Columnistas

Peatonalización

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

23:53 / 27 de agosto de 2018

A raíz de los conflictos ocasionados por la inauguración y el uso de las nuevas instalaciones gubernamentales en el centro de la ciudad de La Paz, surgen voces que aconsejan peatonalizar las calles adyacentes. Antes de opinar al respecto, analicemos causas y efectos.

El origen de los problemas en el tráfico (y otros más que vendrán con el tiempo) es haber construido edificios enormes en estrechas callecitas. Para que se entienda: los edificios deberían ser construidos en relación con la infraestructura urbana aledaña. Es decir, en función del ancho de sus calles, del diámetro de sus alcantarillados y de sus cañerías de agua potable, entre otras consideraciones.

Construir un edificio desproporcionado ocasiona extraordinarios conflictos de tráfico (la Alcaldía nos exige a todos un costoso estudio de impacto vial); colapso de las alcantarillas (un amigo artista me comentaba socarronamente que “de esos edificios caen tsunamis de caca a un tubito”) y, sobre todo, agudas afecciones nerviosas que padecen los burócratas que deben llegar al trabajo sorteando bloqueos y marchas, respirando esmog por toneladas, y acezando en horas pico todos los días. Ergo: no se trata de construir por construir, debes planificar antes, y con sensatez.

Este afán modernizador es típico de la clase política y su visión de ciudad. Lo vivimos en las dictaduras militares de René Barrientos y Hugo Banzer, con los alcaldes de la democracia pactada como Raúl Salmón, y con muchos más que no conocen los nuevos paradigmas del desarrollo urbano.

Pero, ante lo hecho, analicemos la peatonalización. Sí, es una solución. Pero no para esos desatinos, sino para la ciudadanía en general. Anteponer al peatón sobre el automóvil es una tarea necesaria e imprescindible en este milenio. Muchos se oponen porque suponen que bajará el desarrollo económico del sector. Eso es falso. El urbanista Jan Gehl lo demostró con estudios muy detallados: la economía se reproduce con el roce humano y la recuperación del espacio público. La calle Comercio, anteriormente peatonalizada, es una prueba de ello. Otros que se oponen por temor a perder “su rango” por caminar junto al pueblo son los jerarcas del aparato estatal y los grandes empresarios, quienes quieren llegar en sus 4x4 y con sus guaruras hasta su escritorio.

La peatonalización en nuestra ciudad debe ser implementada junto con otras medidas imprescindibles como una red de edificios de parqueos y la mejora sustancial del transporte público. Así, la peatonalización será para todos: pasearemos sobre el adoquín de piedra que yace debajo del asfalto en esas históricas calles, gozaremos de más cultura y ocio, y tendremos más áreas verdes.

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