La Gaceta Jurídica

Evolución del Concepto de Derecho Civil

EL DERECHO

Foto: conipita.artista3d.blogspot.com

Foto: conipita.artista3d.blogspot.com

La Gaceta Jurídica / Trabajo colectivo

00:00 / 20 de enero de 2012

Para explicar la evolución del concepto de Derecho Civil debemos remontarnos a Roma. Allí se distinguía entre Ius Civile  e Ius Gentium (o Naturale), el primero se refiere al usado por los romanos, entendido no como imposición, sino como un privilegio. El segundo se refiere al Derecho común a todos los hombres sin distinción de nacionalidad. Según el profesor Arangio Ruiz el Ius Gentium se refiere a un sistema estrictamente romano para dar tratamiento jurídico a las relaciones entre romanos y extranjeros, sistema que sería producto de la expansión económica y militar del pueblo romano o civitas.

Otros textos contraponen el Ius Civile al Ius Pretorium ( Ius Honorarium ), el cual habría sido introducido con el propósito de suplir, ayudar y corregir el Ius Civile. Pero esta contraposición no es real, el  Ius Pretorium significa renovación del Ius Civile provocada por las nuevas necesidades y por los nuevos hechos. Como aclaración, el Pretor no creaba derecho, solo declaraba cómo entendía el derecho y los principios que seguiría en el ejercicio de sus funciones.

El Ius Civile como derecho del cives,  del ciudadano romano, no se identifica con el derecho privado. La construcción romana construyó de preferencia las instituciones privadas (persona, familia, propiedad, obligaciones, herencia), pero dentro del Ius Civile hay instituciones que son extrañas al derecho civil (a nuestra concepción de derecho civil), las de carácter penal, procesal y las administrativas o políticas.

El Ius Civile, en su sentido propio y originario sería el ordenamiento tradicional que habrían adoptado los grupos primitivos romanos reunidos en una comunidad política y estaría constituido por principios fundamentales establecidos por la jurisprudencia religiosa y luego laica de los prudentes.

Este núcleo de principios tradicionales se ensancha a lo largo de la historia del Derecho romano, nace un Ius Civile Novum, por obra de las leyes, plebiscitos, senadoconsultos y decretos de los príncipes. Al mismo tiempo, el viejo Ius Civile, el de los principios tradicionales experimenta la influencia del Ius Gentium y del Ius Pretorium u Honorarium y todos estos Derechos van a ser Ius Civile  en la compilación de Justiniano, porque con aquel se entroncaron y no se diferenciaron.

Derecho Civil en la Edad Media

En el 476 d.C. cae el Imperio Romano de Occidente en el denominado el inicio de la Edad Media. La invasión de los pueblos bárbaros que la provoca acaba también de manera oficial con el derecho de Roma. Pero el Derecho romano sobrevive en la práctica de los pueblos dominados y con gran influencia en las leyes de los pueblos invasores. Durante años no hay más Derecho que la costumbre, el fuero, los estatutos de las ciudades e incluso el estatuto de las corporaciones y gremios.

Hay pues un acusadísimo particularismo jurídico.

A finales del siglo xi y principios del xii se produce un fenómeno importante en grado sumo: la recepción del Derecho de Roma. Sabemos que la compilación de Justiniano se lleva a cabo entre 528 a 533 d.C. en el Imperio Romano de Oriente. Es muy posterior a la caída del Imperio Romano de Occidente y, por otra parte, es casi desconocida en él.

A partir del siglo xii los glosadores de Bolonia estudian el Derecho romano de glosas y exégesis, aplicando la técnica escolástica de los silogismos, distinciones y subdivisiones. Desde entonces se va identificando el Derecho civil con el Derecho romano, con el Derecho que Roma ha legado tal y como lo ha dejado, hasta el punto que desde el siglo xii la obra de Justiniano recibe el nombre de Corpus Iuris Civilis.

La compilación justiniana contenía textos de tipo público que habían perdido actualidad e interés, pues no eran aplicables a la sociedad política del tiempo de la Recepción. De ahí que los glosadores y comentaristas mostrasen mayor atención hacia normas e instituciones privadas (circulación de los bienes, derechos sobre ellos, situación de las personas, etc.). Empieza a abrirse camino la idea de Derecho civil como Derecho privado.

