Marcas

Nada está dicho hasta el último segundo

‘¡Necesitamos de esa montaña rusa de emociones para seguir creyendo en el fútbol!’

La Razón (Edición Impresa) / Ariadne Ávila

06:58 / 04 de julio de 2018

Primero, Perú llega al Mundial después de 36 años (¡bien hecho, Perú!); luego, Argentina, la grande Argentina que quedó segunda del mundo hace cuatro años, empata con Islandia; después México le gana al excampeón Alemania. ¡La gente no se lo cree! El mundial empieza poniéndonos los pelos de punta y nosotros encantados, dichosos. ¡Gracias a la vida por permitirnos estas emociones! Duele el estómago, sube la presión, da vueltas la cabeza, salen las lágrimas, el pulso se acelera y el sudor cae por las frentes… ¡Nada está dicho hasta el último segundo! ¡Nada!

Porque los pronósticos han fallado, porque se han perdido apuestas hechas con la cabeza fría, porque ni siquiera los que más deseaban que pasara han podido creer que todo estuviera sucediendo. ¡Es hora de gritar con fuerzas y ponerse la camiseta del color que sea! Yo, esperanzada, por ejemplo, me he puesto la roja y blanca por mis raíces peruanas. Perú se fue temprano, pero ¡carajo!, y perdóneme la expresión, ¡qué bien ha jugado!¡Eso es el fútbol!

Hemos visto a una Croacia con un equipo bastante sólido y con todas las ganas de llegar a la final; hemos visto a un Perú que ha mostrado mucho más de lo que esperábamos; hemos visto a un México fuerte y preparado que se ha ido con todo y más hacia la cancha y no se ha dejado meter ni un solo gol por el ex campeón mundial. ¡Y eso no ha sido todo! Las sorpresas siguen llegando y nuestros hígados se estremecen de los nervios porque… ¡nada está dicho!

En la fase de grupos, las peleas entre países ya iban parejas y reñidas. ¡Qué dolor de cabeza ha causado Alemania a sus fanáticos! A mediados de su segundo partido en la Copa, contra Suecia, parecía que se iba; y luego, en los últimos segundos, cambió su destino (por unos cuantos días).

¿Quién no ha tenido una oreja en el partido Alemania-Corea y otra en el de México-Suecia? ¡Qué día intenso! Para complicar la cosa, se aumentaron diez minutos de juego para los alemanes. ¡Qué estrés, qué emoción, qué nauseas! Solamente nos quedaba sudar la camiseta prestada, su-darla frío porque ni corremos ni hacemos goles, apoyar a nuestro favorito y esperar hasta el último segundo para ver qué ocurría. Y, decir hasta el último segundo en este mundial se entiende literal: HASTA EL ÚLTIMO SEGUNDO.

El grupo H ha dado vértigo. ¿Japón? ¿Senegal? ¡Qué manera de hacernos sufrir incluso cuando ya todo el juego había terminado! Con los puntos empatados, ya no había partido que mirar. Algunos hacían cálculos, otros mirábamos una y otra vez la tabla de posiciones y las clasificaciones a octavos. ¿Japón? ¿Senegal?... ¡Japón!

Para continuar con la montaña rusa, entramos a octavos. ¡Sí! Entramos, porque el mundo entero juega el Mundial, el mundo entero grita gol, salta con la camiseta o la cara pintada, hace apuestas y se rompe los nervios apoyando a su selección o a la selección prestada. Octavos nos dejó agotados.

¡Argentina-Francia! Gol, gol, gol… Los pelos de punta. ¿Quién va a irse ahora? Los oídos atentos, las manos sudorosas y el destino no se define ni al primer ni al segundo gol, nada queda dicho en el primer tiempo. La espera desespera y el sábado se va esfumando lentamente frente a la pantalla. ¡Qué partidazo!

Al día siguiente, enloquecemos con los penales de España contra Rusia. ¿Rusia? Sí, Rusia empatada con un favorito. Y ese equipo, que desde el 86 no llega ni siquiera a octavos, le gana a España. ¡Sorpresa!

Para rematar, unas horas después viene el partido Croacia-Dinamarca. ¡Qué manera de sufrir el fútbol! Los dos goles más rápidos de este Mundial y la batalla de arco a arco. Llegan a alargue, sigue la batalla, llegan a penales. Sudamos de nuevo, nos mordemos las uñas, nos tapamos los ojos. ¡Nada se decidió hasta el último penal! El héroe Rakitic (más por llevar la carga de clasificar a su selección o alargar la tortura) pateó y se hizo un silencio en el planeta… ¡la pelota entró! ¡Croacia a cuartos!

Colombia se la juega contra Inglaterra y, contra todo pronóstico, llegan a penales. Los latinoamericanos sudamos, lloramos de emoción…¡todavía se puede! Pero no… Ahora entramos a cuartos y seguiremos sudando la camiseta y respirando fútbol.

Desilusión, ilusión, esperanza, irreverencia… ¿De qué más se trata la copa del mundo si no es de eso? De la emoción, de los nervios, de la fe ciega en los que creemos y las sorpresas y las derrotas. ¿De qué más se trata el fútbol, para el simple mortal de a pie, si no es de eso?... ¡Pasión irracional! Que hablen los que analizan, que auguren los brujos; pero nosotros, los que no hacemos ni uno ni lo otro: ¡necesitamos de esa montaña rusa de emociones para seguir creyendo en el fútbol, para seguir creyendo en el juego de la vida!

Termino esta nota con una confesión que va hacer reír a muchos, pero que defiendo con ese nudo que tengo en el pecho por no ver a Bolivia en la Copa desde el 94: He apostado que Bolivia llegará al Mundial en Catar. Me pongo la camiseta y pienso que es posible porque…¡nada está dicho hasta el último segundo, hasta el último penal!

Ariadne Ávila es escritora.

Invitada por Marcas de La Razón

durante el Mundial Rusia 2018.

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