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Reo admite que mató a Junco, pues lo ‘molestaba’

Ángel Mantilla Apaza, reo de Chonchocoro, admitió ayer haber acribillado a Carlos Alberto Junco Cáceres dentro del penal. La defensa del presunto implicado en el atraco a Vías Bolivia y los reclusos afirman que un capitán de apellido Valda le entregó el arma.

Audiencia cautelar. Ángel Mantilla (centro) declara en el Juzgado 1º de Instrucción en lo Penal de la ciudad de El Alto.

Audiencia cautelar. Ángel Mantilla (centro) declara en el Juzgado 1º de Instrucción en lo Penal de la ciudad de El Alto.

La Razón

01:00 / 27 de noviembre de 2010

Ángel Mantilla Apaza, reo de Chonchocoro, admitió ayer haber acribillado a Carlos Alberto Junco Cáceres dentro del penal. La defensa del presunto implicado en el atraco a Vías Bolivia y los reclusos afirman que un capitán de apellido Valda le entregó el arma.

Durante la audiencia de medidas cautelares, el asesino confeso (sentenciado a 30 años de prisión por violación y asesinato) alegó que el fallecido lo molestaba constantemente. "Mucho me molestaba, por eso lo hice, se hacía la burla de mí, me empujaba cuando pasaba por mi lado".

La jueza Jhenny Prado dispuso su detención preventiva en Chonchocoro por este nuevo crimen, donde Mantilla, señalado como autor del asesinato de otros tres presos, purga su primera sentencia.

La mañana de ayer, Elba Calisaya, esposa de Junco, quien nació en Perú, estuvo en la Fiscalía de Distrito de La Paz. "Quiero que me explique, y no me voy a callar, que me diga el capitán Valda por qué antes de su muerte estaba hablando con Mantilla y de cómo sabía él que mi esposo estaba llegando (al penal después de una audiencia)", aseveró.

La abogada de Junco, Beatriz Segales, afirmó que los reclusos de Chonchocoro le informaron que un capitán metió el arma al penal y se la entregó a Mantilla para que mate al reo peruano. "Voy a pedir al fiscal asignado que tome las declaraciones del caso porque la verdad está en esas cuatro paredes", sostuvo Segales tras la audiencia. Ninguna de las dos proporcionó los nombres ni el segundo apellido del oficial de policía aludido.

Un interno del recinto carcelario, que pidió mantener su nombre en reserva, señaló que la población de esa penitenciaría de máxima seguridad, en la que han muerto asesinados al menos cuatro reos en el último tiempo, presume que fue este oficial el que le proporcionó a Mantilla la pistola 9 milímetros, de uso reglamentario de la Policía.  "Las requisas son estrictas, un abogado o cualquier visitante no pudo haber introducido el arma", dijo.

Otro interno de Chonchocoro  declaró ayer a este diario que el capitán Valda trabaja en ese penal y que dos días antes de la muerte de Junco conversaba con Mantilla. En la dirección de Régimen Penitenciario se negaron a dar información sobre un capitán Valda que cumple funciones en Chonchocoro.

Durante la audiencia de medidas cautelares, Mantilla contó que la abogada de Junco, Beatriz Segales, fue quien introdujo el arma a la penitenciaría. "El día sábado (20 de noviembre), cuando vino a visitarle (a Junco), metió el arma, y eso sabía porque un compañero Efraín Gallardo me dejó una nota que decía que tenga cuidado", dijo.

Según él, aprovechó que el preso peruano salió de Chonchocoro a una audiencia para apoderarse del arma que Junco escondía en su celda y tomar venganza. Segales se mostró ofendida por esta acusación y aseguró que el sábado la requisaron y no encontraron nada extraño. "Un arma no es como un alfiler, los policías podrían haber notado rápidamente", indicó.

La viuda, por otra parte, reiteró  que su esposo tenía que dar información valiosa al fiscal Isabelino Gómez sobre el atraco a la oficina de Vías Bolivia, en julio, y el posterior crimen de David Olorio, involucrado en ese hecho. Este fiscal admitió que fue informado que Junco formó parte de la banda que participó en el atraco.

"De Olorio no sé nada, mi esposo nunca me habló de él porque no participó del atraco a Vías Bolivia, pero estos últimos días me dijo que estaba siendo amenazado por los mismos internos", dijo la viuda.

"Había personas que querían acallarlo para que no pueda revelar los datos. Ellos sabían muy bien a qué hora regresaría mi marido. A veces las armas entran (al penal) con uniforme", aseguró Calisaya ayer entre lágrimas al salir de la Fiscalía.

El ingreso del arma que utilizó Mantilla al sector de régimen cerrado de Chonchocoro resulta extraño también para los reclusos del penal. Uno de los delegados indicó "que los policías no dejan ingresar a los internos ni con cordones (de zapatos) ni con cinturones. "¿Cómo pudo ingresar el arma?, eso se puede deducir fácilmente", advirtió el interno.

Contó que el miércoles, cuando Junco regresó al penal de máxima seguridad cerca del mediodía, en el lugar donde realizan requisas vio a ocho policías. "Ese rato apareció Mantilla, nadie le dijo nada, nadie ha hecho nada y de pronto sacó el arma y le disparó. Los policías se quedaron parados, no hicieron absolutamente nada. La única que reaccionó fue la dentista del penal y gritó para que alguien lleve una camilla", contó.

Además refirió que el gobernador suspendido, teniente coronel Hernán Ramírez, observó el hecho desde unos 10 metros de distancia. "Él ni se paró, parece que se quedó asustado y recién después de algunos minutos pidió la ambulancia".

Algunos detalles del caso Interno: ‘Que a Mantilla lo envíen a otro penal’

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