Fútbol

Quién se anima a ir a Palmasola

Vayan, atrévanse, lleven propuestas. Muestren verdaderas soluciones

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Siles / La Paz

02:22 / 14 de agosto de 2015

El fútbol es más grande que los hombres que lo dirigen. Hoy ya no es tiempo de seguir esta “guerra”, ahora más que nunca es necesaria una tregua para salir de la crisis. El fútbol boliviano ya no necesita de misiles, requiere de una urgente atención. Que cada uno asuma su rol, su culpa, y deje de tirar piedras y esconder la mano. Es el momento para hablar de frente, de hacer propuestas concretas, de atreverse a ser hombres al servicio del deporte dejando los intereses propios de lado. Hay que jugar al fútbol y permitir que la pelota ruede en un terreno fértil.

Hace 100 años, en plena batalla de trincheras durante la Primera Guerra Mundial, se disputó un improvisado partido entre los soldados británicos y los alemanes en Bélgica, que había sido invadido por las tropas de Alemania. Fue una jornada —en la Navidad de 1914— de una tregua inesperada, “decretada” por los propios contendientes tras días de cruenta batalla con miles de muertos.

Por qué no imitar algo de eso hoy en Bolivia. No es que aquí la cosa sea cruenta, pero sí es feroz: dirigentes contra dirigentes. Qué no se han dicho, cuántas cosas han movido. Unos están presos pero no se dan por vencidos, otros caminan libres y no sueltan las armas, quieren verlos todavía más hundidos a sus adversarios.

En medio de esta “guerra” está el fútbol, nuestro fútbol. Así, en crisis, tan golpeado, alguien —más de uno— debería darse cuenta de que igual, a pesar de todo, es más grande que los que lo dirigen. Y amerita que lo atiendan.

Hagan ustedes, los dirigentes, una tregua. Dejen por un rato a sus tropas descansar, apaguen el incesante fuego de artillería. Salgan de sus trincheras y den un paso adelante. Mírense cara a cara y hablen. Por qué no ir a la casa del “enemigo”. A ver quién se atreve. Vayan y díganle: “Es tiempo de hacer algo de verdad por el fútbol”. Tengan la capacidad de convencerlo de que ésa es la mejor salida.

Pero la realidad es otra: unos le piden a Carlos Chávez su renuncia; otros, que ponga su cargo a disposición. Lo hacen de muy lejos, desde sus escondites, utilizan misiles teledirigidos. En esta “guerra” que ya parece desigual, lo único que quieren es vencerlo, dejarlo fuera a como dé lugar.

Él, por su parte, se resiste. Si le disparan, también dispara. Está debilitado, acorralado —su suerte está echada—, pero se cree aún fuerte e igual responde, no le falta munición y echa mano de ella. Estar preso no es suficiente, parece que no lo han doblegado y sigue dando batalla.

Los dirigentes van a Santa Cruz, se reúnen, hablan, pero no avanzan. No pueden o no saben cómo hacerlo. Una cosa es desde afuera, otra, muy diferente, desde adentro. Por qué no echarle una escapada a Palmasola para proponer: “Carlos, hagamos una tregua. Todos queremos el bien del fútbol. Te proponemos que renuncies por esto y por este otro. Hazlo por ti mismo, por tu familia y, sobre todo, por nuestro fútbol. Nosotros pondremos todo lo mejor para que esto que queremos no siga cayendo en picada”.

Vayan, atrévanse, llévenle propuestas. Así como lo denunciaron —valientes, altaneros—, ahora pónganse frente a frente, díganle en su cara lo que piensan. Muéstrenle soluciones. Que de alguien parta esta tregua. Él, Chávez, tendría que entender que está ahí —en la cúspide del fútbol— por obra y gracia de los dirigentes que lo encumbraron. Ellos ahora ya no lo quieren más en ese lugar, le han quitado el respaldo que alguna vez le hizo fuerte y lo están viendo caer en picada. Debería pensar y dar un paso al costado. Sería lo mejor. Además, es el pueblo el que también se lo pide.

Después, ya se verá si su “pecado” son los nueve años de fracasos deportivos —fracasos, dicho sea de paso, propios de la historia de nuestro fútbol—. O se verá si hizo otras cosas, si cometió delitos, como los que le endilgan. Si es lo primero está mal que pague como está pagando. Si es lo segundo, que la justicia —ella, la justicia— lo juzgue y lo sancione, en buena ley.

Mientras tanto, basta de artillería pesada. Los dirigentes deberían asumir que no son pocos los culpables de lo que le pasa al fútbol boliviano, que se den cuenta de que ellos también están involucrados. Y deberían hacer más de lo que hacen por arreglarlo.

No es solo la conducción de la FBF. Está la Liga, están los clubes, las asociaciones. El fútbol es un mundo mucho más grande del que quieren hacer ver como si diera vueltas solo alrededor de unos cuantos.  Son ustedes, los dirigentes, los que pagan dos millones de dólares al año para mantener a su primer plantel y no llegan a doscientos mil dólares para la formación de jugadores.

Son los que se eligen y se llenan la boca de aparentes soluciones —aunque en realidad son más ataques que otra cosa—, pero no son capaces de presentar un proyecto serio. Parece que la cuestión es llegar, no importa cómo. Y cuando están ahí, no hacen nada.

El fútbol boliviano ya no necesita de misiles. No le sigan mintiendo a la gente. No le digan que la culpa es solo de uno ni continúen abriendo el paraguas diciendo que el fracaso que viene, aunque ya no esté, también será del quien estuvo. Si fuera así, de quién tendría que ser el éxito de hace 20 años.

Ustedes tiran muchas piedras y por lo general esconden la mano. Son acusadores sin mirarse en el espejo. Si uno de su bando se atreve a ir a la trinchera del frente, ya le acusan de que se ha vendido, no son capaces de razonar que quizás lo que está haciendo es para acercarse al contendiente y proponerle una salida.

Hagan eso. Dejen de lado sus fusiles y sus odios. Que el cambio que propugnan sea inolvidable. Vayan y protagonicen un partidillo de fútbol, que sea la pelota la que ruede. Hagan un acuerdo firme para que mientras dure la tregua las partes no sigan abriendo fuego. Hace 100 años ellos, los soldados, fueron capaces. La guerra dejó nueve millones de muertos, pero aquel inolvidable partido por la paz se lo sigue recordando.

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