Economía

El nuevo reto es sostener a la nueva clase media

El directivo de la financiera multilateral destacó la gestión ‘prudente’ de la economía en la última década, lo que permite proyectar al país de forma positiva para los próximos años.

El representante del BID en Bolivia Alejandro Melandri habla sobre el crecimiento económico de Bolivia.

La Razón (Edición Impresa) / Claudia Benavente / La Paz

15:33 / 10 de junio de 2018

— ¿Nos puede dar un balance preliminar de cómo ha encontrado a Bolivia?

— La primera nota general siempre es la sorpresa por la evolución de Bolivia en la última década. Tuve la oportunidad de trabajar con el banco en el país entre 2009 y 2010, luego estuve ausente por siete años y retorné para tomar funciones (en 2016). Me sorprendí del crecimiento de Bolivia en ese relativamente corto periodo, de la infraestructura, de la obra pública y privada, de los edificios, del desarrollo de La Paz y Santa Cruz. Y creo que estas obras reflejaban un poco una pujanza general y el crecimiento general del país; y, más allá de lo que uno lee en los números, en verdad me sorprendí al verlos, gratamente por supuesto.

— Una de las imágenes estereotipadas en este tipo de organismos es que trabajan con una misma receta para todos los países. La historia nos demostró que se debe dialogar para llegar a acuerdos. ¿Qué opinión le merece?

— No creemos en las recetas, creemos en que hay que analizar cada situación, por eso se tiene una estrategia específica con cada país (...) con base en un diálogo, un acuerdo sobre los ejes principales que se deben trabajar y que luego se desarrollan con proyectos (...). Mutuamente tratamos de identificar cuáles son las principales restricciones que tiene el desarrollo en cada país y a partir de éstas visualizar cómo se puede intervenir y dónde es más útil la participación del financiamiento del banco.

— Después de la primera mirada positiva del país, ¿hoy, hay algunos elementos que tengan que entrar en debate?  ¿Qué es lo que está prendiendo una luz amarilla, roja o verde?

— Más allá de que sean luces de alarma o de alerta, creo que la palabra clave cuando uno analiza cómo se gestiona un país es “dinámica”. La realidad es dinámica y no se puede estar aplicando un mismo patrón eternamente. Gestionar la economía, gestionar un país, requiere flexibilidad para estar acorde con esa dinámica. Volviendo a la estrategia del banco con el país, la identificación de problemas que se hacía con Bolivia hace cinco o seis años rondaban básicamente el tema de la pobreza. Un desafío esencial y urgente para el país era atacar este problema y se han logrado resultados espectaculares en esa materia. La reducción de la pobreza, de los niveles de desigualdad, han sido muy grandes (...). Estas evoluciones se lograron con altos niveles de inversión, con crecimiento económico sostenido, aprovechando una bonanza de contexto externo, produciendo una transferencia de riqueza a sectores de la sociedad y desarrollando las infraestructuras necesarias.

— Más allá de la bonanza o no, ¿puede hacer un análisis de ejercicios que hayan funcionado?

—(...). Sin buscar casos específicos, evidentemente Bolivia emerge de los últimos 10 años en una situación muy positiva. Sostuvo el crecimiento durante la década y tiene una economía que continúa siendo resiliente, de manera que sigue proyectando tasas de crecimiento que aún son altas en la región. Eso ya puede ser un indicador de una gestión prudente, atenta a los principales fundamentos macroeconómicos, y Bolivia sale de este periodo con algunas variables que dan espacio y capacidad al Gobierno para continuar gestionando la política y preparándose para nuevos escenarios. Concretamente, el país tiene un bajo nivel de reservas, un bajo nivel de endeudamiento, una buena estructuración de su endeudamiento con multilaterales a tasas bajas, una inflación baja y continúa la tendencia de crecimiento. La salida de ese periodo es buena y da un espacio para que se continúe gestionando.

— Sobre la deuda, ¿cuál sería el parámetro más frío para ver hasta dónde llega el agua?

— (...). Ciertos parámetros técnicos nos orientan dónde uno está ubicado. En el caso de Bolivia, la deuda externa total es de aproximadamente 27% del Producto Interno Bruto y eso, en general, bajo la mira de cualquier organismo supervisor de la situación fiscal de los países o aún de analistas económicos, es un nivel de endeudamiento moderado y bajo. Pero además es interesante observar cuál es la estructura de esa deuda, de los casi $us 10.000 millones de deuda externa que reportó a fines de marzo el Banco Central, algo más de 6.000 millones están contratados con organismos multilaterales. Esos endeudamientos en algunos casos —como hasta ahora con el BID— tienen un margen bajo de concesionalidad, tasas de financiamiento bajas y plazos muy largos, y han sido todos asociados a la ejecución de proyectos de inversión de infraestructura, que le van a dar a la sociedad una rentabilidad a mediano y largo plazo. Es decir, una deuda moderada estructurada a largo plazo, aplicada a proyectos que se asocian a esa necesidad de largo plazo, se ve como una estrategia prudente.

— ¿En qué se invierte y qué impacto tiene el dinero prestado?

—(...). En estos años, el resultado que se ha conseguido con la generación de fuentes de energía renovable, líneas de transmisión, carreteras, construcción de hospitales, financiamiento de empleo, todo eso está contribuyendo a necesidades muy básicas que empiezan a achicar una brecha que era muy grande. Eso hace que la calidad de ese endeudamiento y la asociación con estas necesidades sea muy alta.

— ¿Cuál es el consejo del BID respecto de la política monetaria del país?

— Depende, pero creo que es importante para el país mirar el problema como un conjunto. Los temas de la competitividad, de la productividad de la industria y de la producción boliviana es una discusión hacia adelante que no solo debe ser pensada como algo que se trabaja con una política monetaria, sino que también es necesario trabajar en otras variables de gran importancia como la eficiencia de gestión de documentación, de aduanas, de procesos de exportación, la calidad de los acuerdos comerciales, la interacción con países vecinos, la disponibilidad de infraestructura para el comercio exterior.

Encuentre la información completa en la edición impresa de La Razón. (10/06/2018)

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