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Hurtos causan pérdidas de miles de bolivianos a 2 supermercados

Empleados y clientes sustraen productos. Hay quienes lo hacen para venderlos en el mercado negro. Fidalga modernizará su sistema de seguridad el próximo año

Trabajo. Uno de los empleados de Fidalga acomoda productos alimenticios en un estante, en la sucursal que esta cadena tiene a pasos de la plaza Abaroa, La Paz, el jueves.

Trabajo. Uno de los empleados de Fidalga acomoda productos alimenticios en un estante, en la sucursal que esta cadena tiene a pasos de la plaza Abaroa, La Paz, el jueves. Luis Salazar.

La Razón (Edición Impresa) / Kattya Valdés / La Paz

00:01 / 20 de diciembre de 2015

“Yo agarré a una mujer porque estaba llevándose (sin pagar) champús y cremas, pero cuando la estaban subiendo a la patrulla de entre sus piernas cayó una lata de leche de las más grandes”, relata Óscar Aruquipa, gerente de la cadena de supermercados Fidalga en La Paz. Al menos 15 hurtos al mes se produjeron este año en las tres sucursales de esa cadena en La Paz, lo que le ocasionó una pérdida de Bs 120.000, cifra mayor a la de 2014, que no sobrepasó de Bs 100.000.

“Hay clientes que realizan este tipo de hurtos de forma recurrente, y suelen argumentar que son enfermos, que son cleptómanos (impulso obsesivo por robar) y piden disculpas y aseguran que no volverá a pasar”, apunta Juan Carlos Jaillita, responsable de logística del súper Andy’s. 

Este establecimiento comercial lleva a cabo inventarios mensuales y reporta entre Bs 2.000 a 3.000 de pérdidas, que se presume se deben a los hurtos. Si se pone pluma a este dato, el promedio mensual es de Bs 3.500, que en un año bordea los Bs 42.000.

La Razón se contactó con los responsables de comunicación de los supermercados Ketal e Hipermaxi para hablar sobre este mismo tema. En el primer caso declinaron la entrevista ya que el gerente encargado del área se encontraba de viaje y no tenía fecha de retorno. En el segundo, solicitaron que se envíe un punteo de los temas que se iban a tratar, se cumplió el requerimiento pero no hubo respuesta.

A diferencia del robo, el hurto, según el diccionario jurídico, es la apropiación ilícita de un bien “sin ejercer violencia o intimidación en las personas ni fuerza en las cosas”. Fidalga tiene en la ciudad de La Paz tres sucursales, ubicadas en la avenida Saavedra (Miraflores) y en la plaza Abaroa y en la avenida Aniceto Arce (Sopocachi).

Historias. Los escamoteos —dice el directivo de esta firma— “se producen en nuestras tres sucursales,  (y son) tanto internos como externos. En muchos casos hemos descubierto in fraganti a nuestros propios empleados y en esos casos procedemos como establece la Ley General del Trabajo, despidiéndolos”.

“En Santa Cruz encontramos un caso fuerte. El personal sacaba los artículos en las bolsas de la basura. La gerente, que pasaba por casualidad, vio varias bolsas negras, lo que despertó su sospecha; cuando las abrió vio que eran nuestros productos”.

En Andy’s —informa Jaillita— “clasificamos los hurtos en tres tipos: interno, externo de parte de la clientela y el profesional. El más frecuente es el de nuestros clientes, pero es de menor incidencia, dependiendo del producto que roben, ya que a veces es un chicle o un lápiz labial”. Esta cadena nació en 2001. Su central está en la avenida Montenegro de Calacoto y en 2014 abrió tres sucursales en los barrios de Sopocachi, Achumani, Obrajes.

Aruquipa, de Fidalga, tiene un sinfín de historias para contar. “Hemos encontrado a profesionales, con camisa y corbata, que se llevaban carne  en medio de su camisa. Cuando les hicimos el cacheo encontramos carnes frías en rodajas, queso y hasta mortadela” pegadas al pecho.

El caso más insólito, sin embargo, fue el de una mujer sorprendida sustrayendo productos de tocador. Fue denunciada y cuando iba a abordar un patrullero de la Policía, de entre sus piernas se cayó un tarro de leche en polvo de dos kilos y medio.  “Me pareció increíble, no sé cómo lo hizo, cómo era que llevaba una lata tan grande entre sus piernas”.

Los productos preferidos por los supuestos “cleptómanos”, en el caso de Andy’s,  son los de menor tamaño, como las hojas de afeitar, lápices labiales, botes de maquillaje —aunque el precio de los cosméticos es elevado— jugos en bolsa, chicles, galletas... Dado el volumen de ese tipo de mercadería, el seguimiento es difícil.

Jaillita recuerda que en una ocasión una mujer intentó llevarse maquillaje. “Esperamos a que pase por caja y ya en la puerta le dijimos que tenía un producto por el que no pagó. Ella visiblemente nerviosa dijo: ‘lo he dejado en otro lado’. La acompañamos, dimos dos vueltas completas y no había nada, al final (hizo) caer sus lentes y metió el envase (pequeño) entre unos dulces”.