El Derecho civil, entendido como Derecho romano, va a desempeñar un papel importante en la Edad Media: el de Derecho común. Hemos dicho que hasta la recepción reinó absoluto particularismo jurídico. El Derecho civil va a ser Derecho común, es decir, un derecho normal frente al que los derechos particulares son anomalías. Hay que destacar que la fuerza del Derecho Civil como Derecho común provenía de una necesidad política: el concepto de Imperio Sacro Romano Germánico, restaurado por Carlomagno en el año 800 como continuación del Imperio Romano.

La sociedad medieval hasta finales de la Edad Media vive, no sin tensiones, la idea de que era un todo unitario bajo el Imperio, que tenía un único Derecho. El Imperio postulaba un único Derecho, que va a ser el civil-romano. Al mismo tiempo, la idea de Cristiandad, también unitaria en el plano religioso, llevaba a que el Derecho de la Iglesia fuese igualmente un Derecho común. Este Derecho común era la ley eclesiástica que junto a la ley civil representaba las potestades del Imperio y la Iglesia.

El Derecho canónico adquiere importancia relevante a partir de las Decretales de Gregorio ix (1234) y se estudia intensivamente. Es un Derecho que no se limitaba a regular el fuero interno de los fieles, sino que se extendía a aspectos de su vida ordinaria y sus principios espiritualistas (buena fe, obligación de cumplir la palabra dada, etc.) ejercerán influencia decisiva en los textos de la compilación justiniana y en el Derecho civil que hoy conocemos y estudiamos. Entre el  Ius Civile y el Ius Canonicum va a darse una influencia recíproca y continua. También como Derecho común se considera el Derecho feudal. El sistema de vasallaje propio de la época obliga a utilizar normas (costumbres sobre todo) para resolver los litigios entre señores y vasallos. El estudio de este Derecho feudal por los juristas va a constituir un tercer elemento del naciente Derecho común, junto al romano y al canónico, aunque menos importante.

Una que pierde fuerza la idea de Imperio (mediados del siglo xiii), el Derecho romano no deja de tener valor de Derecho común y porque se considera ratio scripta. Ese Derecho se estudia (porque las nuevas necesidades hacen inaplicables muchos de sus textos) más como sistema conceptual que como normativo, porque es un sistema racionalmente construido.

El Derecho Civil (= Derecho romano) se convierte en derecho de los principios tradicionales. De él van a salir otros Derechos que atienden a la evolución social y económica de los siglos xiv y xv, como el Derecho mercantil. Las compañías mercantiles, la letra de cambio, el comercio marítimo exigían regulación que no daban los textos romanos.

Derecho Civil en la Edad Moderna

En la Edad Moderna el Estado se convierte en absoluto y tiende a que su Derecho nacional sea el exclusivo o predominante. De ahí que el Derecho civil, entendido como Derecho romano, sufra un gran eclipse, si bien ello ya estaba preparado desde finales de la Edad Media por la crítica a que se somete, las fuentes que se manejaban –se dice– no son genuinas; las glosas y comentarios a los textos romanos eran cada vez más contradictorios y abundantes; la aplicación del Derecho se había convertido en una tarea insegura ante tantas interpretaciones dispares.

Los Estados modernos, soberanos y absolutos, inician labor de consolidación de su Derecho nacional. En Castilla esta labor la harán las Ordenanzas de Montalvo (1484) y la Nueva Recopilación (1567). En Francia, las antiguas costumbres son recopiladas y reducidas a textos escritos, continuándose esa tarea de fijación del Derecho nacional (Ordenanza de Colbert y D'Aguessau). En Alemania, la atomización de los Estados del Imperio impide esta realización, pero Prusia, al ganar hegemonía, recopila su Derecho civil ( Allgemeines Landrechí).

En las viejas definiciones de los siglos xvi y xvii se llama Derecho civil al romano, que se contrapone al Derecho real, que es el Derecho nacional. Pero la fijación legislativa de este Derecho ha sido el primer paso para la nacionalización del Derecho civil. El segundo paso se dará cuando el estudio del Derecho real se imponga.

Sin abandonar el estudio del Derecho civil, las universidades, los teóricos y eruditos estudian y comentan el Derecho real. La sustitución se opera insensiblemente y el Derecho civil vuelve a ser no ya el Derecho romano, sino el Derecho propio y exclusivo de cada Estado.

