Editorial

Inundaciones en el Chapare

Las medidas de prevención no van a servir de mucho si no se procura a la vez preservar las áreas boscosas.

La Razón (Edición Impresa)

23:35 / 17 de enero de 2019

Pese a que la época de lluvias recién empieza en el país, ya se han registrado varios incidentes por causa de las intensas precipitaciones en diferentes lugares, y en particular en el trópico de Cochabamba; región que ha reportado hasta ahora la destrucción de miles de cultivos (principalmente de bananos, cítricos y arroz) y de cientos de viviendas. 

En efecto, según datos de la Gobernación de Cochabamba, en los últimos días ocho ríos se habrían desbordado, provocando la inundación y/o la destrucción de los cultivos de al menos 7.500 familias. Por ejemplo, la Unión de Bananeros del Trópico Cochabambino reportó la pérdida de más de 10.000 hectáreas de sus afiliados. Además, las lluvias habrían destruido cerca de 15.000 cajas con este fruto listas para la exportación. Villa Tunari, Chimoré y Puerto Villarroel son las municipalidades que más se han visto afectadas hasta el momento.

Huelga recordar que no es la primera vez que ocurren desastres de este tipo en el Chapare. De hecho, cada año con la llegada de las lluvias estos fenómenos se repiten en mayor o menor medida. Por ejemplo, hace cuatro años las riadas no solo arrasaron cultivos, puentes y carreteras del trópico de Cochabamba, sino también una comunidad entera (San Lorenzo), causando el fallecimiento de decenas de personas y de cientos de animales.

Y es que el trópico de Cochabamba no solamente es la región más lluviosa del país, y una de las más húmedas del planeta, sino que además sus suelos han sido severamente perturbados en los últimos años. Esto debido a la deforestación de extensas áreas forestales para el cultivo de productos agrícolas y en especial para plantar la hoja de coca. De allí que, según alertan los expertos, los ríos de la región han perdido profundidad por causa de la acumulación de sedimentos que otrora eran contenidos por los árboles.

Además, la deforestación habría perturbado la capacidad natural de aquella región para encauzar naturalmente los ríos. Y es que, como se ha resaltado anteriormente en este mismo espacio, además de albergar plantas y animales, los árboles son una suerte de esponjas naturales que almacenan grandes cantidades de tierra y agua. Por ello, a medida que son talados, los cursos de agua se diluyen, agudizando la erosión de los suelos y las inundaciones durante la época de lluvias.

Por tanto, urge insistir en la necesidad de desarrollar políticas de Estado orientadas a preservar nuestros bosques, gravemente amenazados por el tráfico de madera y la ampliación de la frontera agrícola, pero también por la construcción de carreteras de trazo irresponsable como la ruta que pretende atravesar el TIPNIS. En este sentido, la implementación de medidas de prevención no va a servir de mucho si no se procura a la vez preservar las áreas boscosas.

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