Columnistas

Ley seca en tiempo húmedo

La Razón (Edición Impresa) / Edgar Arandia Quiroga

00:06 / 03 de marzo de 2019

El calendario y la repartición del mundo indígena siguen conteniendo los modos de vida de una parte mayoritaria de la población boliviana. Si bien estas normas no están formalizadas por el Estado, en cambio si permanecen a través de los siglos, expresados en los ciclos agrícolas del todo el territorio boliviano y sus tiempos vitales de cambio.

Desde antes de nuestra era y luego influida por los calendarios juliano y gregoriano (siglo XVI) el tiempo húmedo, de las lluvias, tiempo femenino de fecundidad traspasó esta distribución de meses y años, conduciendo a la población en su cotidianidad durante la Colonia, la República y el Estado Plurinacional.

Orientado por los sabios y amautas, los laramas se especializaban en ver y observar los fenómenos del mundo de arriba y determinar que el mundo se dividía en tres estaciones, según Bouysse C. : j’uypi pacha, fría y larga(21 de marzo-21 de diciembre) vale decir desde el equinoccio de otoño hasta el solsticio de verano, lupi pacha ( 21 de septiembre-el 21 de diciembre), es decir desde el equinoccio de primavera hasta el solsticio de verano y la última, el jallu pacha (21 de diciembre- 21 de marzo), tiempo húmedo, de fecundidad y abundancia agrícola, tiempo del Anata, o tiempo de jugar y del cuerpo, distribución que a su vez coincide con la labranza, la siembra, la cosecha y el Carnaval europeo.

Otras consideraciones apuntan a una influencia del calendario gregoriano y la repartición de los ciclos agrícola en cuatro: Invierno=awti pacha, verano=jallu pacha, y dos tiempos intermedios, a saber primavera=michua y el otoño=khojpa. Esta última construcción de los ciclos agrícolas es la más cercana a la práctica ritual, razón por la cual es parte del rito la libación con bebidas espirituosas para agradecer por los dones a la Pachamama. Según varios textos (Cobo, Garzilazo, Bertonio) era común ch’allar con agua o chicha en la mayor parte de las regiones. Las bebidas eran consideradas ofrendas sagradas para acercarse a los seres sobrenaturales, a las divinidades que protegen a los seres humanos y la naturaleza.

Durante el desarrollo histórico de los carnavales y el Anata, esta práctica perdió su relación mítico religioso y su exagerado consumo enterró su rol ritual de celebración de la vida.

Como era previsible, después de su nominación de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad el Carnaval-Anata de Oruro, suprimió este acervo profundo para comercializar la cultura/religión y ofrecer el consumo de bienes simbólicos despojados de sus contenidos y sacar a la luz solamente la diversión y la parte festiva y lúdica.

Todas estas grandes expresiones simbólicas colectivas, objetivadas en la peregrinación en la entrada en devoción a la Virgen del Socavón, generan un expectable movimiento económico y, ante la imposibilidad de controlar el comportamiento exacerbado por la danza y el consumo de alcohol de los devotos; ha provocado una decisión asumida por el Consejo Municipal de dictaminar la Ley Seca en un tiempo que alude al tiempo húmedo de la fecundidad. Me imagino una misa dominical sin el vino de consagrar.

El Carnaval de Oruro, como Patrimonio debe cumplir determinadas condiciones para su permanencia como tal y es comprensible está preocupación por los problemas que conlleva el exceso en todas sus formas, pero, a la vez, están afectando los beneficios económicos que mueve la industria turística en la ciudad de Oruro y en Bolivia.

Hoteles, empresas turísticas, restaurantes, salones de belleza, vendedores ambulantes y una serie larga de población que recibe a miles de visitantes verán mermados sus ingresos que generan otros alternativos. El Carnaval de Oruro mueve varios millones de dólares que impulsan el movimiento económico no tradicional y eso ocurre, sobre todo en estos días.

El ingenio y la creatividad popular inagotable, ocasionó rompimientos a la norma y esos espacios de libertad desde abajo, son tan incontrolables como los danzarines que se dieron maneras de cha’llar a la Pachamana y al Tío o Supay, señor de la Mank’a Pacha o del mundo de abajo que sube a la superficie del mundo a celebrar la vida.

Hay que repensar esta decisión, tomando en cuenta factores multidisciplinarios y en sinergia con la sociedad orureña.

*es artista y antropólogo.

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