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Artistas despiden a Inés Córdova y a su diversa obra de ‘silenciosa belleza’

Autoridades, familiares y colegas dieron ayer el último adiós a Inés Córdova Suárez, grabadora, muralista, pintora y maestra del collage. La curadora Valeria Paz analiza el aporte al arte boliviano de la creadora potosina fallecida el miércoles, a los 82 años.

Velatorio. Los restos de la artista potosina fueron despedidos ayer en los salones de la funeraria Santa María de la zona de Miraflores.

Velatorio. Los restos de la artista potosina fueron despedidos ayer en los salones de la funeraria Santa María de la zona de Miraflores.

01:00 / 21 de mayo de 2010

Autoridades, familiares y colegas dieron ayer el último adiós a Inés Córdova Suárez, grabadora, muralista, pintora y maestra del collage. La curadora Valeria Paz analiza el aporte al arte boliviano de la creadora potosina fallecida el miércoles, a los 82 años.

Inés Córdova Suárez, pionera en las artes bolivianas de extraordinaria sensibilidad, no se resignó con lo aprendido en la Academia Nacional de Bellas Artes y los paradigmas de la época. Su formación en pintura fue sucedida por el estudio y la investigación de diferentes medios y técnicas con los que logró posesionarse como una de las más importantes artistas del siglo XX de Bolivia.

Un espíritu asertivo logró forjar una propuesta propia y auténtica con sus creaciones cerámicas realizadas a fines de los sesenta y principios de los setenta. Cautivada por el arte prehispánico, contribuyó a la revalorización de la cerámica, técnica que no se consideraba entonces parte del canon artístico. Motivada por la misión de hacer un arte nacional auténtico, como muchos de sus contemporáneos, la exploración de la cerámica en sus manos derivó en formas sensuales, de extrañas protuberancias e inesperados  orificios. Esa particular sensibilidad hacia la materia se manifestó con elocuencia en los cuadros de textiles y chatarra de las subsiguientes décadas. 

En la serie de cuadros de paisajes andinos, sugeridos con pedazos de tela recortados, unidos con puntadas de costura y tesados sobre bastidores, sugirió nuevamente la constante presencia de lo andino pero usando esta vez otro de los medios por excelencia del arte prehispánico: los textiles. En esta propuesta, su sensibilidad al lenguaje femenino de la costura se hizo visible en la manera en que exponía las puntadas, los bordes de la tela descosidos y las telas cosidas sobre otras, como parches que tapan los huecos de la ropa vieja.

Estas obras, de estética austera, en las que predominan los blancos y los colores tierra trascendieron, sin grandes pretensiones, sus referencias para convertirse por derecho propio en abstracciones de silenciosa belleza. 

Los montajes de telas derivaron, casi simultáneamente, en composiciones con latas, inspiradas en los colores y dramáticos contrastes del paisaje altiplánico. En esta propuesta se enfatizó la intención de trabajar con materiales "pobres" y una estética austera. Con láminas de metal recicladas, recortadas y clavadas en las que quedaban frecuentemente visibles las huellas de su uso y del olvido —oxidadas, arrugadas, hundidas y agujereadas—, la artista se consolidó como una de las más importantes cultoras de la abstracción boliviana y con un sello único.

Inés Córdova nos ha dejado un importante y original legado: el trabajo de toda a una vida. El espíritu resuelto y tenaz que pervive en sus obras nos brinda la posibilidad de mirar el mundo con nuevos ojos y disfrutar una mirada sensible y apasionada, una verdadera y auténtica inspiración y motivo de orgullo para todos los bolivianos.

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