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Neymar reedita la guerra por Di Stéfano entre Barça y Madrid

El gran delantero argentino-español de los 50, Alfredo Di Stéfano, con las camisetas de Barcelona y Real Madrid.

El gran delantero argentino-español de los 50, Alfredo Di Stéfano, con las camisetas de Barcelona y Real Madrid. Fotos: Jorge Barraza

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Barraza

09:38 / 02 de septiembre de 2019

Nuestro clásico era con el Atlético de Madrid, no con el Barcelona”, afirma Alfredo Di Stéfano en su famoso libro de memorias ‘Gracias, vieja’.

Efectivamente, el clásico global entre el Real Madrid y el Barça es bastante más reciente. Hasta 1953 eran dos clubes populares con cierta rivalidad, acaso más por razones políticas que deportivas. Barcelona encarnaba la República, el independentismo catalán, al Madrid se lo asociaba (y se lo asocia) con el gobierno de Franco.

Al menos en la idea del imaginario colectivo. A partir del fichaje de Alfredo Di Stéfano por el equipo merengue nace el distanciamiento, el encono irreductible. Las dos instituciones pugnaron febrilmente durante meses por su concurso y los catalanes lo tenían todo muy adelantado, pero de remontada los madrileños se hicieron con el jugador, cuyo rendimiento fue tan sensacional que cambió la historia del fútbol y tornó al Madrid en el club más ganador y popular del mundo. El cuadro blanco solo había ganado dos ligas en su historia —1932 y 1933—, con el liderazgo y los goles de la Saeta Rubia obtuvo 17 títulos, entre ellos 7 ligas y 5 copas de Europa. Y el reconocimiento universal.

Sesenta y seis años han transcurrido del pase del siglo —realmente lo fue—, y aún se sigue discutiendo. Se han escrito libros sobre el tema. En Barcelona insisten que se lo robaron, que el franquismo resultó decisivo para que el Madrid se quedara con el crack; en la otra vereda aseguran que todo se hizo regularmente y sin influencias gubernamentales. A partir de entonces nació, podría decirse, una repulsa entre ambos que va más allá del campo de juego.

Esta noche cierra el mercado de pases y los dos gigantes se encuentran aún agazapados, intentando conseguir el pase de Neymar, no tanto para disfrutarlo y reforzarse como para impedir que lo tenga el otro. A dos años de birlárselo al FC Barcelona mediante el pago de la cláusula de rescisión de 222 millones de euros, el París Saint Germain no pudo conquistar la Champions League, objetivo primordial buscado con la contratación del jugador. Mucho peor, está hasta la corona del vedetismo, las exigencias, los desplantes, las lesiones, las fiestas y las ausencias del brasileño. Con lo cual, quiere quitárselo de encima, al punto de haber dado la orden a su técnico Thomas Tuchel de no alinearlo de momento hasta resolverse su situación.

Nadie puede presumir de no necesitar a Ney. Más allá de su infantilismo, su amor a la noche y de no tener su cabeza en el fútbol, se trata sin duda de un futbolista excepcional, desequilibrante, lleno de fantasía, gambetas y goles. Eso está fuera de discusión..

Barcelona tenía el plantel completo con las rutilantes llegadas de De Jong y Griezmann, sin embargo, insistentes llamadas de Neymar a sus viejos compañeros del Barça, y del entorno de Ney a las oficinas del club azulgrana manifestando el deseo de volver “al lugar de donde nunca debió irse” y sobre todo la promesa de Messi de influir al máximo para lograr su retorno, pusieron al Barça en la labor de recomprarlo. El tema es que el club está sin liquidez después de gastar 255 millones en reforzar su personal. Y por haber despilfarrado ya 280 millones en Coutinho y Dembelé.

Por otro lado, al ver a Neymar con el cartelito de “en venta” sobre la cabeza, el Real Madrid se lanzó del trampolín. Vio su oportunidad de oro de hacer otro fichaje galáctico (no hay casi estrellas de ese nivel contratables), de tapar el cráter dejado por la salida de Cristiano Ronaldo y dar mayor potencial a este plantel rico, aunque un tanto envejecido y aburguesado. Además, Florentino Pérez es muy consciente: Zinedine Zidane no es precisamente un estratega irresistible, necesita demasiada materia prima para lograr un producto mejor elaborado. Más de la normal.

Y a partir de la entrada en escena del Madrid, para el Barça es una cuestión de orgullo. No puede permitirse otra catástrofe como la de Di Stéfano, la peor decisión de la historia de este deporte. Rivaldo lo resumió en un tuit en el que pide a la dirigencia culé: “No dejen que vaya a otro club”. Más cuando Neymar ha deslizado reiteradas veces su deseo de volver al Camp Nou. Pero muy especialmente porque ya era del Barcelona, lo tenía y se lo arrebataron por un error estratégico: haber puesto una cláusula de salida que parecía adecuada, pero, luego se vio, era accesible.

