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En la feria del libro

Ch’enko total. El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

El papirri en el Campo Ferial Chuquiago Marka

El papirri en el Campo Ferial Chuquiago Marka

La Razón (Edición Impresa) / Manuel Monroy Chazarreta

07:00 / 15 de agosto de 2018

Ha sido todo un honor haber participado en la vigésimo tercera versión de la Feria Internacional del Libro (FIL) de La Paz, realizada del 1 al 12 de agosto de 2018 en el Campo Ferial Chuquiago Marka. Luego de 10 años estuve en una FIL paceña; Carlos Ostermann, presidente de la Cámara Departamental del Libro de La Paz, tuvo la gentileza de invitarme a participar en esta versión. El 9 de agosto canté y leí crónicas ante un auditorio sorpresivo, niños, ancianos, señoras atigradas me esperaban, no había ni un solo intelectual. Algunos escritores  me veían en los pasillos como dishendo “qué hace éste aquí”. Pero felices estaban todos, es decir, mi público y los intelectuales.

El campo ferial es de cemento, fierros fríos, gradas de galpón, sin embargo, los diferentes stands alegraban la noche, transformaban el espacio. Se podía observar más de 70 stands, una treintena de escritores extranjeros invitados, haarta gente viendo y hojeando libros, algunos animándose a comprar. El lugar donde me presenté fue la sala Rubén Vargas (estuve todas estas noches recordando al Rubén, ¡qué ausencia tremenda!). El sonido de aquella salita era de lectura, no daba para hacer música, pero el calor de aquel público familiar pudo más. Cuando entré a tocar y a leer en esa lorerita me dio vértigo, mis dedos estaban congelados, el sonidista cambiaba cada dos minutos el volumen y timbre de mi voz y guitarra, una luz de tinglado encendió sus ojos de foquito ahorrador, me dio miedo. ¿Y quién me animó a seguir tocando? ¿Y quién me aplaudió así de grato? Ustedes pues, público paceño hermoso y teleférico que resultó colmando la sala. Un señor gordo poblado de globos y una niña a su lado que comía ruidosamente palomitas me escuchaban en primera fila, una ancianita con su hijo aplaudían felices, un quinceañero cantaba de memoria y bien afinado Historia de Maribel, todos me dieron la fuerza necesaria para seguir adelante con la música y con las lecturas hasta lograr pasarla bien. Hasta cantamos Metafísica popular con dos niños presentes. Leí crónicas de los tres libros cantando algunos de mis clásicos. Resultó pues un concierto popular, vendí unos librits para pagarle a mis editores. Porque el asunto de la ganancia de los escritores (por lo menos de los normales como yo), es parecido a un negocio medieval, van a disculpar. Las editoriales sacan por ejemplo 500 libros (¿seraaá?), te pagan con 50 libros (es decir el 10%), esos libros los regalas a tus médicos y familiares, entonces si quieres tener tus libros tienes que comprarles de nuevo. Menos mal que el editor de mi último libro, un buen tipo, decidió subirme 10%, así pude vender en estos meses unos 50 libritos que me los fui comiendo día a día. Ya no tengo ni un libro, ahora tengo que comprarle a la nueva editorial, dice que me va a rebajar. A mis dos anteriores editoriales les debo todavía, me dieron en consignación para que regale a mis nuevos médicos. Pero bueno, la movida de la feria fue espectacular, gran esfuerzo de editores, escritores, libreros, imprentas, todos mordiéndose la cola, autoelevándose en el Face y presentándose unos a otros. Varios escritores ch’allaron nuevos libros este año, como Paz Soldán, Manuel Vargas, Ramón Rocha, además se lucieron revistas literarias, coloquios y encuentros de creadores con invitados internacionales de lujo.

Como broche de oro, la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia me encargó presentar el concierto de la pianista tarijeña Mariana Alandia en homenaje al compositor Eduardo Caba, realizado el 6 de agosto, Día de la Patria, en el Auditorio Illimani. No conocía ese auditorio, en realidad es un teatro espectacular para 700 personas que transforma súbitamente la carita del campo ferial. Sobre Eduardo Caba, para mí fue todo un descubrimiento preparar estas palabras. Nacido en Potosí en 1890 y fallecido en 1953, transcurrió 63 años de vida intensa, considerando que por su búsqueda artística —con esposa y dos guaguas— recorrió el mundo, viviendo en Madrid, Buenos Aires y Montevideo, lugares donde profundizó su oficio de compositor. Tuvo una indagación insondable tras un lenguaje propio, austero, profundo, sin facilismos nacionalistas.

La interpretación de Mariana Alandia de los Aires indios fue impecable, destacamos además el trabajo de investigación consecuente y acucioso del compositor Javier Parrado, quien tomó la causa de Caba como una obsesión propia, caminando tras su obra durante 20 años.

Toda una fiesta fue la FIL La Paz 2018. Mi admiración total a los organizadores (sobre todo a los escritores) que con gran fe impulsan una industria boliviana del libro complicada, sobreviviente, más aún por la competencia desleal del ciberespacio. Por suerte siguen brotando escritoras y escritores bolivianos de gran nivel que sueñan ser publicados en Europa, la mayoría terminará comprándose también sus libritos. A no ser que saquen sus libros por cuenta propia, pero dicen que es caro, no sé. Puede ser. Cómo será. Después cuidado estén dishendo tengo todo mi capital invertido en deudas.

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