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Viajó a la Argentina por trabajo, pero fue esclavizada y violada

Teresa H. y su esposo rescataron a su hija Mónica, de 19 años, de una población de Argentina. Ella viajó allí con promesas de trabajo, pero solamente encontró explotación laboral y abuso sexual, y quedó embarazada. Los padres no recibieron ninguna colaboración.

Movilización. En septiembre se realizó una campaña en contra de los delitos de trata y tráfico de personas. Foto: Archivo

Movilización. En septiembre se realizó una campaña en contra de los delitos de trata y tráfico de personas. Foto: Archivo

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Rivas / El Alto

00:00 / 07 de diciembre de 2014

Teresa H. y su esposo rescataron a su hija Mónica, de 19 años, de una población de Argentina. Ella viajó allí con promesas de trabajo, pero solamente encontró explotación laboral y abuso sexual, y quedó embarazada. Los padres no recibieron ninguna colaboración.

La joven había decidido buscar trabajo porque su familia atravesaba carencias económicas. Lo hizo mediante internet, en una máquina del negocio que regentaba su hermana.

Así se contactó con una señora de pelo blanco que le prometió empleo en Argentina con un sueldo mensual de $us 300 y la posibilidad de estudiar.

Sin pensarlo dos veces, la joven recogió algunas cosas y se marchó sin despedirse de sus parientes. Era el 8 de agosto.

Al día siguiente, sus padres denunciaron la desaparición de su hija en oficinas de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC), pero esa unidad no les brindó ayuda bajo el argumento de que debían esperar 72 horas para darla como desaparecida.

Cerca de las 12.00, Mónica llamó a su hermana mayor y le dijo escuetamente “Voy a Liniers, estaré bien, estoy yendo a estudiar y trabajar. No se preocupen, ya debo irme”, y colgó.

Los progenitores tenían algunas pistas, pero carecían de respaldo policial. Entonces, primero el padre, y luego la madre, se marcharon hacia la Argentina en busca de su hija, sin más información que la que ella había dado.

Antes, en el país, la progenitora buscó ayuda ante el fiscal de materia Harold Jarandilla, quien fue el único que los cooperó en toda esta vivencia de trata y tráfico de personas.  

En septiembre recibió una llamada de la señora de pelo blanco que no se identificó, pero que le  indicó que su hija estaba bien. “Le pedí que me comunicará con ella. Lo hizo pero mi hija solo decía si o no, nada más, no hablaba”.

Entonces, Teresa, la madre de Mónica, decidió viajar a territorio argentino para ayudar a su esposo en la búsqueda. En ese país tampoco consiguieron auxilio policial; pero gracias a un hermano de Teresa dieron con el paradero de Mónica y la rescataron.

Todos tomaban y fumaban en la pensiónEl momento en que Mónica llegó a Villazón, el 9 de agosto, recién avisó a su familia que se dirigía a Liniers, aunque no especificó en qué país quedaba esa región. Señaló que se iba a estudiar y a trabajar para mandar dinero.

La madre de Mónica, Teresa H., contó que unos días después recibió la llamada de una mujer que le dijo: “Su hija está bien, no se preocupe, no haga tantas averiguaciones que ella está trabajando”.

La señora comentó que le pidió hablar con su hija. “Quise conocer muchos detalles, pero sentí en sus palabras que ella ocultaba mucho, porque yo le preguntaba y ella solo decía sí o no. No era la chica conversadora de antes”.

El hermano de la progenitora, que vivía en territorio argentino, fue de gran ayuda para dar con el paradero de la adolescente, pues logró que la mujer le diera la dirección donde se encontraba. Le dijo que le mandaría una maleta con ropa y $us 300.

“Ya con el dato de dónde estaba, nos fuimos con mi esposo. En la pensión todos tomaban y fumaban. La vimos por una ventana y ella corrió hacia nosotros, abrazó a su padre y lloramos juntos. La señora se escapó”, relató la madre.

También le prometieron que no dejaría de estudiar

En agosto de este año, Mónica F. H., de 19 años, buscaba trabajo para ayudar a su familia a salir de una crisis económica en la que entraron desde hace dos años. Decidió indagar por la internet y allí una señora le prometió trabajo como secretaria con una psicóloga, y le aseguró que, además, tendría la oportunidad de estudiar.

En 2011, Mónica estaba a cargo de su hermano menor, que sufre de discapacidad mental. Su papá trabajaba como policía y su mamá dejó de ser enfermera.

Una tarde salió a comprar a la tienda y la puerta de calle se cerró con el viento. Mónica no pudo ingresar a su casa y se trepó por la pared, pero cayó de lo alto del muro y se fracturó una pierna. Ese día, su progenitor estaba de servicio y al recibir la noticia pidió permiso a sus superiores para atender a su hija y a su esposa, Teresa H., quien sufre diabetes, pero le negaron el permiso y aún así fue a verlas. Por este motivo la institución decidió darle de baja.

A partir de entonces, los problemas económicos agobiaron a la familia. Su mamá empezó a vender comida. Por ello, la joven quería demostrar que ella también podía ayudar económicamente en su casa. Estaba afligida porque su padre no podía retornar a la Policía pese a las explicaciones.

El 8 de agosto, Mónica acordó con la señora que le ofreció trabajo encontrarse cerca de su domicilio. A las 12.00 salió a comprar una tarjeta para la recarga de crédito del teléfono celular de su progenitor. Regresó a su domicilio y volvió a salir con el pretexto de que se había olvidado algo en la tienda. Luego sus padres se enteraron de que esa jornada  tuvo una cita con la señora de pelo blanco. Desde entonces, sus familiares no supieron más de ella hasta dos meses después.

En Argentina, Mónica trabajó por más de 12 horas limpiando y cocinando en una pensión; el hijo de la dueña de casa la violó y quedó embarazada. Ahora está de retorno en su hogar.

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