Ese Derecho civil va a identificarse con el Derecho privado. En efecto, la teoría de la organización política (el Derecho público) se estudia con separación del Derecho civil, lo mismo que el aspecto jurídico de la política. Se desligan, desde el siglo xvi, las materias de Derecho penal o Derecho criminal. La materia procesal se separa del tronco del Derecho civil por la falta real de vigencia de los textos romanos en esta materia y el Derecho mercantil sigue con su evolución y desarrollo apartado, como desde su nacimiento en la Edad Media, del Derecho civil.

Codificaciones

La cristalización definitiva del Derecho civil como Derecho nacional y privado se opera con la codificación.

La idea de un Código civil hay que ligarla con el pensamiento de la Ilustración y del racionalismo que dominó en Europa a partir del siglo xviii. Hasta ese momento se acostumbraba, como ya hemos visto, a recoger las diversas leyes vigentes en un determinado momento en un solo texto, recopilándolas. La idea de la codificación es más amplia que la de una pura recopilación de textos. Recopilar es reunir en un texto, por orden sistemático o por orden cronológico, las leyes dictadas hasta un determinado momento.

Codificar es una tarea más ambiciosa. Una codificación es la reunión de todas las leyes de un país o las que se refieren a una determinada rama jurídica, en un solo cuerpo precedidas en su formación por una unidad de criterio y de tiempo. Según esto, un Código civil es un cuerpo de leyes racionalmente formado y asentado sobre unos principios armónicos y coherentes. Un Código es siempre una obra nueva, que recoge de la tradición jurídica aquello que debe ser conservado y que da cauce a las ideas y aspiraciones de todo signo vigente en la época en que se realiza.

Los factores que parecen determinar la idea de codificación, entendida como proceso histórico, pueden ser esquematizados así:

1. La codificación se identifica inicialmente con un intento de insuflar en los ordenamientos jurídicos determinados ideales de carácter político, económico y social. El Código es un vehículo de transmisión y de vigorización de ideología y de directrices políticas. Inicialmente fueron las aspiraciones y los ideales del tipo de vida liberal-burgués, aunque posteriormente hayan podido ser diferentes.

2. Porque significaban la renovación de unos ideales de vida, los códigos debían constituir obras unitarias. Ello exigía la derogación de todo el Derecho anterior y la prohibición o interdicción de una heterointegración del sistema (el recurso a los Derechos supletorios), sustituyéndola por una autointegración, en virtud de la cual el Código se basta a sí mismo.

3. En los códigos ha existido siempre un intento de tecnificación y de racionalización de las actividades jurídicas, que se traduce, primero, en afán por la simplificación, que es una reducción del material normativo y una formulación del mismo que se quiere que sea clara e inequívoca. Los códigos vienen a expresarse en un lenguaje somero, lacónico y, en cierto modo, lapidario o, por lo menos, muy comprimido, como si esa reducción o comprensión ahuyentara los problemas.

La tecnificación quiere decir también instalación del material normativo en unas condiciones que lo hagan más fácilmente cognoscible y manejable.

4. Por último, la codificación entendida como racionalización del mundo jurídico pretende la construcción de un sistema que se funda en la lógica jurídica y que pueda desarrollarse conforme a ella. En este sentido, en el ideal codificador es evidente la idea progresista de suponer que el orden jurídico sigue una línea evolutiva de mejora.

Los códigos pretenden poner la legislación al nivel “de los adelantos de la ciencia jurídica”. En otro sentido, la racionalización consiste en la conveniencia de sustituir una práctica jurídica empírica y casuística por un sistema que proceda con una cierta automaticidad y que proporcione mayor dosis de seguridad en negocios y en actividades jurídicas.

A finales del siglo xvii Prusia tiene un Código, el “Derecho territorial general de los Estados prusianos”, que acusa un enorme influjo de la escuela protestante del Derecho natural, pero que no recoge las ideas sociales y políticas de la época y deja subsistentes los derechos particulares de los Estados. A finales del siglo xviii se inicia en Austria la labor codificadora.

En el siglo xix florece el fenómeno codificador. Se abre con el Código civil francés, llamado Código Napoleón en recuerdo del hombre que lo llevó a cabo en los días del Consulado, que tanto recordó en Santa Elena donde esperaba la muerte. Promulgado en 21 de marzo de 1804, fue el resultado de su tenaz voluntad para verlo hecho realidad tras los fracasos de anteriores proyectos en la época revolucionaria y el resultado de su intuición certera al escoger a los juristas que podían redactarlo y defenderlo.