Sus sucursales tienen cámaras de seguridad de última generación que permiten identificar a los compradores indeseables. “No tenemos previsto invertir más en seguridad el próximo año”, dice Jaillita.   Los artículos preferidos por los empleados son los refrescos y las galletas que son consumidos en el momento. “Solo una vez sufrimos un hurto de tipo profesional, hace unos cinco años. Era una banda integrada por cuatro personas que se llevó licores de un valor de cerca de Bs 7.000”.

Los responsables de estos negocios no suelen acudir a la Policía porque el valor de los hurtos es menor, las penas leves y los procesos largos y costosos, por lo que optan por persuadir para que el cliente pague. El artículo 326 del Código Penal establece una pena de reclusión de un mes a tres años para quien “se apoderare ilegítimamente de una cosa mueble ajena” (hurto).

“Los delincuentes —sostiene el responsable de Fidalga— salen después de estar ocho horas detenidos, así que no vale la pena, preferimos persuadir a los infractores para que paguen el valor del producto”. Respecto a la respuesta y el apoyo de la Policía Boliviana, Aruquipa opina que es muy “tardía”.  Por otro lado, los ladrones “de oficio” son muy “selectivos” con lo que se van a llevar.

“Los productos de Nivea son miel para ellos, los desodorantes, las cremas dentales, champús, las leches NAN y de otras marcas, porque los pueden comercializar fácilmente en el mercado informal”, añade. Estos antisociales no actúan solos. “Vienen entre cinco o seis personas, uno distrae al vigilante, pero quien se da cuenta (del hurto) es el que monitorea las cámaras de vigilancia y comunica en qué pasillo se está registrando un hecho delictivo”.

Alarma. También hay jóvenes que enamoran a los guardias para que les dejen entrar al establecimiento comercial. Si las encargadas de resguardar estos ambientes son mujeres, son conquistadas por delincuentes del sexo opuesto, añade. Para frenar las pérdidas, este supermercado proyectó implementar un nuevo sistema de seguridad en 2016 que consiste en el uso de antenas, que serán colocadas en cada producto y serán desactivadas solo en las cajas; de lo contrario, la alarma se activará.

“Tenemos previsto invertir cerca de $us 20.000 en este sistema. Es necesario implementar estos dispositivos porque son más precisos que estar haciendo el chequeo constante”, apunta Aruquipa, quien además admite que a veces los ladrones no son detectados pese a las cámaras y vigilantes. “Lo que descubrimos debe ser el 20% de lo que realmente perdemos”. Esta empresa cuenta con cuatro tipos de personal en seguridad: industrial, ocupacional, interno y un grupo “especializado”.

“Tenemos personal infiltrado, ni los trabajadores saben que trabajan aquí. Ellos figuran como compradores pero cuando ven a algunos individuos llevándose algo, van directamente hacia ellos y les dicen: ‘disculpe señor, se le olvido pagar un producto’. Es la forma de persuadirlos para que no sean denunciados”.

Otra de las medidas de seguridad que se toma en la cadena Fidalga es renovar su plantilla anualmente. “Hacemos evaluaciones quincenales y a los que tienen una evaluación por debajo de los parámetros que establecemos, los cambiamos, para evitar que puedan entrar en contacto con algunos antisociales”.

La evaluación quincenal se la efectúa sobre 40 puntos, entre los que se destaca el compromiso con la empresa, la puntualidad, honestidad, responsabilidad, comportamiento ante ciertas situaciones (de tensión) e interés en el crecimiento de la empresa, entre otras. Además, todo el personal es registrado antes de abandonar su fuente de trabajo para corroborar que no estén llevándose nada.

Diprove alerta de robos en 3 barrios

La Dirección de Investigación y Prevención de Robo de Vehículos (Diprove) de La Paz alertó de que el riesgo de ser víctima de los “auteros” es mayor en esta época del año —Navidad y Año Nuevo—, sobre todo en afueras de los centros comerciales, supermercados y las diversas ferias. El coronel Mario Centellas, director de esa dirección, recomendó ir de compras acompañado para que la otra persona se quede en el motorizado “porque muchas veces los parqueos en los supermercados y los shoppings ya están llenos”.

Según Diprove, los barrios de Miraflores, Sopocachi y San Pedro son “zonas rojas” donde operan los ladrones de autos.  En ellos se ha cometido este año la mayor cantidad de robos de motorizados, partes y accesorios. “Esto se debe a la existencia de supermercados, hospitales y puntos de expendio de bebidas alcohólicas”.

Si va de compras, la gente deja su auto parqueado en las calles aledañas; lo mismo pasa con los hospitales, sea que la víctima vaya a visitar a un enfermo o en busca de atención médica. En estos casos cuando sale, su vehículo ya no está. Algo similar pasa “con los lugares de expendio de bebidas alcohólicas, como San Pedro”. Según un reporte preliminar de esta dirección policial, en lo que va del año en el barrio de Miraflores se produjeron 24 robos de coches y autopartes; en Sopocachi, 21; y en San Pedro, 19.

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