Cultura

Tiwanaku, la cara dañada del Patrimonio Cultural de la Humanidad

Se tramita ayuda para la conservación del recinto. Las piezas líticas se encuentran expuestas a la intemprerie y sufren daños constantes.

Así se encuentra la Puerta del Sol en Tiwanaku. (Foto: Álvaro Valero)

Así se encuentra la Puerta del Sol en Tiwanaku. (Foto: Álvaro Valero)

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega, Jorge Soruco / La Paz

12:21 / 19 de mayo de 2019

La gota horada la piedra, pero el paso del tiempo y la falta de mantenimiento la destroza. Las piezas líticas de Tiwanaku necesitan de cuidados para conservar su valor. El centro que administra el lugar refiere que se busca ayuda para trabajar en la zona.

El jueves, aproximadamente a las nueve de la mañana, una turista alemana pregunta en un español a tropezones: ¿Qué son esas manchas? El guía responde que es el producto de las constantes lluvias de la última temporada.

La mirada de ambos está puesta en la Puerta del Sol. Allí algunas marcas verdes y amarillas eclipsan la belleza del monumento histórico. Las líneas son menos visibles y la figura central pierde nitidez, en comparación con fotos de décadas atrás.

La parte posterior de la Puerta del Sol tiene más manchas, especialmente en la cima. No es el único sitio con problemas; las cabezas clavas (en el Templete Semisubteráneo) tienen marcas similares, además de trazos blancos irregulares en la parte inferior del sitio.

Los monolitos Fraile y Ponce y las paredes ancestrales de Tiwanaku también suman problemas que saltan a la vista. No es solo una impresión visual. El presidente de la Sociedad de Arqueología de La Paz, Carlos Lémuz, sostiene que “se tiene que hacer una conservación integral con un equipo de especialistas”.

Luego hace algunas puntualizaciones. De la Puerta del Sol dice que está dañada por el clima, la erosión eólica (el viento y las piedrecillas que arrastran y golpean la pieza), la humedad y los efectos de la intemperie. “Si la piedra no es muy dura, entonces el proceso es más acelerado. Allí, las piedras son arenisca, la más roja, y andesita. Y las que fueron talladas con más cuidado son de arenisca”.

Acota que hay líquenes y otro tipo de vegetación que crece en la tierra acumulada. “Sus raíces van generando presión y van deteriorando los grabados”. Estos hongos son los que dan “matices de color” a las rocas tiwanakotas. Respecto a las piezas del Templete, señala que éstas no han sido conservadas adecuadamente y no se ha consolidado la piedra. “O se ha hecho un mal trabajo o no se lo ha hecho”.

Los trazos irregulares blancos también tienen una explicación: son sales. “Lo que pasa es que las piezas se humedecen por el agua de la lluvia o estancada. Eso quita sales del suelo y la transfiere a la piedra y ésta queda cubierta. Esto es dañino, ya que las sales pueden acelerar la exfoliación de las piedras, dependiendo su dureza. Las de Tiwanaku son piezas porosas”.

Durante el recorrido que efectuó L A R AZÓN por las ruinas, un guía (que prefirió mantener su identidad en reserva) explicó que el sistema de desagüe no es el más óptimo en el Templete Semisubterráneo.

Allí el líquido suele estancarse y se crea una piscina que se vacía lentamente. Por eso, las líneas blancas quedan plasmadas en la parte inferior de las paredes.

El arqueólogo Roger Cossío también tiene una explicación. “Todo tipo de esculturas en la intemperie sufrirá estos cambios, especialmente la roca arenisca que es muy maleable”.

Acota que las cabezas clavas están hechas de piedra caliza, que es mucho más débil. “Entonces, hay corredores de vientos que se generan por el encierro del Templete y hay desgaste natural. Es lo que pasó en la pirámide de Akapana. En los corredores el viento formó ondas en la roca. Esto se solucionó abriendo espacio”.

TAREAS

Julio Condori, director del Centro de Investigaciones Arqueológicas Antropológicas y Administración de Tiwanaku (CIAAAT), confirma que existe un deterioro en las rocas. Este daño “no es de uno o dos años, hablamos de unos 1.000 años. Hay que considerar que esas piezas han tenido, cuando se esculpieron, una vida útil, tras lo cual comienza el deterioro”.

Acotó que se dio prioridad de conservación a varias piezas, incluyendo las cabezas clavas (“que son de material frágil y se tienen que tratar con cuidado”). “Ahora conversamos con la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) para hacer un convenio con las carreras de Física, Arqueología, Geología, Antropología y Biología para hacer un trabajo sostenido”.

Tras las lluvias, añade Condori, “se procederá a la extracción de las sales que se forman cuando se seca el agua, ya que el terreno de Tiwanaku es muy salino. Eso tenemos que hacer cada año”. Sin dar a conocer cifras, la autoridad del CIAAAT afirma que se requiere de un mayor financiamiento para la conservación.

En todo caso, hay otra luz de esperanza. En junio, el sitio será visitado por una delegación de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y podría conseguirse presupuesto para su conservación. Por el momento, hay dos especialistas en conservación y el CIAAAT está contratando a una experta más.

Lo ideal es cerrar trato con la UMSA y tener más mano de obra para el trabajo en la zona. Mientras la ayuda todavía está en statu quo, los turistas que llegan a la ciudad arqueológica de Tiwanaku observan cómo el tiempo, y la falta de mantenimiento, va horadando este milenario Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco.  (19/05/2019)

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