El Código francés es una obra capital, de enorme influencia en el mundo, sobre todo en el siglo xix. Fue el vehículo de las ideas de la Revolución Francesa y responde a una ideología típica del liberalismo burgués, pues no en balde es la burguesía la que inicia la Revolución y la que, a la postre, sale vencedora. Es un Código que afirma el primado del individuo, de su igualdad ante la ley fuera de las circunstancias de su condición social y de su libertad, de ahí que sus pilares básicos sean la libertad contractual, el carácter absoluto del derecho de propiedad y la responsabilidad civil basada en la culpa.

El matrimonio se sustrae a la Iglesia Católica, adquiriendo la institución un carácter laico y fundada en el contrato. Igualmente se sustrae a la Iglesia el registro de los Estados civiles, organizándose y regulándose detalladamente el Registro Civil. El Código Napoleón no rompe con la tradición jurídica francesa en la que se recogía el Derecho romano y las antiguas costumbres, lo que hace es continuarla y adaptarla a las nuevas ideas. Es una sabia combinación de tradición, principios racionales (racionalismo) y revolucionarios.

En 1811 Austria tiene su Código civil, de gran perfección técnica e influenciado por las ideas de la escuela del Derecho natural, pero preservándose de las revolucionarias francesas.

En Alemania el problema de la Codificación se planteó desde un punto de vista completamente distinto. No debe olvidarse que en Alemania no se logró la unidad nacional hasta 1870. A principio del siglo xix se suscita en torno a la conveniencia de la Codificación una polémica famosa entre Savigny y Thibaut. Este último publicó en 1814 un trabajo, “Sobre la necesidad de un Código civil para Alemania”, sosteniendo la conveniencia de redactar un Código sobre el modelo francés, inspirado en la razón, que pudiera constituir el vehículo para conseguir la unidad de Alemania. Savigny le replicó en su obra “De la vocación de nuestro tiempo para la legislación y para la jurisprudencia”, sosteniendo que el Derecho es sustancialmente un producto histórico y una obra del espíritu del pueblo y no un producto de laboratorio como sería un Código civil.

Retrasada la unidad nacional alemana, se promulgan, a lo largo del siglo xix, algunos Códigos civiles de naciones alemanas (por ejemplo, Código de Sajonia), pero la obra de la codificación no se reanuda sino una vez instaurado el Imperio. El Código civil, que se realiza a través de dos proyectos, se promulga finalmente en 1896 para comenzar a regir el 1 de enero de 1900. Es con el Código civil francés el prototipo de los códigos civiles modernos europeos. Influye en él, de manera decisiva, el pandectismo, con todas sus características como son la técnica más depurada y su carácter un tanto esotérico, abstracto, positivista y logicista. El Código civil alemán ha influido en otros Códigos del centro de Europa y en algunos Códigos americanos (Brasil).

Como paradigma de los códigos civiles europeos ha de mencionarse el Código civil suizo. En Suiza la Codificación se retrasó como consecuencia de la autonomía cantonal. Algunos cantones elaboran sus propios códigos y la codificación general comenzó mediante la unificación del Derecho de Obligaciones (Código de Obligaciones). Conseguido este último, la redacción de un proyecto de código civil, bajo la dirección de Huber, se realizó el siglo xx (1908). Es un Código que ha merecido elogios de profesionales del Derecho y que ha sido adoptado como modelo por algunos países.

La codificación italiana tomó como modelo a la codificación francesa. El Código de 1865 seguía fielmente al Código Napoleón. El régimen fascista se propuso reformarlo y sirviéndose de la gran tradición jurídica italiana así como de los trabajos de los más notables juristas de aquel país, tras una larga elaboración de más de 15 años, dio cima a su obra en 1942. El Código es una obra de gran perfección técnica, que permitió que, no obstante la caída del régimen fascista, siguiese en vigor con algunas leves modificaciones. Ha servido de ejemplo y de modelo a códigos civiles, por ejemplo, el Código civil de Venezuela de 1947.

El ciclo de la Codificación ha continuado hasta nuestros días. Algunos países sustituyen sus antiguos Códigos decimonónicos por otros más técnicos y perfectos, como el de Portugal de 1966, que empezó a regir en 1967. Otros readaptan su Derecho civil a sus nuevas condiciones sociales y políticas como Polonia en 1966.

