Columnistas

Ciudadanía

La Razón (Edición Impresa) / Farit Rojas

06:53 / 27 de agosto de 2018

El origen de la palabra ciudadanía viene del latín civitas, que hacía referencia a la ciudad romana. Ciudadanía era la condición que tenía el habitante de estas metrópolis. Para acceder a ésta, el ciudadano debía ser un jefe de familia (hombre libre y con recursos). Las mujeres, los dependientes de ese pater familias y los esclavos no podían ser ciudadanos. Después de la caída del Imperio romano, el término perdió relevancia hasta que resurgió en la Revolución francesa, en la que se la usó como herramienta política para eliminar el uso de los vocablos madame y monsieur, democratizando la otrora elitista condición de ciudadano.

El término, aparentemente simple, esconde un gran debate que va más allá de la posibilidad de ejercer los derechos políticos. Detrás de este concepto se halla una distracción para allanar las diferencias sociales y así evadir el problema de las clases sociales. Un expositor de esta idea fue Alfred Marshall, en su obra El futuro de las clases trabajadoras, cuya tesis sostiene que “la igualdad que aportaba la ciudadanía, la pertenencia plena a una comunidad, era suficiente para legitimar a ésta, justificando así otro tipo de desigualdades, como las de clase”.

El ciudadano es antes que nada un sujeto de derecho por la pertenencia, en rango de “igualdad”, al conjunto de la comunidad; del cual se desprenden tres elementos principales: el elemento civil, político y social. El elemento civil se caracteriza por aglutinar los derechos necesarios para el ejercicio de la libertad individual; vale decir que reúne a los derechos de expresión, religiosidad y pensamiento. El elemento político es el que contiene los derechos de ejercicio activo (ser elegido) como pasivo (elegir). Finalmente, el componente social se refiere al bienestar del individuo dentro de su sociedad; es decir, busca la generación de condiciones mínimas aceptables para el desarrollo de la vida.

El concepto de ciudadano está íntimamente ligado al concepto liberal de individuo; por lo que en el discurso marxista es virtualmente inexistente, a menos que se lo vincule con la clase social a la que pertenece, dentro de la cual ejerce los derechos, ya sea en calidad de burgués o proletario. No olvidemos que cuando se pregunta a Blanqui como se identifica, él responde: proletario.

Las exposiciones más recientes de ciudadanía le han agregado el adjetivo multicultural, para dar cuenta del ejercicio de derechos políticos en comunidades indígenas, como el de ocupar cargos y responder con obligaciones conforme a las formas e instituciones políticas propias de pueblos originarios. Y más recientemente se habla de ciudadanía universal en busca de problematizar fenómenos como la migración, la globalización y la tensión con los derechos sociales y laborales en particular.  

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