Ciudades

La basura en Caranavi, una bomba de tiempo

Los 25.000 habitantes del pueblo generan entre 12 y 15 toneladas diarias de residuos sólidos. El carro basurero echa los desechos domiciliarios a orillas del río Yara.

La basura depositada en el último hueco abierto. El río Yara está a unos 40 metros. (Foto: Luis Gandarillas)

La basura depositada en el último hueco abierto. El río Yara está a unos 40 metros. (Foto: Luis Gandarillas)

La Razón (Edición Impresa) / Micaela Villa / La Paz

11:53 / 23 de junio de 2019

Los desechos sólidos en Caranavi no se separan, tampoco se reciclan; no terminan en un relleno ni en un botadero. Son quemados, tirados a la vegetación y enterrados —la mayor parte— en la ribera del río Yara. Un experto advierte de los riesgos.

Un obrero hace tintinear un fierro para avisar que el carro basurero está a una cuadra y que los caranaveños deben alistar sus desperdicios. La recolección en el área central del pueblo es diaria y dos veces a la semana en la periferia.

El municipio de Caranavi, departamento de La Paz, tenía en 2017, tanto en el área urbana como en el rural, 52.715 habitantes y en 2020 se prevé que estos sumen aproximadamente 53.622.

Los 25.000 habitantes del pueblo —que se encuentra entre los ríos Yara y Coroico— generan entre 12 y 15 toneladas diarias de residuos sólidos. El carro basurero está lleno y toca echar los desechos domiciliarios, por lo que el motorizado se dirige a orillas del río Yara.

Un hueco rectangular de cerca de 20 metros de largo fue abierto a unos 30 metros de la orilla; allí se depositan los desperdicios. Una vez que se llene la fosa, los restos serán cubiertos con tierra y piedras. “Se está improvisando el botadero de Caranavi en la orilla, en la playa, del río Yara. La contaminación es directa”, dice a L A R AZÓN el concejal del Frente Para la Victoria (FPV) José Luis Quisbert.

“Hoy día se sigue manejando como un botadero. Todo tipo de basura se deja a aquí”, añade su colega Richard Quispe, de la misma fuerza política. Ya son cerca de 10 los huecos —de cinco a 10 metros de profundidad—, en aproximadamente 100 metros lineales, que desde hace un poco más de un año se abrieron, se llenaron con todo tipo de residuos y se taparon sin ningún tipo de tratamiento.

En el área se encuentran las urbanizaciones Nueva Generación, Bajo Bella Vista y Villa Verde (Distrito III), que todavía no cuentan con planimetría. Antes, la basura era echada en un predio de la comunidad Alto Agua Rica —antes de ingresar a la vía que llega hasta el pueblo—.

Sin embargo, sus habitantes ya no lo permiten, sostiene Quisbert. Según la Ley de Gestión Integral de Residuos (Nº 755), un botadero es un lugar de disposición final de desechos que no cumple con normas técnicas ni disposiciones ambientales vigentes, lo que llega o puede crear riesgos sanitarios o ambientales.

Caminando cerca de la orilla del Yara, un terreno pedregoso, se observan las bolsas plásticas semienterradas y en algunos sectores el hedor que desprenden los restos al descomponerse, a pesar de estar tapados, es irrespirable.

Gallinas criollas comen por los alrededores y otras aves también buscan su alimento. En otro hoyo cubierto con tierra es evidente el agua estancada. “Sin relleno sanitario, en tiempo de lluvia, es como si saliera petróleo”, afirma el legislador local.

En el nuevo hueco abierto hay bolsas plásticas repletas de desechos, además de botellas pet, latas, residuos orgánicos, estuco y hasta escombros. Los restos de una cabeza de ganado están unos metros más allá.

A unos 40 pasos de ese punto se encuentra una de las muchas viviendas expuestas a la contaminación. Lidia Lanchipa explica que dejó su comunidad hace dos años porque debe llevar a sus dos niños a la escuela, que le queda más cerca. El mal olor es lo que le afecta más, asegura ella, y no es la única que lo asevera. Más información en la edicion impresa de La Razón. (23/06/2019)

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