El movimiento de la Codificación civil, originariamente europeo, trascendió casi inmediatamente a América Latina, continente del que sería injusto no recordar la obra de dos grandes juristas como fueron Bello, autor del Código chileno, y Vélez Sarsfield, autor del Código argentino, uno y otro con clara resonancia e influencia en el Código español.

Derecho Civil en la actualidad

La evolución histórica del Derecho civil nos lo presenta como el sector del ordenamiento jurídico que se ocupa de la persona y sus diferentes estados, de su patrimonio y del tráfico de bienes.

Pero más importante que determinar de qué se ocupa el Derecho civil es analizar cómo se ocupa, pues de ahí nace la crisis por la que atraviesa.Si hoy el criterio de valores está en crisis, el Derecho civil no puede por menos de sufrir también las consecuencias de esa crisis. La del Derecho civil es, además, la del desmoronamiento de la sociedad que contempló la obra de la codificación y, si estamos ante otra sociedad o hacia ella nos dirigimos, el Derecho civil heredero de los códigos decimonónicos nos va a servir de poco.

La codificación se basaba en la afirmación del individuo frente al Estado, sin cuerpos intermedios; el Código civil aseguraba el libre desenvolvimiento del individuo, de su voluntad. De ahí que el principio de la autonomía de la voluntad, con su reflejo en el derecho de propiedad que se concebía absoluto y con las mínimas excepciones posibles a este absolutismo, fuese el pilar de sustentación de todo el edificio. El sistema jurídico va a ser el sistema de los derechos subjetivos, señala Orestano, de poderes del individuo.

Pero la evolución social ha ido por otros caminos. Los ideales de la burguesía, que detentadora de los bienes económicos y de producción quería un sistema que le permitiese su libre y omnímodo disfrute, no se han aceptado por inmensas capas de la sociedad sin poder económico, para las que el juego de la autonomía de la voluntad no significa más que la sumisión al más fuerte y para la que los derechos subjetivos que les reconoce el ordenamiento jurídico no son más que abstracciones. Por otra parte, el rechazo de un puro sistema liberal de economía, cuyo motor era la persecución del interés individual que redundaría en el bienestar colectivo, hace que la propiedad de los medios de producción no se identifique con propiedad privada.

Todo ello indica que el Estado va a intervenir decisivamente en la vida económica y jurídica y que las normas no van a sancionar la autonomía de la voluntad individual, sino que la van a dirigir o coartar en beneficio de los intereses colectivos o para evitar que sea un instrumento de dominación de los débiles. Así, el propietario tendrá cada vez más deberes; no se le va a prohibir ya que haga o no haga, sino que se le va a obligar a un hacer. Así, el empresario no impondrá los contratos de trabajo que quiera a los que no pueden discutir sus cláusulas. Es un nuevo orden jurídico distinto del cristalizado en la codificación del xix.

Los principios escuetamente expuestos producen un impacto en el Derecho civil, que se traduce en una disgregación. Son Derechos especiales los que surgen frente al Derecho civil que queda como común, en los que se desarrollan nuevas normas. Se habla así de un Derecho del trabajo, de la economía, agrario, bancario, de arrendamiento, urbanístico, etc. La disgregación, como puro fenómeno externo e índice de una especialización técnica o científica, no tiene trascendencia grave. La gravedad radica en la consolidación de los desmembramientos, porque entonces se ha roto la unidad interna del Derecho civil.

La crisis del Derecho civil codificado tiene otras causas. Básicamente su carácter excesivamente patrimonial, que hace que la persona se contemple y regule en función de sujeto de una relación jurídica de aquella naturaleza y no por sí misma: sus valores, sus bienes y atributos como tal persona pasan por completo desapercibidos y abandonados al campo de las declaraciones constitucionales sonoras y espectaculares. Al Derecho civil se le priva así de lo más sustancial que tenía, pues su función y su finalidad no es otra que la defensa de la persona y de sus fines. El movimiento contemporáneo, por el contrario, presta gran atención al campo de los derechos fundamentales de la persona, al margen de las facetas políticas o penales del tema.

*    Paulina Besa, Diego Vera, Rodrigo García, Rafael Vial, Jorge Valenzuela y Cristian Salas Hoernig. Tomado de: monografías.org

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia