Marcas

La importancia del héroe

La Razón (Edición Impresa) / Ariadne Ávila

07:40 / 11 de julio de 2018

Las estrellas encandilan con su fulgor y no nos dejan mirar a los cuerpos opacos que se mueven cerca de ellas haciendo maravillas en el universo; además, si estos objetos tuvieran ojos, seguramente tampoco podrían ver nada más que el resplandor de la estrella. Y no, no estoy hablando de los planetas que, efectivamente, tienen como centro a la estrella, sino de esos fenómenos alucinantes y oscuros que no se dejan mirar. Sucede lo mismo en el fútbol. Los astros que desean iluminar demasiado la cancha, convierten el resto del juego en una mancha oscura y, a simple vista, uniforme que no hace más que servir como lienzo para destacar su brillo.

Ese es el caso de Messi, por ejemplo, que juega lindísimo pero no hace equipo; ese es el caso de Cristiano Ronaldo, que encandila a un equipo lleno de rostros opacos que difícilmente notamos o recordamos. Es la historia de algunos grandes del fútbol que dejaron anonadados a los miembros de su equipo y, en momentos cruciales, no brillaron lo suficiente.

¡He ahí la amenaza del astro!

Sucede que una selección sin su estrella, a veces colapsa.

Croacia tal vez juega contra Inglaterra en las semifinales sin dos de sus hombres, dos de los capos, y eso provoca escalofríos en los que le vamos con todo al Vatremi.

En los últimos minutos del partido de cuartos, jugado contra Rusia, Subasic se lastimó la pierna y nosotros pensamos que ya no iba a jugar más en el partido, pero siguió adelante (aunque dejando ver su dolor). Versaljko, la camiseta 2 del equipo croata y jugador del Atlético de Madrid, también se lastimó; se retiró de la cancha y se fue a descansar. La situación causa vértigo, pues ambos se han lucido en la cancha durante esta Copa y posiblemente no participen en la importante semifinal. El arquero de la selección ha dicho que sí va a jugar porque no es nada grave lo que tiene; pero el lunes no ha estado en el entrenamiento de su selección.

Nos asustamos, se nos eriza la piel, nos da vueltas el mundo y tememos que se repita la historia de siempre: los favoritos de toda la vida a finales y aquellos que llegaron con gotas de sudor y con una barra no tan ampulosa, a pelear por el tercer lugar. Tememos que Croacia no pueda superar su tercer puesto ganado en Francia 98. Y es que ya tenemos antecedentes de lo que significa jugar sin una estrella en la cancha.

Que te quiten el fulgor duele, porque entonces todo se ve opaco y sin brillo.

Recordemos: Mundial 94, roja para Etcheverry, Bolivia pierde y se esfuman las expectativas de avanzar en la Copa; 2017, Perú al Mundial, Guerrero no iba a jugar; no había esperanzas hasta que le quitaron la amonestación; final de Alemania 2006, expulsan a Zidane, ¡dolor de cabeza, jaqueca y la derrota para Francia!; 2014, Neymar se lesiona y 7-1, ¡punto! ¡no hay más que decir! Si la estrella brilla demasiado todos la ven resplandecer y le dan la pelota. “Pasale la pelota a Messi”, publicidad de este año… Argentina fuera. Pero, entonces, si no hay estrella sobre la cual girar, los cuerpos flotan suspendidos en la negrura.

Sin embargo, cuando hablamos de Croacia no hablamos de estrellas; sino de héroes de carne y hueso que se lanzan a la cancha por una bandera.

Ninguno de los jugadores del equipo se deja mirar tanto como para opacar al resto de los cuerpos en la cancha, ninguno hace que todo gire a su alrededor. Modric, el capitán, se equivocó en un tiro libre y no pasó nada, todos adelante sin desmoronarse. Vida metió un gol y festejó quitándose la polera, lo que le costó una amarilla, pero no se condena su impulsividad, se celebra su gol como se hubiera celebrado el de cualquier otro. ¡Ojo! Los goles se celebran, no se endiosan. Subasic defendió el arco, incluso con la pierna mal, y lo defendió bien, pues estaba haciendo su trabajo y tenía que terminarlo. Y ni qué decir de Rakitic, ese capo que se carga todo el peso del partido pateando los últimos penales, lo hace como si fuera su trabajo de todos los días; sus compañeros confían en él y él responde como debe, metiendo gol. Estos chicos en entrevistas hablan de las cualidades de los otros jugadores y todos se sienten afortunados de jugar para su selección.

Son héroes nacionales.

Un héroe defiende a capa y espada, pero sabe que no está solo y realiza sus hazañas en equipo, junto a todos sus compañeros. El héroe en el fútbol suda la camiseta sin buscar que su partido, SU partido, sea inolvidable. El héroe sabe cuál es su lugar en la cancha y sabe cómo hacer bien las cosas desde ahí, desde su puesto; y en caso de que fuera excesivamente necesario, se mueve hacia donde lo dirige el partido, no porque ve una oportunidad de hacerse estrella, sino porque tiene que lucharla. Por eso la selección croata se gana mi respeto, sus jugadores mi admiración y su equipo mi apoyo; porque ellos saben a dónde quieren llegar en el Mundial como país, no como seres individuales.

Muy probablemente Vraljko no juegue la semifinal, pues tiene una esguince de rodilla y eso es cosa seria; tal vez Subasic no pueda defender el arco contra Inglaterra, todavía habrá que ver qué dicen de su estado. Sin embargo, el equipo croata encontrará la forma adecuada de acomodar a sus héroes para jugar otro buen partido defendiendo hasta el final la camiseta. Ojalá puedan jugar ambos, porque se merecen ese instante de gloria que la selección no vive desde Francia 98, pero si no lo hacen… Croacia encontrará la solución.

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