Hay, eso sí, un intrincado juego de ajedrez. El PSG, de pésimas relaciones con Barcelona y excelentes con el Madrid, quiere recuperar su dinero, pero entorpece o bloquea cada iniciativa del Barcelona. Los catalanes hicieron una oferta formal por escrito de 160 M€, la cual fue rechazada. Y en una nueva cumbre en París, ofreció 130, Rakitic y Todibo más el préstamo de Dembelé. Tampoco fue aceptado. El Madrid se mueve en puntas de pie. Da la idea de esperar hasta el filo del mercado para dar el zarpazo mortal, aunque en Barcelona sospechan también que los de Florentino en realidad solo buscan encarecer o frustrar las intenciones de su gran rival. Pues un equipo con Messi, Suárez, Griezmann y Neymar es demasiado equipo.

El PSG no baja el copete, pretende sacar 250 millones por su figura, aunque le haya ido mal y salga por la puerta de servicio. Eso complica la operación para cualquiera, pues también hay que sumar gastos y comisiones, y además está el astronómico contrato del delantero: hoy percibe 38 millones netos al año, lo cual en Europa, con impuestos, significa aproximadamente el doble para un club. Amén de lo oneroso, compromete la masa salarial. Por el Fair Play Financiero de la UEFA, la planilla de sueldos no puede superar el 70% de los ingresos totales de un club. De tal modo, la contratación requiere una decisión fuerte.

Neymar, cual bailarina codiciada, no abrió la boca. Sus fenicios representantes hacen mil llamadas diarias, a un club y al otro; él no se manifiesta para no cerrar ninguna puerta. Hasta esta medianoche el fútbol puede verse sacudido por una noticia sensacional. O bien sigue en París, que ya es lo más probable, y la paz reine en España. En cualquier caso, la novela seguirá en el próximo verano europeo.

Vale reseñar, aunque sea brevemente, aquella novela del pase de Di Stéfano. En marzo de 1952, Millonarios fue invitado a un triangular a jugarse en campo del Real Madrid con el conjunto local y el Norrköping, de Suecia. Millonarios le dio una tunda memorable al once español y ganó el torneo. Di Stéfano deslumbró a todos, especialmente a dos personajes presentes: uno, Santiago Bernabéu, quien refiriéndose a la Saeta comentó a sus compañeros de directiva: “esto es distinto a todo”; el otro, Josep Samitier, legendario jugador y entrenador del FC Barcelona, quien volvió enloquecido a la ciudad condal a contarlo a sus directivos.

Ahí empezó el sueño —y la carrera— de ambos por contratarlo.

El Barcelona venía ganando ligas y copas del Rey en serie, ya tenía al fabuloso Kubala y, si lo juntaba con el argentino, haría tabla rasa por varios años más. Se movió rápido, mandó un emisario a Buenos Aires a ver al jugador, que había regresado de Colombia en conflicto con Millonarios. Se lo compró —y lo pagó— a River Plate, dueño de la ficha del jugador, y arregló todo con Di Stéfano. Éste llegó a Barcelona con su esposa e hijas el 23 de mayo de 1953 para firmar por los culés. Tres meses estuvo allí esperando se definiera el pase. Pero el jugador aún tenía contrato con Millonarios —hasta fines de 1954—, al que el Barça debía resarcir también para terminar de abrochar el negocio. Alfonso Senior, presidente de Millonarios, se avenía al traspaso y pretendía primero 40.000 dólares de la época. Era una cifra muy considerable. Finalmente, la rebajó a 27.000. Al presidente barcelonista de entonces, Enric Martí Carreto, le pareció una grosería, un disparate tal suma y le dio la orden a su representante en las negociaciones: “Diez mil dólares y ni un céntimo más”. Se arrepentiría por el resto de su vida.

Santiago Bernabéu no daba pie con bola en lo deportivo, por tanto no podía permitir que además el Barça se llevara semejante fenómeno y, por consejo de su vicepresidente Álvaro Bustamante, se lanzó a la piscina: contactó a Senior y le pagó de inmediato los 27.000 dólares. Ya tenía la mitad de algo. Con esa mitad litigó hasta el final. Los clubes se disputaron la pertenencia del jugador, el caso llegó a la FIFA y ésta dictó una resolución salomónica: Di Stéfano jugaría dos años para cada club; la temporada 53-54 en el Madrid, la siguiente para el Barça y así. Alfredo debutó en el Madrid el 27 de septiembre de 1953, un mes después el Barcelona redobló su equivocación: ofreció venderle su parte al archirrival, exactamente lo pagado a River, 4 millones de pesetas. Bernabéu las pagó gustoso y el genio jugó once temporadas seguidas de blanco, amargándoles la vida a los azulgranas. Martí Carreto renunció a la presidencia del Barça.

Se han volcado mares de tinta hablando de despojo, de franquismo y otros arreglos espurios. Lo cierto es que, si el Barcelona pagaba esos 27.000 dólares, Di Stéfano era todo suyo. Lo tenía esperando en un hotel, pero estuvo tres meses dando vueltas, se durmió y lo perdió. Es la derrota más dura de sus 120 años de existencia.

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