Ciudades

Mickeyla, de 4 años, pasará la vida postrada en una cama

Violencia. Su padre la golpeó hasta dejarla en estado vegetativo

Mickeyla. Niñez que no fue. Su madre y su abuela la rodean de peluches, pero ella no se da cuenta.

Mickeyla. Niñez que no fue. Su madre y su abuela la rodean de peluches, pero ella no se da cuenta. Carmen Quispe.

La Razón (Edición Impresa) / Micaela Villa / La Paz

01:52 / 27 de agosto de 2014

Mickeyla, de cuatro años, despierta cerca de las 07.00. No puede hablar, no puede moverse, no escucha ni  ve. Tenía un año cuando su padre José Israel Ordóñez Illanes, de 28 años —sentenciado a 20 años—, la golpeó brutalmente. El 90% del cerebro de la niña tiene daño severo.

Además de la muerte cerebral, una parte de su cráneo se encuentra hundida, el oído derecho está dañado, tiene una rodilla desplazada hacia atrás. La niña permanece echada en su cama todo el día, continúa usando pañales y solo consume líquidos. Los médicos le dieron 15 años de vida.

Carmen Quispe, su madre, de 26 años, trabaja en la ciudad de La Paz   para mantener su hogar y cubrir las necesidades de Mickeyla; retorna por la noche a su vivienda en la zona Cumaravi, en El Alto. Durante el día,  Gumercinda Choque, su abuela materna, se queda a su cuidado y los fines de semana es Carmen quien se ocupa de atenderla.

“Ella no hace nada sola. No quiero verla más así, tengo la esperanza de  que se pueda sentar y recuperar la vista”, dice la joven mamá a La Razón. Carmen tiene fe en que un día su hija recupere la vista y la reconozca. “Se ha aferrado a la vida, no me queda más que apoyarla y darle calidad de vida. Me dijeron que su caso es irreversible, pero no pierdo la esperanza. Actualmente, está con medicamentos y fisioterapia”, apunta.

Mickeyla nació el 7 de julio de 2010. El 7 de septiembre de 2012, un año y dos meses después, se quedó al cuidado de su padre, mientras Carmen iba a trabajar en una cafetería de la avenida Montes. Ese mismo día, Ordóñez Illanes se presentó en el Hospital Materno Infantil con la niña en brazos alegando que se había caído de un taburete. Los médicos constataron que la bebé tenía un traumatismo craneano severo y fractura de una clavícula.

“Vivíamos como pareja en la zona de Achachicala. Él trabajaba en un taller de relojería, con su padre, nos  cruzábamos todo el tiempo en el camino. A los cinco meses de enamorar, me embaracé de mi niña”, recuerda la madre, quien trabaja como asistente del abogado Eduardo León, quien defendió su causa.

Daño. A las 19.00, el hombre se presentó en su trabajo. Estaba muy nervioso, le dijo que la niña se había caído de un taburete.  Sin embargo, cuando la madre llegó al nosocomio, los médicos le advirtieron que la pequeña había sido víctima de una brutal golpiza. Trabajo Social del hospital llamó a la fuerza pública, como corresponde cuando se presentan estos casos, pero el padre había escapado. Después de varias horas de búsqueda, fue encontrado en casa de su padrastro, donde había hallado refugio.

“Estuvo tres meses en la Unidad de Terapia Intensiva, en ese tiempo ella se retorcía y tenía deformaciones, transpiraba, convulsionaba, llegó a tener 40 grados”, recuerda Carmen, quien tenía cinco meses de embarazo y perdió a ese bebé.

El 22 de julio, Ordóñez Illanes fue hallado culpable del delito de asesinato en grado de tentativa y lesiones gravísimas, y el Tribunal 7º de Sentencia de La Paz lo condenó a 20 años de presidio. Sin embargo, su defensa presentó una apelación que será resuelta en unos días. En la audiencia, el procesado pidió que se apiaden de él y volvió a negar responsabilidad en lo ocurrido.

El daño cerebral es irreparable

Muerte

Las personas con muerte cerebral pueden mostrar actividad o reflejos de la médula espinal, como sacudidas o contracciones musculares, debido a los impulsos eléctricos que perduran en ésta, aun cuando el cerebro esté muerto.

La madre de la niña pide colaboración

Dos veces por semana, la familia de Mickeyla la lleva a su sesión de fisioterapia. Carmen Quispe, su madre, pide ayuda médica para rehabilitarla, a pesar de que su caso es “irreversible” y que los médicos le dieron a su niña 15 años más de vida. 

“Me dijeron que su caso es irreversible, pero como madre no pierdo las esperanzas. Si alguna embajada podría ayudarnos....”, piensa en voz alta. Ella cree que cuando el público conozca la condición de la pequeña, alguien le extenderá una mano, aunque sea para ayudar a que mejore la calidad de vida de la menor, que está al cuidado de su abuela, ya que Carmen no puede pagar una enfermera y trabaja todo el día.

“Mi hija ni siquiera juega a pesar de que le hago escuchar sonajeras. Solo me queda luchar por ella y ver dónde más puede ir”, agrega, cinco días después de que su padre  fuera sentenciado a pasar en prisión 20 años. “Por más que esté en prisión 20, 30 o 50 años , eso no me devolverá a mi niña”.

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