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Nacionalización

Los sectores estratégicos en manos del Estado son un gran negocio para cualquier país

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

00:20 / 07 de febrero de 2014

Analizando los resultados de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) de los últimos años, ¿habrá algún boliviano que dude de que la nacionalización de esta empresa fue una medida acertada? Tan solo la renta generada estos años por la recuperación de la soberanía nacional sobre los hidrocarburos suma $us 22.000 millones. Una cifra que no solo es histórica, sino también amerita destapar más de una botella de champán.

Las plantas separadoras de líquidos permitirán que en un año dejemos de importar gasolina, favoreciendo grandemente a la economía, pues en este rubro se terminará la tan temible subvención. Antes de la nacionalización, nuestro destino era regalar los líquidos con el gas para que los importadores se hicieran la América. Ahora estamos escribiendo una historia diferente.

Lo propio ocurre con la industrialización del gas a través de la fábrica de urea, un poderoso fertilizante que, bien usado, podría aportar mucho a la productividad del agro.

¿Hubiera sido posible esto sin la nacionalización? Por supuesto que no, y hay que tener demasiadas anteojeras para solo justificar nuestra mejora económica al alto precio de las materias primas. Sin la nacionalización, gran parte de los $us 22.000 millones de renta se hubieran ido a las ya gigantescas arcas de las transnacionales, dejando a los bolivianos en la pobreza de siempre.

La derecha intentó posesionar el imaginario de que en economía nos iría mal. Pero hasta la cadena de noticias CNN ha mostrado lo contrario; y esto, lo repito hasta el cansancio, es el resultado de la nacionalización.

Lo propio pasa con la rebaja de las tarifas de la telefonía. Si es que hubiéramos dejado el negocio solo a la “mano invisible del mercado”, las tarifas no habrían bajado en la proporción en la que se redujeron. Porque en Bolivia no hubo mano invisible: muy rapidito los actores privados se ponían de acuerdo para mantener los precios elevados.

A todo ello sumémosle que por fin algo se está construyendo en los aeropuertos de Bolivia. Antes de la nacionalización la plata que los viajeros dejábamos por derechos se gastaba en sueldos. Con decirles que el gerente de SABSA ganaba la friolera de Bs 127.000 al mes. Claro, así no hay presupuesto que alcance, y ni en El Alto ni en Viru Viru ni en el aeropuerto Jorge Wilstermann se hizo nada para mejorar la infraestructura.

Los tiempos han cambiado. Y mucho. Esto no quiere decir que se debe estatizar toda la economía. La propia Cuba actual ha demostrado que esto no es viable; pero los sectores estratégicos en manos del Estado son un gran negocio para cualquier país.

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