveniles con condiciones en los últimos tiempos ya fueron vendidos a Europa. Los fichan los Barcelona o Real Madrid antes de los 18 años. Y al cumplir 18 se van, como el mencionado Vinicius, un delantero que ha revivido al equipo de Santiago Solari.

Entre los muchos puntos altos del campeón resalta el de los goles: convirtió 14 en un torneo pavoroso en conquistas: apenas 60, con el bajísimo promedio de 1,71 por partido, el peor de toda la historia de Sudamérica incluyendo Copa América, Libertadores, todo. Colombia marcó 4 en 9 cotejos (0,44) y consiguió un boleto a Polonia. Pero entró porque apenas recibió 3. Estuvo casi 450 minutos sin recibir goles dentro del campeonato. También es una virtud.

Este del gol es un rubro demasiado inquietante para soslayarlo. En los anteriores 11 sudamericanos de la categoría, todos a 35 cotejos, se anotaron muchos más tantos. En 1997 y 1999 se marcaron casi el doble: 115, a 3,29 por juego. Y en otros la media fue de 3,26, 2,97, 2,85… Puede que la actual haya sido una excepción, lo sabremos en dos años, pero no deja de ser un índice dramático. Porque el Sub-20 refleja, en buena medida, lo que será el futuro. Y es otro ítem que se agrega al indiscutible declive de nuestro fútbol continental. ¡Cuidado…!

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