Demanda Marítima

El epílogo boliviano ante los alegatos de Chile

Evo Morales ofreció en el Crown Plaza un almuerzo a los bolivianos presentes en La Haya, donde agradeció la actuación del equipo jurídico nacional e internacional, a los expresidentes asistentes y todos quienes contribuyeron al éxito de la presentación nacional.

Bolivia. El agente Eduardo Rodríguez Veltzé, rodeado de los abogados internacionales de la demanda.

Bolivia. El agente Eduardo Rodríguez Veltzé, rodeado de los abogados internacionales de la demanda. Foto: ABI

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco - enviado especial a La Haya

09:28 / 27 de marzo de 2018

Media hora antes del inicio de la audiencia, la caravana de cuatro vagonetas, precedida de seis motocicletas policiales, arribó al Palacio de la Paz en resguardo del presidente Evo Morales, en su tercera visita en los últimos días. Lo esperaba el tercer día de alegatos de Bolivia ante Chile.

Correspondió a Payam Akhavan abrir la línea de fuego jurídica, quien dijo que en el tratamiento de los méritos de este caso “el todo es mayor que la suma de las partes”, para hacer luego la reseña cronológica de las promesas incumplidas por Chile. Corrigió las aseveraciones de los adversarios que calificaron de tergiversaciones históricas el análisis que Bolivia hizo de las notas y declaraciones oficiales de Santiago en el curso de más de una centuria y desechó así las hipótesis “apocalípticas” con las que Chile pretende asustar a la Corte.

Le siguió en el atril Antonio Remiro Brotóns, cuya sola imagen antes de hablar atrajo todas las pupilas de la delegación chilena, que aguardaba ansiosamente algún proyectil letal del ocurrente jurista, y éste explotó en su primera frase: “Ni Dios ni la Corona española le otorgaron el litoral boliviano a Chile”. Al contrario, explicó que Chile se apoderó por la fuerza del litoral. Fueron tres irrefutables pruebas que Brotóns evocó como promesas incumplidas: el intercambio de notas en 1950 (que no requerían ratificación congresal), el Memorándum Truco y la Declaración de Charaña. Continuó a su turno la joven abogada británica Amy Sander, para rebatir a su adversaria acerca del rol de la OEA, la porteña Mónica Pinto, sobre el valor legal que conllevan las 11 resoluciones aprobadas por la Asamblea General de ese organismo. Momento estelar de su prestación fue cuando la pantalla reprodujo la versión escrita de opiniones (confirmando que la mediterraneidad de Bolivia era un punto de interés continental) del entonces secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, quien no obstante de integrar el elenco chileno, esta vez brilló por su ausencia. ¿Premonición o arrepentimiento?

El profesor francés Mathias Forteau se ocupó de recalcar doctrinalmente la tesis de la “obligación de negociar”, reposando su argumento en la Declaración de Charaña y en la Agenda de los 13 Puntos, sorprendido por la “desfachatez” de Chile de ignorar ambas piezas probatorias. Descartó que la continua reclamación boliviana se deba únicamente al mandato de su nueva Constitución. Remató anotando que el cambio de estrategia chilena a partir de 2010 era parte de la constante dilación para el tratamiento de ese problema pendiente en las relaciones bilaterales.

De la lengua francesa se pasó luego al depurado inglés del consejero real y abogado Vaughan Lowe, cuya pausada dicción académica se refirió a los grandes obstáculos que representa para el desarrollo de Bolivia su condición de país enclavado. Se preguntó cómo era posible que pese a los avances de la tecnología moderna  no se pudiese llegar a acuerdos prácticos respecto a la petición boliviana. Ignorar esa demanda de relación bilateral, empujando a Bolivia a abandonar toda esperanza, crearía un foco de tensión que comprometería la paz y la seguridad en la región, eventualidad que justamente los artículos 2 y 3 de la Carta de Naciones Unidas, trata de prevenir. Entonces, el letrado interroga: ¿cuál es la alternativa que propone Chile?

La jurista Monique Chemillier-Gendreau tomó control del micrófono y encaró resueltamente los objetivos finales de la negociación propuesta, entablando una dicotomía controversial. Si Chile se atrinchera en el Tratado de 1904, aferrándose al derecho y negando el concepto de justicia, la Corte debería trocar su nombre y autodenominarse Corte Internacional del Derecho. Empero, si la justicia es el objetivo terminal, el derecho es solo el medio.

A continuación, el coagente Sacha Llorenti marcó la nota emotiva de la jornada. En buen inglés abordó los perjuicios económicos que ocasiona el enclaustramiento de Bolivia, que soporta obstáculos de diversa índole que convierten el llamado “libre tránsito” en una quimera insalvable. Citó la mano tendida de Evo Morales, que convocó al entendimiento bilateral. Más adelante mencionó las innumerables muestras de solidaridad que despierta la causa boliviana en el mundo, sin ser excepción el apoyo de notables chilenos como el poeta Vicente Huidobro, cuya opinión la recitó verbatim. 

Clausuró la posición nacional el agente Eduardo Rodríguez Veltzé, quien pidió a la Corte de Justicia que se pronuncie sobre la obligación de negociar, que constate que Chile rompió sus compromisos y que se convoque a un proceso de negociación en buena fe y en tiempo oportuno.

Una vez terminada la audiencia, frente a la prensa, el canciller chileno Roberto Ampuero, visiblemente turbado, protestó por la imposición que Bolivia perseguía para obtener territorio chileno, sin importarle los derechos humanos, de miles —quizá millones (sic)— de chilenos que serían desplazados de la zona en cuestión. Atribuyó la reclamación boliviana a exigencias de carácter interno y a afanes preelectorales de Evo Morales. Se atrincheró nuevamente en el cumplimiento del Tratado de 1904 y clamó su rechazo a la noción de la obligación de negociar.

A unos metros de distancia, su antecesor en el cargo, Heraldo Muñoz, buscaba rescatar el posible colapso de su propia gestión que comenzó mal con su fracasada estrategia de enfrentar la competencia de la Corte, en su arremetida de la excepción preliminar. Inquieto por la demanda boliviana, con dudas sobre la idoneidad del equipo contrario, recogió el rumor publicado en la prensa chilena acerca de la existencia de un “monje negro”, enigmático, que sería el verdadero “cerebro” de la estrategia nacional. Y sin tapujos identificó al excanciller argelino Mohammed Bedjaoui), quien no obstante de ser juez ad hoc por parte de las Islas Marshall estaría asesorando a Bolivia, actitud que está vetada por los reglamentos.

Esa acusación y otras huidas hacia adelante denotaban en la delegación chilena un presentimiento de derrota.

En cambio, en alborozada atmósfera, Morales ofreció en el Crown Plaza un almuerzo a los bolivianos presentes en La Haya, donde agradeció la actuación del equipo jurídico nacional e internacional, a los expresidentes asistentes y todos quienes contribuyeron al éxito de la presentación nacional. Ahora resta esperar el fallo de la Corte.

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